26 febrero 2009

De Maratón a Atenas

No todas las series pueden unos bombazos desde el día mismo de su estreno, igual que hay películas cuyo éxito no termina llegando por un primer fin de semana apoteósico. Con esta rápida (e histérica, a veces) toma de decisiones que se ha instalado en las cadenas, se olvida que las series son a su modo entes vivos, que necesitan de un tiempo para encontrar su tono, para ajustar todos los elementos y para dar de sí todo lo que pueden (find their feet, lo llaman los yanquis). En esta entrada de ¡Vaya Tele! sobre "Fringe" (y perdón por el autospam) hay una interesante conversación sobre cómo, a veces, somos demasiado impacientes con los primeros episodios, y no damos tiempo a que la serie siga su evolución natural y, tal vez, se convierta en una cita ineludible para nosotros.

Al fin y al cabo, las series son más como un maratón que como una carrera de 100 metros lisos, y no sólo en lo que concierne al aspecto creativo. Por cada "Perdidos" o "Mujeres desesperadas" que arrasan en su piloto y consiguen mantener (más o menos) sus buenos números, hay muchas "Héroes" que no pueden la sangría imparable de espectadores que sufren después de un estreno muy esperanzador. Más o menos en medio se encuentran las series que en su principio no eran éxitos, y que sobrevivieron a duras penas durante la primera temporada, para luego ir creciendo poco a poco y terminar como algunos de los programas estrella de sus cadenas (ciertas series han visto cómo esa evolución en la audiencia se daba a la vez que una mejora progresiva en el aspecto creativo).

"NCIS" debe ser uno de los ejemplos más claros. Sí, ya empezó bajo el paraguas de su serie madre, "JAG: Alerta roja", pero no fue hasta su quinta temporada, el año pasado, cuando se dedicó a arrasar en audiencia a cualquier programa de la competencia que se le pusiera por delante, y sin la misma promoción ni el mismo reflejo en los medios que "CSI". A mí nunca me ha hecho gracia, pero reconozco que su solidez en ese aspecto es digna de estudio. Esta temporada, los estupendos números de "Sobrenatural" han llevado a que The CW la renueve rápidamente, sobre todo porque debe ser de las pocas series supervivientes de la vieja época de The WB que se las arregla para ganar espectadores.

El bloque de comedia de los lunes de CBS también ha sido otra muestra de perseverancia (excepto por "Dos hombres y medio", que es inmutable), y toda la audiencia que "Cómo conocí a vuestra madre" no conseguía atraer en sus tres primeros años (con unas renovaciones in extremis que nos hacían sufrir más de la cuenta), la ha logrado en el cuarto, formando dúo con una "The Big Bang theory" que ha recibido el espaldarazo definitivo en su segunda temporada. La cuarta temporada ha sido también el talismán de "Bones", uno de los éxitos menos publicitados de los últimos años. A su núcleo duro de fieles que la persiguen por toda la parrilla, e han unido este año reportajes en las revistas más diversas, que parecen haber descubierto ahora su mezcla de "Luz de luna" y "CSI", y unos picos superiores a los 10 millones de espectadores.

"House" estuvo a punto de morder el polvo en la primera temporada, pero por suerte la emparejaron con "American Idol" y en la tercera temporada dio la gran campanada, llegando a superar en un par de ocasiones la audiencia de "Anatomía de Grey", que es otra que pasó de una primera entrega de sólo 8 capítulos al bombazo total en la segunda, al peor de las declives a partir de la tercera. Si funcionan aceptablemente bien, las series pueden pasarse años en la parrilla, lo que da para muchos baches creativos y de audiencia. Las hay que se recuperan, como una "Ley y orden" que se ganó de nuevo el favor de los críticos, y del público, con la 18ª temporada (que se dice pronto), y las hay que caen en el olvido. Ahí está "Prison Break", la caída desde la cima más espectacular de los últimos años.
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