11 octubre 2008

Bienvenidos a Dillon

Hay series en las que importa más cómo se nos cuenta algo que ese algo, importan más el lenguaje corporal y las miradas de los actores que sus diálogos y, como decía un crítico yanqui, son más de crear un ambiente, de hacerte creer que estás ahí, con esos personajes, comiéndote una hamburguesa en el Applebee's o animando desde la grada a los Dillon Panthers. "Friday Night Lights" basa su fuerza en esos intangibles. En sus mejores momentos, te sumerge en la atmósfera asfixiante de Dillon, en su fervor por el fútbol americano y su depresión en cualquier tema social o económico, en el sentimiento contradictorio de querer escapar de ahí pero estar convencido de que no vas a poder hacerlo.

A "Friday Night Lights" le persiguen como una maldición dos cosas: estar ambientada en un equipo de instituto de fútbol, y su gran primera temporada. Las cotas que alcanzó en sus primeros episodios son difíciles de igualar, y la segunda temporada bien lo probó, con sus intentos de ganar nuevos espectadores que descafeinaron la serie y la privaron de su columna vertebral, del macguffin que, sin embargo, resulta crucial para ella; el deporte. Teniendo un pueblo tan volcado en sus deportistas, no se podía dejar de lado esa faceta que, además, es la única que une a todos los personajes, la excusa para que Tami Taylor tenga algo que hacer con Landry, por ejemplo.

La nueva temporada, lograda in extremis, y el cambio a la cadena por cable DirecTV (que más que cadena es proveedor de contenidos, si no entendí mal a lo que se dedicaba) parecen haber sentado bien a los habitantes de Dillon. La atmósfera de la primera temporada vuelve a hacerse palpable, y los personajes vuelven por sus fueros normales, y no por los extraños caminos por los que se perdieron durante gran parte de la segunda temporada. Vamos a perder a Smash Williams y a Jason Street, que ya han terminado el instituto, y el arco de Smash promete ser interesante, muy en la línea de "Hoop Dreams". A cambio ganamos un nuevo quarterback y a su familia de nuevos ricos, los McCoy, que pondrán más presión en el pobre Matt Saracen y, por supuesto, en el entrenador Taylor (la señora McCoy estará interpretada por Janine Turner, que está bastante cambiada, y no para bien, de su época en "Doctor en Alaska", pero a la que siempre resulta agradable volver a ver).

Yo ya me conformo simplemente con ver de nuevo al matrimonio Taylor (aunque esa nueva "colaboración" entre Tami y Buddy Garrity va a ser muy divertida de ver), tal vez la pareja más lograda de toda la parrilla (y más ignorada por los premios), y a Tim "Starbuck" Riggins y sus intentos por ser un hombre decente (ja), y a Tyra y sus sueños de escapar de Dillon, y la vuelta de la amistad entre Landry y Matt, una de las mejoreas cosas de la primera temporada... Además, esta serie es de las pocas de las que sólo los créditos, y la música de Explosions in the Sky, ya te hace sentir la anticipación de lo que va a venir a continuación. Como "Perdidos" no tiene créditos al uso, creo que sólo "Galáctica", sobre todo con el prólogo, y, en su momento, "Verónica Mars", incluso en la tercera temporada, conseguían en mi ese efecto.
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