26 enero 2009

Ojos claros y corazones llenos

ALERTA SPOILERS: Llegados al final de la tercera temporada de "Friday Night Lights" (Dios quiera que no sea de la serie), no continuéis leyendo si no lo habéis visto, u os llevaréis un placaje tan duro como los de la defensa de South Texas.

Creativamente, "Friday Night Lights" podría tener una cuarta temporada en la que se partiría prácticamente de cero. Casi todos los adolescentes protagonistas hasta ahora se van a la universidad (sólo se quedan Matt, Julie y Landry), Dillon se divide administrativamente en dos para aspirar a fondos estatales y, en la última vuelta de tuerca en su difícil relación con Joe McCoy, Eric Taylor es despedido como entrenador de los Panthers, sólo para que le ofrezcan el mismo puesto en East Dillon High, el instituto que va a reabrirse al retomar la partición de la ciudad en dos, descartada años atrás por problemas precisamente presupuestarios.

Como se ha apuntado en algunas críticas yanquis, esta situación de partida en la nueva temporada podría ser muy interesante. Eric tendría que lidiar con un equipo construido desde cero con las sobras de los Panthers, sin patrocinadores, y con su principal rival al otro lado de la avenida que separa las dos mitades de la ciudad. Por otro lado, las maniobras de Joe McCoy por hacerse con el control total del equipo no se limitarían a sustituir a Taylor por su hombre de confianza, sino que es muy probable que también desplazara a Buddy Garrity como principal patrocinador. ¿Podría Garrity pasarse a East Dillon? No podremos saberlo si, como parece, "Friday Night Lights" no logra ser renovada. El experimento de compartir gastos, y emisión, entre DirecTV y la NBC todavía está en marcha (la segunda está emitiendo la serie ahora), así que hasta que no finalicen los 13 capítulos no podrá hacerse balance.

Si la serie se termina aquí, lo hará con un plano que es un final muy apropiado, porque son los dos personajes que se han mantenido como los pilares del show, Eric y Tami Taylor, de pie sobre el descuidado césped del antiguo, y derruido, estadio de los East Dillon Lions. Ambos expresan muy bien su papel en la comunidad cuando Eric se queja de que no conoce tanto a Billy Riggins como para que éste lo invite a su boda: "Nos tienen en alta estima". Son los que se han preocupado por los chavales más problemáticos, los que se han esforzado por hacer lo correcto incluso aunque se acabe volviendo contra ellos, como ocurre cuando intervienen en la pelea entre Joe McCoy y su hijo bajo la lluvia.

El papel de los McCoy en la tercera temporada ha servido para darle a la trama alrededor del equipo unos toques de lucha de clases que han resultado muy interesantes. Ha sido JD, el talento natural apoyado por un entrenador para él solo y todo el dinero de su padre, contra Saracen, el trabajador sacrificado cuya fuerza de voluntad es su único aval. Y también ha mostrado a un padre que sólo vive a través de los logros de su hijo, y si para que él sea la gran estrella del fútbol americano hay que aplicar cierta tortura psicológica, se aplica y punto. Desde luego, el clavo en el ataúd de Taylor como entrenador no sólo llega por su entromisión entre McCoy y su hijo, sino por atreverse a sentar a JD en el descanso de la final estatal, después de no haber dado una a derechas en la primera parte, y dar entrada a un Saracen que da una lección de visión de juego, demostrándole al "niño rico" que un buen quarterback no sólo se dedica a lanzar el balón como un misil teledirigido.

Con el fútbol funcionando de nuevo como metáfora y espejo de toda una comunidad, unos personajes que llegan a hacerse difíciles de separar de los actores y su enfoque verista a la hora de rodar, la tercera temporada de "Friday Night Lights" ha recuperado todas aquellas cosas que hicieron su primera tanda tan memorable. Sí, ha habido cosas que flojeaban, pero el conjunto siempre ha prevalecido. Como en el fútbol, lo de esta serie es una labor de equipo.
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