20 mayo 2010

Rom-com 101

ALERTA SPOILERS: No creo que saber de antemano qué pasa en el final de la segunda temporada de "Castle" estropee nada, pero por si acaso, avisados estáis.

Las comedias románticas se rigen por un principio muy simple: la pareja protagonista no puede estar junta hasta el final y, además, antes tienen que haber pasado por un periodo de distanciamiento en el que se dan cuenta de que no pueden estar el uno sin el otro. No es que "Castle" sea una comedia romántica, pero la relación entre sus protagonistas está siguiendo esas directrices. De hecho, me parece absurdo quejarse por ello estando la serie en la segunda temporada. Ahora parece que, si no lías a tus protagonistas en el capítulo 40, estás "cabreando a tus fans" y "estirando innecesariamente la relación". Habría mucho que discutir sobre esto.

Ya sabéis que mi principal problema con la serie ha sido siempre que no termino de ver esa fascinación de Castle por Beckett y que tampoco encuentro entre Nathan Fillion y Stana Katic la chispa necesaria para creerme que pueden sentir por el otro algo más que cierto afecto y amistad. Sí concedo que Katic ha estado más suelta en esta segunda temporada y que manejó bastante bien la conversación final de Beckett con Castle pero, paradójicamente, la supuesta atracción entre los dos, con todos los daños colaterales de celos, malentendidos y sentimientos nunca explicitados (aunque toda la comisaría se haya dado cuenta) es para mí el punto más débil. Digo paradójicamente porque, en teoría, es el pilar sobre el que se asienta todo el show. Sin embargo, mientras el rollo romántico sigue dejándome fría, el trío cómico que han empezado a formar Castle, Esposito y Ryan ha ido ganando puntos con el paso de los episodios. Los dos detectives siguen siendo intercambiables con otros mil policías televisivos, pero por lo menos son simpáticos en sus interacciones con el escritor. Y Lanie ha dejado algunos momentos divertidos.

Como comentamos hace poco, los casos han mejorado y son menos fáciles que al principio (aunque se vean venir, como el del juego de los espías), y lo que sí se ha mantenido es lo que de verdad funciona de modo natural y siempre ha sido muy simpático de ver, que es la dinámica entre Castle, su madre y su hija (Fillion tiene mucha mejor química con la pelirrojísima Molly Quinn). Fue un puntazo ver en el último episodio, dirigido por Rob Bowman, a Mitch Pileggi interpretando a una especie de mezcla de Skinner y el Fumador de "Expediente X", y también que trajeran de vuelta a James Patterson, Stephen J. Cannell y Michael Connelly para esas partidas de póker que, francamente, a mí no me importaría que salieran en todos los capítulos.

Cuando "Castle" funciona mejor es cuando abraza el lado de diversión un poco más de niño grande del escritor, y opta por un humor ligero y entretenido, inofensivo pero que hace pasar un buen rato. Todo sea que, de repente, en la tercera temporada dé un salto cualitativo importante y sea un poco más que eso, pero dudo que ocurra.
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