01 enero 2012

Espejito, espejito



"Alfred Hitchcock presenta" o "La dimensión desconocida" son las series de antologías quizás más definitorias de lo que es este tipo de programa y, específicamente, de lo que es "Black Mirror", la miniserie de tres episodios que Charlie Brooker ha escrito para Channel 4. En aquellas series teníamos historias independientes en cada capítulo, historias de ciencia ficción, o intriga, o de miedo, en las que muchas veces su centro estaba en personas normales que se veían involucradas en circunstancias que las superaban. Las presentaciones de Hitchcock antes de cada capítulo son intransferibles y personales, claro, pero parte del tono de ambas series, y la reconocida influencia de la segunda, se notan en "Black Mirror", que lleva hasta el extremo la dependencia de la vida moderna de las pantallas, ya sean del televisor, el ordenador, el móvil, y de la interconectividad instantánea que se puede lograr a través de ellas.

Esos espejos negros alcanzan su máxima expresión en el segundo capítulo, "15 million merits", una distopía en la que la gente sólo se comunica a través de sus avatares virtuales, como si el mundo fuera un gigantesco y real World of Warcraft, y que está dominada por una sátira de "The X Factor", y del mundo de sueños, ambiciones y mercadeo que se genera a su alrededor, directísima y con Rupert Everett de sosias de Simon Cowell. En realidad, aunque las historias giren alrededor del poder de bola de nieve que les podemos otorgar a Twitter, YouTube, Facebook y de las consecuencias inquietantes que pueda tener su uso, su centro está puesto en emociones muy humanas, ya sean los celos, la esperanza de aspirar a algo mejor, el amor o la ambición. "Black Mirror" incluso acaba reflexionando sobre los límites del arte y lo cierto es que, a veces, cae en la propia trampa del arte que busca la provocación que está criticando.

El primer episodio, "The national anthem", ha generado bastante ruido en la blogosfera precisamente por su intención de provocar, al mismo tiempo que muestra cómo es cierto que la influencia que las redes sociales puedan tener en la opinión pública es territorio inexplorado. Sin embargo, parece dejarse llevar por la doctrina Showtime del impacto por el mero impacto, y quizás por eso los otros dos capítulos resultan más efectivos y, de algún modo, más humanos. No se sabe qué planes tiene Channel 4 para esta antología, pero no sería extraño que Brooker volviera a ella a finales de este año.

P.D. podcastero: Ya estamos en 2012, pero en "Yo disparé a J.R." aprovechamos para repasar algunos de los aspectos televisivos del año pasado a través de, precisamente, el repaso de algunas de las cosas que más nos han llamado la atención de las listas sobre lo mejor y lo peor de 2011 publicadas en Estados Unidos. En tamaña labor nos asiste Adri, de "Hablando de series".

Música de la semana: Lógicamente, "Black Mirror" es también el título de una canción de Arcade Fire, pero como ésa ya la hemos incluido anteriormente en esta subsección, la elegida va a ser una canción que se escucha en la serie, en el segundo capítulo. "Anyone who knows what love is" es uno de los clásicos de Irma Thomas, la "reina del soul de Nueva Orleans", que Jessica Brown-Findlay defiende bastante bien en ese episodio. Y Thomas, por supuesto, ha tenido su aparición en "Treme".
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