14 diciembre 2009

Águilas legales

Hay ciertas películas que, cuando llega la Navidad, suelen (o solían) ser unas fijas en las programaciones de las televisiones, y sin tener ambientación navideña. Algunas ni siquiera son "infantiles" o para toda la familia, caso de "E.T.", "Los Goonies", pero no sé por qué razón su emisión se concentra en esas fechas. Una de ellas es una comedia de abogados de 1986, dirigida por uno de los directores que más comedias taquilleras dirigió en esa década, Ivan Reitman, y que utilizaba de macguffin un caso del que hace poco vi un remedo en "White Collar".

La película, "Legal eagles", se tituló en España con una de esas traducciones "literarias" que tanto nos van, "Peligrosamente juntos". Fue justo el siguiente título que Reitman dirigió después de "Los cazafantasmas" y, lógicamente, su recepción fue tibia (dejémoslo ahí). Bajo la apariencia del juicio por el asesinato de un importante galerista de Nueva York a manos de la hija de un famoso pintor, fallecido en un incendio, se esconde lo que en realidad es una comedia romántica en toda regla. El caso puede ir dando tumbos de un lado para otro, y Daryl Hannah puede llegar un punto que deseas que la metan en la cárcel para toda la vida, pero el genuino encanto y la química que derrochaba su pareja protagonista lo compensaban con creces.

A priori, no era una película que fuera a asociarse entonces con dos actores como Robert Redford y Debra Winger. Ella venía de estar nominada al Oscar por "Oficial y caballero" y "La fuerza del cariño", y él había tenido el exitazo de "Memorias de África". Verlos en "Peligrosamente juntos" como un ayudante del fiscal del distrito caído en desgracia y una abogada que empiezan a trabajar juntos a su pesar y, lógicamente, acaban desarrollando algo más que una relación profesional es, sin duda, lo que merece la pena de toda la película. Redford va derrochando encanto incluso cuando se pone a bailar claqué o a esquiar para pensar mejor, y Winger contraataca con la que posiblemente podía ser la mejor sonrisa del Hollywood de los 80.

Entre los dos discuten, son muy divertidos, investigan un caso que les depara más de una, y de dos, sorpresas (y en el que también andan por ahí Terence Stamp, Brian Dennehy y Christine Baranski), tienen tiempo de irse conociendo mejor, de pelearse y de reconciliarse, y de meterse al público al bolsillo. Sólo por verlos a ellos, me veo la película siempre que la ponen por la tele, aunque me sepa cómo termina y la instalación artística chunga con la que Daryl Hannah intenta ligarse a Redford ya no tenga el factor WTF que tiene la primera vez.

(La capacidad de Twitter como fuente de inspiración es digna de estudio, por cierto).
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