18 julio 2007

El virus de la rabia

Una hora y media de tensión, sin que puedas despegar los ojos de la pantalla. Eso es lo que Juan Carlos Fresnadillo ha conseguido con "28 semanas después", una secuela de "28 días después" que hace honor a su condición de segunda parte y continúa la trama de la primera, 28 semanas después de que el virus de la rabia se extienda por toda Gran Bretaña, convirtiendo a los infectados en algo parecido a zombies. Como se insinúa al final de la primera película, Gran Bretaña es puesta en cuarentena y queda desierta, por lo que los infectados, al cabo del tiempo, mueren de hambre. En ese momento, el ejército estadounidense entra en Londres y asegura una zona de la ciudad (curiosamente, Canary Wharf, el distrito financiero) para que la gente pueda ir regresando a sus casas, mientras se termina la limpieza del resto de Londres. Por supuesto, esto no sale como se esperaba.

La película no es perfecta, pero sigue al dedillo las enseñanzas de Hitchcock en cuanto a conseguir meter al espectador en la acción, hacer que sienta lo mismo que los personajes, que se vea dentro de una ciudad devastada en la que los supuestos salvadores aún son más inquietantes que los infectados. Y eso que éstos transmiten un peligro constante. Sus ataques confusos, rápidos, implacables, rodados cámara en mano y con energía, no alcanzan el nivel del principio de la película, pero casi es preferible que no lo hagan. La respuesta de los militares al nuevo brote del virus es aterradora, y la carrera por la supervivencia de los personajes, angustiosa. Además, los pocos momentos de calma en medio de la huida no resultan nada tranquilizadores. Son escenas en las que no hay música, apenas hay diálogo, y lo que predomina es el silencio que precede a la tormenta.

Fresnadillo ha sabido no quemarse con la patata caliente que le ponían en las manos. Al igual que ocurría con "28 días después", demuestra que no siempre la receta del "más grande, más largo, con más de todo" (aunque tiene alguna escena en ese plan, como la del helicóptero convertido en arma letal) funciona en las secuelas y que, de hecho, suele ser contraproducente. Administrando bien tus cartas, el resultado es mucho más efectivo. Y todavía más si lo cuentas en 90 minutos. Dos horas y media de una película así sólo desembocarían en la sensación de "esto ya lo he visto". Las conexiones entre ambas películas son muchas, y una de ellas es la utilización de este tema de la banda sonora de la primera en el arranque de la segunda.
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