12 enero 2012

Las aventuras de Jake y Finn

Siempre hay una serie infantil de gran éxito entre su público de la que los que no tenemos hijos no hemos oído hablar nunca. Vemos los muñecos y el merchandising en las tiendas, y los globos en las ferias, y no entendemos a qué viene semejante furor por un tipo pequeñito vestido de albañil, y tocado con un casco amarillo, o por qué un niño que no habla y tiene como mejor amigo a un pato es capaz de encandilar tanto a los más pequeños. Pero, a veces, esas series consiguen atravesar la barrera generacional y no sólo gustan a los niños; sus padres, sus hermanos mayores o gente que las descubre un día haciendo zapping a la hora de la cena acaban viéndoles la gracia y disfrutándolas del mismo modo.

"Pocoyó" puede estar dirigida a niños de dos años, pero funciona igual de bien con gente que tiene tres décadas más, y quizás "Phineas y Ferb" tenga más seguidores entre veintañeros que entre sus hermanos menores. La última que ha llegado para enganchar a espectadores de 0 a 99 años es "Hora de aventuras", una serie de Cartoon Network creada por el animador Pendleton Ward y cuyo éxito la hizo merecedora el verano pasado de un panel para ella sola en la Comic Con de San Diego. Cada capítulo sigue las peripecias de Finn, un chico que siempre quiere ayudar al prójimo y desfacer entuertos como un caballero andante, y Jake, su perro, en un mundo lleno de montañas que lloran piedras, unicornios a lo "Mi pequeño pony" que hablan en japonés, un Rey de Hielo, lagos de fuego y cualquier cosa que les ocurra para vivir en pantalla esas aventuras a las que jugábamos de pequeños con nuestros muñecos.

Ward decía en una entrevista que los guionistas de la serie también son sus dibujantes (y muchos de los cuales vienen del cómic independiente), que todos hacen de todo y que siempre están pensando nuevas ideas locas para no aburrirse. Así acaba surgiendo una serie muy colorida, con unos gráficos realmente ochenteros (los títulos de los capítulos parecen sacados de aquellos míticos videojuegos en 8 bits), inventiva y que no da descanso, y que siempre busca que sus personajes se diviertan y, así, sus espectadores se diviertan con ellos. Tiene un sentido del humor a veces muy peculiar (la explicación de por qué Finn tiene que ayudar siempre a todo el mundo es genial) y no es raro ver por qué en Estados Unidos se ha ganado una legión de fans que va más allá del público objetivo de Cartoon Network.

Pero es que  a veces hay series infantiles que trascienden esa "barrera" sin pretenderlo. "Foster, la casa de los amigos imaginarios" es otro ejemplo realmente curioso, en el que un niño vive en un caserón que acoge a los clásicos amigos imaginarios que uno puede tener cuando es pequeño, desde un conejo con traje y monóculo a una especie de fantasma azul con mal genio que acaba siendo el hallazgo de la serie (y que no es muy diferente del hombre azul que Tracy ve de vez en cuando en "30 Rock"). Ahora sí, si alguno sabe de qué demonios va "Chowder", os agradecería que me lo explicarais, porque no he pasado de un niño con aspecto extraño que solamente come.
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