23 noviembre 2010

Un trabajo para Sam y Fiona

En las series de acción con un protagonista en plan héroe, que se dedica a desfacer entuertos por ahí, sus amigos y sidekicks son casi tan importantes como él. A veces no pasan de poner el toque cómico y, si son mujeres, apenas hacen algo más que lucir palmito, pero en ocasiones esas series se acuerdan de ellos y se preocupan por desarrollarlos y concederles de verdad la importancia que tienen para el héroe, hasta que el punto que la serie acaba teniendo tres o cuatro protagonistas casi en el mismo nivel de relevancia. Afortunadamente, en "Burn notice" se dieron cuenta con relativa rapidez de que los secundarios que se movían alrededor de Michael podían dar mucho más juego aparte de mostrar otras aristas de su personalidad, y en parte, el salto adelante que la serie dio en su segunda temporada se debió a que Sam y, sobre todo, Fiona adquirieron más peso como entes independientes de Michael.

¿Qué es lo que sabemos en un principio de ellos? Sam es un ex militar de las Fuerzas Especiales (fue un SEAL de la Marina), con contactos en diversas agencias de inteligencia, que espía a Michael para el FBI. Fiona es una ex terrorista del IRA que, además, es ex novia de Michael, al que conoció mientras él estaba realizando una misión infiltrado en Irlanda. Cuando empieza la serie, ellos y su madre son las únicas personas en las que Michael puede confiar en Miami, y no está muy convencido de que de verdad pueda hacerlo. Lógicamente, conforme pasan los episodios, las explosiones, los espías malvados que intentan matarlo y los "clientes" a los que ayudan a salir de situaciones complicadas, Michael se da cuenta de que, al final, lo que se ha formado entre los cuatro es una especie de familia adoptiva.

En las dos últimas temporadas, no obstante, mientras la mitología alrededor de la orden de despido de Michael se hacía más complicada, hasta el punto de que empieza a interesarme muy poco, Sam y Fiona han ido trabajando más juntos y se han revelado como una pareja sumamente efectiva y muy divertida. La dinámica entre Bruce Campbell y Gabrielle Anwar tardó en ser explotada, y ahora los guionistas no pierden la oportunidad de utilizarlos infiltrados como una millonaria ociosa y su amante cazafortunas, o como agentes muy serios y eficientes de alguna empresa de seguridad. Se las arreglan para aderezar esos trabajos conjuntos con pullitas entre ellos, sarcasmos y un lenguaje corporal muy divertido sin necesidad de ser exagerado. Además, ya sólo resulta gracioso ver los 1,85 m. de Campbell al lado del 1,60 y la delgadez de Anwar. Y son insuperables logrando que diálogos sobre qué armas llevar a una cita con un matón resulten humorísticos.
Publicar un comentario en la entrada