19 enero 2012

La caída de Don Draper

Siempre hay gente dispuesta a buscar polémicas absurdas en cualquier parte. El minimalista y estupendo póster de la quinta temporada de "Mad Men" (que demuestra el estatus que tiene la serie en la cultura popular al saber que es de ella sin necesidad de ver su título) ha levantado algunas quejas de gente que cree que es un recordatorio poco respetuoso al 11-S, gente que imagino que nunca ha visto los títulos de crédito de la serie. Para los fans, sin embargo, bien puede ser una metáfora de lo que les pueden deparar esos nuevos episodios, que se han retrasado más de un año por los problemas de AMC para llegar a un acuerdo con Lionsgate y Matthew Weiner paa renovar la serie. O puede ser, también, una metáfora del tema de toda la serie desde el principio, que no es otro que la caída de Don Draper desde la cima.

Draper es ese arquetipo tan del gusto de los americanos del hombre hecho a sí mismo, en este caso, muy literalmente. Lo conocemos en la cúspide de su vida, habiendo alcanzado ese sueño americano que él contribuye a extender gracias a sus anuncios, pero al mismo tiempo es el ejemplo de las trampas y de las mentiras ya implícitas en ese supuesto ideal de vida al que aspirar. Tiene un trabajo por el que es respetado y gana mucho dinero, tiene una hermosa esposa, dos niños y la consiguiente casa con valla blanca en un suburbio residencial, ¿pero es suficiente? ¿Es de verdad la cúspide de su vida?

No sé si alguna vez os he contado mi historia de desencuentros y trenes perdidos con "Mad Men". Cuando se estrenó, en el verano de 2007, decidí ver el primer episodio para comprobar si todas las entusiastas críticas que llegaban de Estados Unidos estaban justificadas, y aunque me intrigó lo suficiente para seguir con ella, ese verano sufrí varios problemas técnicos con el ordenador que derivaron en un serio retraso tanto con ella como con "Damages". Ésta última la terminé retomando, pero "Mad Men" no, y se fue quedando ahí, arrinconada, a la espera del momento propicio. Éste no llegaba nunca porque, además, la fascinación que se desató con ella, los elogios hiperbólicos, la lluvia de Emmys y el fenómeno que surgió a su alrededor consiguieron el efecto contrario de lo que se proponían, que es que empezara a tomarle un poco de manía a la serie. A eso contribuyó también Matthew Weiner, un tipo que se libra de que los periodistas lo cruficiquen como a Veena Sud porque él ha creado "Mad Men" y no "The Killing", pero que ha demostrado más de una vez que está un poquito demasiado encantado de haberse conocido.

Pero en esas contradicciones que ni yo misma entiendo, aunque no veía la serie, leía todo lo que se publicaba sobre ella, seguí con interés esas negociaciones bizantinas para tener una quinta entrega y, finalmente, cayó en mis manos un pack con las cuatro temporadas emitidas hasta ahora que era la excusa que estaba necesitando para ponerme al día antes del 25 de marzo. Ése es mi objetivo, aunque no sé si lo conseguiré, pero ya puedo decir que, si bien Weiner me sigue pareciendo un divo pagado de sí mismo, no se puede negar que "Mad Men" es una de las mejores series recientes. Ya os iré contando cómo va este proyecto.

P.D.: Sabía que había visto una promoción de "Mad Men" que utilizaba el "You know I'm no good" de Amy Winehouse, y esa era el trailer de su primera temporada.
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