28 enero 2009

Eres mala, Tara

Si en tu vida diaria hay problemas que te superan y que sientes que no puedes afrontar, ¿cómo intentarías solucionarlo? Para Tara, la solución es evadirse adoptando otras personalidades, que lidian por ella con esos problemas, ya sean el novio friki de su hija, el profesor de inglés que martiriza a tu hijo a las madres hipócritas y pesadas del comité del instituto. Para cualquiera de esas situaciones, Tara tiene una solución, ya sea el bruto Buck (mi favorito, por ahora), la adolescente pasada de rosca T o la madre pluscuamperfecta de los 50 Alice (quien, al verla con el super-pastel de la venta benéfica, me recordó a Bree Van De Kamp). En los dos primeros episodios de "United States of Tara", hemos conocido ya a todas sus personalidades, pero todavía no hemos podido ver quién es Tara.

Y supongo que tardaremos en hacernos una imagen algo más completa de quién es esa mujer, con trastorno disociativo de identidad, y por qué decide dejar la medicación que mantenía a raya a sus otros yo. El retrato de su familia va haciéndose más rápidamente, y enseguida se distinguen las fisuras en esa fachada de apoyo incondicional de su marido y sus dos hijos. Más que comedia, yo diría que se apunta a ese género tan de moda de la dramedia, porque en ningún momento intentan banalizar o mofarse de la enfermedad de Tara.

Dos capítulos no es mucho para formarse una opinión sesuda e inamovible (si es que pueden existir en estos casos), pero lo que es cierto es que los algo más de 25 minutos que dura cada episodio se pasan en un suspiro, y que aunque es verdad que la serie es un vehículo para el lucimiento de Toni Collette (sólo con oírla hablar ya sabes qué personalidad la está dominando), en ningún momento se "come" a sus compañeros de reparto. Su hijo Marshall, por cierto, podría haber sido amigo de Juno McGuff sin ningún problema, con su amor por Thelonious Monk y G.W. Pabst. El marido (interpretado por John "Cris de la Mañana" Corbett) y la hermana (Rosemarie DeWitt) aún son un poco bidimensionales, pero me imagino que su caracterización se irá suavizando con el paso de los capítulos.

Lo que resulta muy curioso (aparte de esos diálogos marca de Diablo Cody) es cómo cada una de las personalidades tiene un patrón de habla muy diferenciado, y no sólo por el acento. Alice habla como en un melodrama de Douglas Sirk, con unas frases engoladas que le permiten ser hiriente sin dejar de ser educada; Buck utiliza el mismo vocabulario que cualquier camionero bruto de Bon Temps, por ejemplo, y T emplea casi la misma jerga que cualquier adolescente, o que cualquier madre que pretenda pasarse por una adolescente. Sin mucho fuego artificial (por ahora), tengo curiosidad por ver cómo se va a desarrollar el asunto.

P.D.: No me he podido resistir. Desde que vi "La boda de Muriel" (además de ser fan de Rachel Griffiths), hay una frase que me persigue, ese "eres mala, Muriel" que siempre le repite su hermana. Aunque, por supuesto, el karaoke de "Waterloo" es uno de sus puntos más altos.
Publicar un comentario