14 julio 2008

En el fragor de la batalla

De las pocas cosas salvables de la segunda mitad de "Fahrenheit 9/11" estaba que Michael Moore nos mostrara quiénes son en realidad los soldados que Estados Unidos manda a países lejanos, de los que ninguno de ellos ha oído hablar, a aplicar unas políticas y unas estrategias que les importan poco y que no les interesan incluso aunque se las explicara el jefe del Estado Mayor en persona. Porque esos soldados son chicos que se alistan para salir de una ciudad, o de un barrio, en los que las perspectivas de futuro son escasas, siendo generosos, que no pueden aspirar no ya a una educación, sino ni siquiera a un mero trabajo decente y aceptablemente remunerado, y que reciben con los brazos abiertos la aparición de unos marines a la puerta del centro comercial que les explican las ventajas del ejército.

No hay de qué extrañarse. Desde siempre, los soldados voluntarios han sido, en un amplio porcentaje, gente que no tiene más salida en la vida que la carrera militar, y muchos no tienen el perfil de edad que nos mostraban en las películas de la Segunda Guerra Mundial, por ejemplo; hombres hechos y derechos que combatían por un ideal, o unos principios. En realidad, eran casi adolescentes que hacían lo que se les ordenaba, y luchaban más por sus compañeros de batallón que por el honor de su país, y en ese aspecto, todas las guerras, en cualquier época y lugar se parecen.

Ese punto de vista, que Steven Spielberg explotó muy bien tanto en "Salvar al soldado Ryan" como en "Hermanos de sangre", parece ser el mismo de "Generation Kill", la miniserie que los dos responsables de "The Wire", David Simon y Ed Burns, han hecho para HBO sobre las vivencias de un periodista de "Rolling Stone", Evan Wright, empotrado con los marines durante los primeros compases de la invasión estadounidense de Irak, en 2003. Wright escribió una serie de tres reportajes, "The Killer Elite", sobre esos dos meses que pasó avanzando hacia Bagdad con los soldados, y de su experiencia y su trato con esos chicos se nutre la miniserie, de siete capítulos.

Los críticos estadounidenses la han recibido con alabanzas, pero también se preguntan si la audiencia le dará la espalda, como ha hecho con todas las películas estrenadas recientemente con la guerra de fondo, desde "En el valle de Elah" a "La vida sin Grace" o "Leones por corderos". Tal vez, que el enfoque esté puesto en el día a día de los soldados la haga más "digerible" para el público yanqui, pero es un misterio. El primer capítulo se emitió ayer y, como parece que al principio es un poco complicado seguir la trama con tanto soldado, su jerga especial, la cadena de mando y las misiones que deben realizar, Maureen Ryan ha reunido toda la información necesaria para no perderse en esta entrada de su blog.

Tengo curiosidad por ver qué han hecho Simon y Burns con la historia de Wright. Seguro que no va a ser bonita ni sencilla, nhi estará hecha de cara a la galería, pero después de adentrarme en los vericuetos de "The Wire", ésos dos señores se han convertido en dos personas a las que no hay que perderles la pista. En cuanto pueda ver algún episodio de "Generation Kill", comentamos más.
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