22 enero 2012

La chica del dragón



Siempre me ha resultado curioso que, en sus ediciones en inglés, se decidiera cambiar el título del primer libro de la trilogía "Millenium", de Stieg Larsson, por "La chica con el tatuaje del dragón" en lugar de "Los hombres que no amaban a las mujeres". No sé si es que pensaban que el inglés "Men who hate women" sonaba demasiado fuerte, pero resulta curioso porque pone desde el principio el acento en la verdadera protagonista y centro de los tres libros: Lisbeth Salander. En la primera adaptación al cine (o a televisión, en realidad) que se hizo del libro en Suecia, Salander era mucho más prominente que el otro protagonista, Mikael Blomkvist, y el retrato que Noomi Rapace hacía de ella elevaba lo que era, por otro lado, un thriller bastante estimable. David Fincher también sabe que ella es la clave de toda la historia y sabía que acertar en su presentación era fundamental para lograr que la película funcionara, y consigue que Rooney Mara no sólo sea esa Lisbeth capaz de vengarse de modos muy imaginativos y, si se lo propone, muy violentos, de quienes le han hecho daño; también logran transmitir que no es una superheroína, que es una chica que podría ser corriente si no estuviera en las circunstancias en las que está.

A Larsson le interesaban mucho los crímenes contra las mujeres y cómo, muchas veces, sus perpretadores no sólo salían impunes sino que hasta tenían buenas reputaciones públicas. Es ese lado oscuro del ideal escandinavo que todos los escritores de novela negra de allí, empezando por Per Wahlöo y Maj Sjöwall, muestran asomando por debajo de una sociedad con una fachada de aparente perfección. Toda la podredumbre sobre la que se construye dicha sociedad asoma con más fuerza en los siguientes dos libros de "Millenium", y éste es nuestra introducción a Blomkvist y, especialmente, a Salander, a las peculiares circunstancias que la rodean, a su carácter y cómo ha logrado salir adelante hasta ahora. La investigación de la desaparición de Harriet Vanger no es más que la excusa, la canica que pone en marcha una cascada de consecuencias que nos llevarán a que conozcamos todo el pasado de Lisbeth y la verdadera razón por la que es como es.

Eso será si Sony decide producir las otras dos secuelas (de momento, parece dispuesta, aunque la taquilla no ha sido especialmente notable hasta ahora), en las que se desvela definitivamente que toda la historia, a pesar de llevar el nombre general de la revista para la que trabaja Blomkvist, es sobre Salander. Es de suponer que esas dos tendrán el mismo problema de entrada que "Los hombres que no amaban a las mujeres", y es la pérdida del factor sorpresa que pueden sentir bastantes espectadores que no sólo hayan leído los libros sino que, además, hayan visto las adaptaciones suecas. La cinta de Fincher ha sido acusada de fría, pero si yo no recuerdo mal, los libros de Larsson no son nada sentimentales; como mucho, están escritos desde la rabia y la indignación, y tal vez eso sí que no se traslade a la pantalla en ninguna de las dos encarnaciones cinematográficas.

Aun así, esta nueva "Los hombres que no amaban a las mujeres" realmente merece la pena. Aprovecha bien esos exteriores helados y aislados y esos interiores funcionales y austeros para construir una atmósfera de falsa quietud (algo a lo que ayuda una banda sonora más bien ambiental, pero sensacional, de Trent Reznor y Atticus Ross), y logra que funcione una pareja tan poco convencional como la de Mikael y Lisbeth. Y cierran la película de un modo que la dibuja mejor a ella y nos hace entenderla mejor, aunque tomen prestado un pasaje del segundo libro. Si finalmente deciden convertir en película "La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina", tengo mucha curiosidad por verlo.

P.D.: Por cierto, si habéis leído los libros (o visto las películas suecas), reconoceréis muchos pasajes de los títulos de crédito de "Los hombres que no amaban a las mujeres", porque cuentan un poco la trayectoria de Lisbeth a lo largo de la trilogía.

Música de la semana: Hace un par de semanas, Emma Swan atravesó en "Once upon a time" por un momento de esos de "voy a destrozarlo todo" que en las series gustan de ambientar con música muy guitarrera (cuando Jack decide autodestruirse en "Perdidos" lo hace al ritmo de Nirvana, por ejemplo). En este caso, optaron por Sonic Youth y "Kool thing"
Publicar un comentario en la entrada