31 mayo 2009

Un ramo de despedida

La cancelación de "Pushing daisies" nos deja huérfanos de algo realmente original en la televisión, una apuesta por una forma distinta de contar las cosas ya desde su colorida puesta en escena y sus diálogos como ametralladoras. Los tres últimos episodios de la serie, que se han visto antes en el Reino Unido y Alemania que en EE.UU., ofrecen lo que parecía insospechado cuando la ABC envió la serie a un hiato navideño que terminó siendo permanente: una cierta sensación de cierre. Con epílogo realmente bonito y una frase final estupenda ("estos eventos no son, no fueron y no deberían ser considerados un final porque en los finales, como todos sabemos, es donde empezamos"), le decimos adiós a Ned, Chuck y ese grupo de peculiares personajes, cada uno con sus secretos y sus problemas a cuestas, intentando encontrar un lugar en el mundo donde encajen.

Ya comentamos con anterioridad que, justo cuando se supo que la ABC cancelaba la serie, ésta sacó todo lo que podía dar de sí, aireando los secretos de todos los personajes y mostrando cómo lidiaban con ellos. Esas tramas rompían el aire de cuento feliz que tenía la serie al principio, mostrando mucha más tristeza y melancolía, y ofreciendo al mismo tiempo una nueva oportunidad, una nueva vida, como la que Ned le ofrece a Chuck. Siendo ellos dos el centro del show, su relación ha sido la más puesta a prueba, pero al final ha habido ocasión de que los secundarios se lucieran. Es una lástima que no volvamos a ver juntos a Olive y Emerson, que formaban un dúo de investigadores realmente divertido (ya digo que sólo meter en el mismo cuadro a Kristin Chenoweth y Chi McBride da para un montón de chistes), y también que perdamos a las tías de Chuck, Vivian y Lilly, los dos personajes más tristes de toda la serie (y Lilly y su amazing acting eye tenía una competición con Emerson por ver quién era el más sarcástico).

Todos tienen su cierre al final, su momento de brillar, de reivindicar por qué "Pushing daisies" se merecía mejor suerte que la que ha tenido. Y sí, ya sé que a muchos os desencantó, nunca os gustó, os parecía que con una película de dos horas había suficiente. Dos horas no pueden, ni por asomo, contener el awesomness (perdón por el anglicismo) de Emerson Cod, sus camisas indescriptibles y su dúo con Olive. Oh, hell no.

Música de la semana: Hoy no tengo ninguna elección seriéfila especial (aunque casi me da algo cuando he visto un anuncio de Orange con la música de "El valle secreto"), así que será una que escuché el otro día de hilo musical en un centro comercial, "Town called malice", de The Jam, con la que Billy Elliot daba rienda suelta a sus ansias de bailar por todo su barrio.
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