23 febrero 2008

Brenda no es perfecta

Hay series que son difíciles de definir. O mejor dicho, son fáciles de definir, pero lo complicado es explicar qué las hace especiales, y por qué deberíamos dedicarles una parte de nuestra atención. Tomemos como ejemplo "The Closer". Se puede decir que sigue a la subjefa Brenda Johnson de la policía de Los Ángeles, una investigadora cuyo punto fuerte son los interrogatorios de los sospechosos, muy profesional y "brutalmente honesta" en su trabajo diario, pero con una vida personal algo desastrosa.

Dicho así, no parece nada nuevo (y menos cuando Cuatro se empeñaba en compararla con "House" al principio), y como ocurre con todas las generalizaciones, siempre se quedan fuera los detalles, que es lo que diferencia a unas series de otras. Ya estábamos acostumbrados a ver a Brenda sacar confesiones de los tipos más duros (a veces de un modo realmente cruel), pelearse con medio departamento por seguir con su investigación y dejarse llevar por su adicción al dulce cada vez que atraviesa por un momento bajo. El desbarajuste en el que se convierte de repente su vida en esta tercera temporada es, sobre todo, una inagotable fuente de bromas y situaciones realmente divertidas, en especial cuando sus padres empiezan a entrometerse incluso en su trabajo.

Leí por ahí una crítica en la que se decía que, en esta tercera temporada, se ha puesto más, el acento en la tensión emocional, algo comprensible teniendo en cuenta que, como dijo su creador, James Duff, el tema unificador de esta tanda de capítulos es la familia. En una familia, sus miembros discuten, se pelean y luego se reconcilian, aunque siempre queda cierto poso hasta que las aguas vuelven a calmarse, como ha ocurrido con la "rebeldía" de Gabriel. El castigo que después le impone Brenda, el lento camino hacia el restablecimiento de la confianza que tenía depositada en él han sido de lo más interesante de ver.

Por supuesto, "The Closer" sigue teniendo como una de sus mejores armas a esa pléyade estupenda de secundarios, desde J.K. Simmons y su jefe Pope al inspector Tao y su frikismo tecnológico, las pullitas del inspector Flynn y, por supuesto, Provenza, el gran Provenza. El sentido del humor de la serie no sólo está en las peculiaridades de Brenda (a Fritz hay que ponerle un monumento), sino en los detallitos en el retrato de su equipo: las miradas que intercambian cuando la jefa hace algo que a ellos nos les cuadra y, en esta temporada, el entrenamiento anti-terrorista fue ya demasiado. No es de extrañar que, todos los veranos, se convierta en la serie más vista del cable en EE.UU. Lo que no entiendo es por qué en España no termina de funcionar.
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