25 enero 2012

Marte en Manchester

Cuando se habla de esa manida "segunda edad de oro" de la televisión estadounidense, siempre se corre el riesgo de olvidarse de todo lo anterior a 2004, el año en el que se estrenó "Perdidos". Curiosamente, si trasladamos esa conversación a la ficción británica, el año que suele darse como punto de inflexión en el tipo de series que se estaba haciendo allí es 2006, cuando debutó en la BBC un título influenciado precisamente, y entre otras cosas, por "Perdidos"; "Life on Mars". Fruto de la colaboración entre tres guionistas, Tony Jordan, Ashley Pharoah y Matthew Graham, que en el fondo lo que querían hacer era homenajear las series de policías de los 70 que veían cuando eran pequeños, la mezcla de elementos fantásticos y policíaco setentero no ofrecía al principio mucha confianza a los jefes de la BBC, pero luego resultó ser la combinación ganadora para convertirse en un fenómeno en el Reino Unido y hasta tener después remakes en Estados Unidos y en España ("La chica de ayer"), remakes que no funcionaron tan bien como el original.

Porque si pensáis que el revuelo que se montó con el final de "Perdidos" fue de aúpa, la que se lió en las islas británicas cuando "Life on Mars" terminó, desvelando si Sam Tyler estaba muerto, loco o había viajado al pasado, como decía en los títulos de crédito, no lo desmereció en absoluto. Pero hasta llegar a ese punto, la serie tuvo dos temporadas, de 16 capítulos en total, si no recuerdo mal, en los que se metió al público al bolsillo haciendo que intentaran averiguar con Sam qué le había pasado tras tener un accidente en 2006 y despertarse en 1973. Sí, Sam resolvía en cada capítulo un caso con el resto de policías de esa comisaría de Manchester, con los consiguientes malentendidos y problemas de adaptación a los métodos policiales de los 70 y de esos detectives en concreto, pero en todos había siempre pequeñas pistas y nuevas preguntas que acrecentaban el misterio sobre la situación de Sam.

En realidad, la explicación verdadera de todo no se dio hasta el cierre de "Ashes to ashes", su spin-off, pero eso ahora no viene a cuento. Si "Life on Mars" triunfó, e inició un poco el camino para que en la televisión británica empezaran a probarse cosas nuevas, fue gracias en gran parte a aquel conjunto de personajes que comandaba Gene Hunt (estupendo Philip Glenister), un grupo de gente al que enseguida te enganchabas y que hacía pasar muy buenos ratos. La serie era muy entretenida, divertida, a veces inquietante con sus toques fantásticos y, desde luego, imaginativa y, por lo que parece para sus creadores, irrepetible, porque ninguno ha encontrado en solitario el éxito del que disfrutaron juntos.

Como curiosidad, los títulos de las dos series son, efectivamente, canciones de David Bowie de dos épocas diferentes, justo en las que se ambientan cada una de las producciones; "Life on Mars" y "Ashes to ashes". Y si veis la primera ahora, encontrareis un montón de caras que ahora son mucho más conocidas que entonces, incluidas Archie Panjabi y Joanne Froggatt.
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