14 octubre 2008

La prisión de Stanford

En 1971, un grupo de psicólogos de la universidad de Stanford decidió realizar un pequeño experimento sobre la conducta de presos y guardianes en un espacio reducido. Eligieron a 24 estudiantes a a los que dividieron en prisioneros y en guardias, y los encerraron en un sótano de la facultad, que haría las veces de cárcel. El experimento debería haber durado dos semanas, pero se suspendió al cabo de sólo seis días. Tanto guardas como prisioneros asumieron demasiado sus papeles y enseguida hubo conatos de motín, abusos por parte de los guardas, cuyo lado más sádico salió enseguida a relucir, y los presos rápidamente mostraron fuertes signos de estrés. Observadores externos cuestionaron la ética, la utilidad y la valía científica de semejante experimento, y aunque quedó como algo que difícilmente podría repetirse hoy en día, sí que ha terminado siendo una interesante base para obras de ficción.

El último capítulo de "Life" se sirvió del experimento de la prisión de Stanford para crear una escena del crimen con unas connotaciones muy claras para Charlie Crews, y la tercera temporada de "Verónica Mars" se basó en las relaciones que se forman entre guardas y prisioneros para montar la solución al primer misterio que se presentó aquella temporada. La película que puso en órbita a Oliver Hirschbiegel antes de "El hundimiento", "El experimento", se basaba en la experiencia de Stanford, y parece que ésta va a ser llevada al cine bajo el título "The Stanford Prison Experiment".

Las posibilidades dramáticas del experimento son muchas. Cualquier obra de ficción centrada en un grupo de personas encerradas, unas asumiendo el mando de la situación y las otras, sin disponer de voz ni voto, puede dar para grandes momentos de tensión. Si esos roles no están asignados, pero los encerrados se enfrentan a alguna amenaza, puede servir igualmente (por eso mismo "Midnight" terminó siendo uno de los mejores capítulos de la cuarta temporada de "Doctor Who"). Aunque pocas películas de encierros hay tan peculiares, y surrealistas (en el sentido más literal del término) como "El ángel exterminador". Ninguno de los comensales en esa cena, todos gente acomodada, abandona nunca el salón porque ven imposible hacerlo, aunque no hay nada que se lo impida, y el comportamiento de todos ellos se ve afectado con rapidez.
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