30 marzo 2010

Las crisis que casi acaban con Hollywood

Si una cosa saqué en claro de las clases de Economía de la universidad es que las crisis son cíclicas. Y si algo se puede sacar en claro estando al tanto de las noticias sobre la industria del cine, es que Hollywood siempre está atravesando una crisis que va a cambiar las películas por completo. Desde hace unos años, las consolas de videojuegos y la piratería amenazan de nuevo con hundir Hollywood, y éste responde intentando ofrecer una experiencia que sólo pueda disfrutarse plenamente en una pantalla grande. Así nos encontramos el furor por estrenarlo todo en 3D (que recoge el tímido intento de estrenar los grandes blockbusters también en IMAX de hace unos años) y el avance imparable del CGI, cada vez más realista y mejor logrado. Eso fue algo en lo que "Avatar" sí puede decir que convenció a todo el mundo (y la proyección digital, que no acaba de implantarse lo suficiente como para destruir la industria, como se preconizaba en su mmento).

Esa querencia por lo tridimensional, y el ruido de que el cine está en peligro, se parecen mucho a la crisis que la industria atravesó en los 50, originada por la pujanza de la televisión. Los estudios, temiendo que la gente no fuera al cine a ver cosas que podían ver gratis por la tele, empezaron a experimentar con el 3D, los formatos panorámicos, las películas espectaculares y grandiosas por todas partes (no es casualidad que en esa época se rodaran cosas como "Ben-Hur" o se pusieran de moda los musicales con grandes coreografías y escenografías) y hasta el Odorama y el Smell-O-Vision. En aquella época, el 3D no cuajó, y tampoco lo haría más tarde, en los 80.

Sin embargo, por todos esos momentos en los que el show business parecía tambalearse, ninguno se acerca a la relevancia y al nivel de verdadero riesgo para todo Hollywood que supuso una crisis que sí estuvo a punto de hundirlo y que, de hecho, acabó con las carreras de muchos profesionales del cine: el paso del mudo al sonoro en los años 30. El estreno de "El cantor de jazz", en 1927, representó una reconversión total del modo en el que se hacían las películas. Los actores ya no podían interpretar de aquel modo tan grandilocuente y engolado y las voces de muchos de ellos resultaron ser un hándicap insalvable para seguir trabajando (otros pasaron con éxito al sonoro, como Greta Garbo). Bastantes fueron sustituidos por actores teatrales (por ahí entraron los hermanos Marx), y oficios como el de los rotulistas o los músicos que acompañaban la proyección se perdieron.

La renovación que Hollywood sufrió en aquella época fue profunda y dejó por el camino a grandes estrellas que no pudieron adaptarse y para los que los estudios, siempre ávidos de nuevas estrellas, ya no tenían hueco (como la pareja de "El crepúsculo de los dioses", Gloria Swanson y Eric Von Stroheim). Esta transición está contada a la perfección, y con el añadido de una comedia genial, en "Cantando bajo la lluvia". Las vicisitudes de Don Lockwood y Lina Lamont para adaptarse al sonoro y seguir siendo grandes entre los grandes no son muy diferentes de las que pasaron otros actores. Y, como muy bien indican hoy en "The New York Times", la película es también el reflejo de un Hollywood que ya no existe.
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