20 enero 2012

Ha nacido una estrella

Por mucho que ahora despotriquemos de ella, tenemos que agradecerle a "Glee" (y al Oscar a la mejor película que ganó "Chicago") que la NBC vaya a estrenar una serie ambientada entre las bambalinas de un musical de Broadway como "Smash". Los productores del drama así lo reconocen, y la cadena tiene grandes esperanzas en ella. La va a programar a las 10 de la noche, lo que ya da una idea de que buscarán algo un poco más complejo y en la línea de la que reconocen que es su gran inspiración, "El ala oeste de la Casa Blanca", la estrenarán justo el día después de la Super Bowl y detrás de "The Voice", que intentará capitalizar la audiencia que lo viera el domingo, al finalizar la final de la NFL, y han querido seguir una estrategia similar a la de Fox con "New Girl" al ofrecer el piloto para su visionado a través de Hulu, la web de la cadena y varios servicios de vídeo bajo demanda semanas antes de su estreno oficial, el 6 de febrero, apoyándolo todo con pases en teatros de varias ciudades seguidos de una sesión de preguntas y respuestas con algunos de sus responsables (una táctica bastante más común de lo que parece).

La NBC confía en ir construyendo un buen boca-oreja que lleve, por lo menos, a crear curiosidad entre el público por ver la serie, y luego ésta tendrá que sostenerse por sus propios méritos. Viendo el piloto, hay material para ello en esta crónica del montaje, desde sus mismos cimientos, de un musical sobre Marilyn Monroe, una crónica que nos da los puntos de vista de los compositores de la música, del director, de la productora, de las actrices que pelean por ser Marilyn y de todo lo que pasa cuando hay mucha gente persiguiendo que sus sueños se conviertan en realidad. Su creadora, Theresa Rebeck, y el resto de responsables de "Smash" aseguran que buscan el mayor realismo posible, y ese esfuerzo se nota desde el piloto (en el local de ensayo, por ejemplo, durante la presentación del cachondo número del béisbol). Da la sensación que van a aprovechar todo lo que puedan los escenarios naturales y la calle, para que se note que, además de estar ambientada en Nueva York, se rueda allí.

Buena parte de las posibilidades de éxito de "Smash", al menos de éxito masivo, descansan sobre los hombros de Katharine McPhee, aunque luego vaya a ser bastante más coral. McPhee se hizo famosa en Estados Unidos gracias a la quinta edición de "American Idol", en la que llegó a la final (y cantó allí, curiosamente, "Over the rainbow", la misma canción con la que se abre la serie) y lleva ya un par de años dedicada más a su faceta de actriz que a la de cantante. Su papel es el de la joven que llega a Nueva York en pos del sueño de actuar en Broadway, la joven que bien puede convertirse en una gran estrella de las tablas saliendo casi de la nada. Junto a ella, la que puede apuntar a ser la revelación de la serie es, precisamente, una veterana de Broadway, Megan Hilty, que interpreta a la bailarina del coro que lleva años esperando su gran oportunidad. Las dos ofrecen diferentes facetas de Marilyn y resulta muy interesante verlas presentadas una al lado de la otra.

Aunque "Smash" apunte maneras, lo que está siendo muy interesante también es leer los reportajes que se han ido publicando, en estas semanas previas al estreno, sobre cómo se está rodando, la gente, con mucha experiencia teatral, que está detrás de ella y los planes que podría haber si resulta el éxito que la NBC espera. El reportaje de "New York Magazine" ilustra bastante bien las complejidades que entraña la serie y cómo, si todo sale bien, puede salir realmente bien. Y hay que reconocer que las dos canciones originales que suenan en el piloto, obra del combo Marc Shaiman-Scott Weittman, son tan pegadizas como aquel "Good morning, Baltimore" que escribieron para "Hairspray". Con un poco de suerte, la NBC sí puede tener, por fin, una estrella.
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