16 julio 2007

¿Sólo es fútbol?

(ALERTA SPOILERS: Si no habéis "jugado" la final del campeonato estatal con los Dillon Panthers, dejad de leer aquí. Lo que sigue tal vez os desvele alguna que otra clave de la primera temporada de "Friday Night Lights").

¿Quién iba a suponer, antes de ver "Friday Night Lights", que una serie como ésta tendría tanto atractivo para los que no son estadounidenses? Es un ejemplo de como algo ambientado en situaciones muy locales consigue trascenderlas y apelar a sentimientos más globales. Los problemas de los habitantes de Dillon no son tan diferentes de los nuestros; ellos también pelean por encontrar su sitio, también pelean por la gente que quieren e intentan seguir su propio camino sin que las presiones externas les afecten demasiado. Pero en un pueblo pequeño y deprimido, para el que el equipo de fútbol americano del instituto lo es todo, esa misión no es tarea fácil.
Por suerte para nosotros, los críticos y, probablemente, unas cuantas nominaciones a los Emmy han conseguido que la serie renueve por una segunda temporada, pero ya comenté que me temo que va a sufrir el "síndrome de Verónica Mars" (o de "Arrested Development"). Necesita desesperadamente atraer a nuevos espectadores si quiere vivir más allá de la próxima temporada, temporada que, por cierto, los guionistas van a empezar con bastantes elementos novedosos, para intentar no perder la frescura: Jason se toma muy en serio su trabajo como entrenador de los Panthers, Lyla ha tenido una evolución a lo largo de la temporada que hace presagiar cosas interesantes y en cuanto a una de mis familias favoritas en la tele (y con dos actores que no bajan la guardia en ningún momento, como Kyle Chandler y Connie Britton), tenemos a Tami embarazada y a Eric aceptando el trabajo en Austin, lo que le obligará a ir y venir todos los días. Porque los Taylor intercambiaron las posturas que tenían en el piloto, cuando llegaron a Dillon por primera vez. Ahora, es Eric el que quiere irse, mientras Tami y Julie prefieren quedarse porque, por fin, han encontrado su sitio.
De todos modos, aunque los Taylor sean un pilar fundamental de la serie, hay un personaje que se ha ganado al público de manera fulgurante, y ése es Landry. El amigo friki de Matt Saracen empezó destacando por sus descacharrantres discursos para motivar a Matt y ha terminado brillando en toda la subtrama de su incipiente relación con Tyra, y su reacción tras el intento de violación que ésta sufre. Como todo en esta serie, la sensación de realismo transmitida por las interpretaciones y la realización es su principal activo. Sí, tiene tramas muy tópicas, pero es el tratamiento semi-documental el que las hace interesantes. No necesita tampoco que un personaje nos explique lo que está pasando, porque siempre hay detalles en las escenas que lo dejan claro sin necesidad de diálogo.
Los Panthers ganan el campeonato estatal y, con esta decisión, los guionistas quieren aligerar de fútbol americano la trama de la segunda temporada (y prueban, sin asomo de duda, que el uso de ese deporte es un macguffin). Es una de sus estrategias para ampliar su audiencia y luchar por una tercera temporada. No lo tienen fácil porque los prejuicios de los espectadores (¿una serie sobre fútbol americano de instituto?) van a seguir ahí y, además, su principal valedor en la NBC, Kevin Reilly, fue despedido el mes pasado. Nos va a tocar sufrir desde el banquillo.
Publicar un comentario