Sólo con ver la primera temporada de "24" era suficiente para tenerle animadversión frontal a Kim Bauer, la hija entonces adolescente de Jack, a la que secuestraban unos terroristas, junto con su madre, para presionar a Bauer e impedir que se interpusiera en sus planes de asesinar al presidente de Estados Unidos. Sólo en los 13 primeros capítulos, Kim se escapaba y volvían a atraparla varias veces, y era tan irritante, que no podías más que preguntarte por qué los terroristas no se la cargaban de una vez y se libraban de ese quebradero de cabeza.
Yo no continué más allá con "24" pero, por lo que leí después, ese comportamiento de Kim se mantuvo como una constante durante el resto de la serie, y casi hasta ejemplifica los casos de personajes secundarios adolescentes que van de rebeldes y de peleados con el mundo y que son un lastre de lo insoportables que terminan siendo. En la estela de Kim Bauer se movía el hijo de Erica en el remake de "V", al que daban ganas de que lo sacrificaran al dios Quetzalcóatl (la serpiente emplumada) para que dejaramos de sufrir su "angustia adolescente" de pega, y por el mismo camino anda también Josh Shannon, el hijo mayor de la familia protagonista de "Terra Nova", que es tan ceporro, que los villanos de la serie ya están manejándolo a su antojo.
La trama familiar es una de las cosas más flojas de la serie o, mejor, debería decir que los hijos son lo más flojo de la serie. Con Jim y Elizabeth aún puede hacerse algo decente, pero sus retoños están ahí un poco por estar (aunque no dejo de sorprenderme del acierto de casting de Naomi Scott y Alana Mansour porque podrían pasar por hijas de Shelley Conn sin problemas). El episodio remake-homenaje a "La cosa" y el de la investigación de un asesinato han dejado momentos más entretenidos y cosas interesantes que emparentan aún más la serie con "Stargate" (que, a su vez, siempre tuvo un ojo puesto en las nuevas series de "Star Trek"), y Taylor y Jim funcionan bien juntos. Pero Josh y sus amigos adolescentes... Aparte de que van a preparar un buen follón (y de que gracias a ellos vamos a saber algo más de esa posible conspiración desde 2149), se los podrían comer los dinosaurios. No va a pasar, por supuesto, que Brannon Braga llevó "24" antes de meterse en "Terra Nova" y nunca mató a Kim Bauer. Nos tocará pensar en modos creativos de que sufran lentamente.
03 noviembre 2011
02 noviembre 2011
Las decisiones de Lady Mary
ALERTA SPOILERS: Sólo falta un capítulo para que termine la segunda temporada de "Downton Abbey" (o dos, si contamos el especial de Navidad), y si no sabéis qué decisiones ha tomado Lady Mary Crawley, y las consecuencias que pueden acarrear (y qué tiene que ver "Heidi" en todo esto), es mejor que no sigáis leyendo.
La crítica de televisión de "The Guardian" decía, en su reseña del séptimo capítulo, que el retrato que Michelle Dockery ha hecho de Lady Mary ha salvado casi en solitario la segunda temporada de "Downton Abbey" del desastre. Yo no diría tanto (creo que muchas de las críticas están bastante salidas de tono), pero sí es cierto que la hija mayor de los condes de Grantham se ha convertido en el personaje más interesante de esta segunda entrega, dejando ver las fracturas en su exterior de mujer fría y superficial. Es posible que en el último podcast de "Yo disparé a J.R." comentáramos precisamente donde reside el quid para apreciar la importancia de este personaje, que no es más que cómo su lenguaje corporal y su mirada desmienten las palabras que salen de su boca.
Gran parte de los shippers de la serie están obsesionados con la historia de amor entre Anna y Bates, y la otra parte se muerde las uñas pensando en si Lady Sybil y Branson podrán estar juntos (en el último capítulo, al menos, se besaron por fin y hasta amagaron con fugarse. Es un avance), pero la relación más interesante ha sido la de Mary y Matthew después de que ella terminara rechazándolo como futuro marido al final de la primera temporada. Mientras él se va al frente francés en la Primera Guerra Mundial, ella tiene que empezar a pensar en asegurar su futuro, un futuro que sólo puede lograr consiguiendo un buen marido y si consigue que su aventura, de desgraciado final, con el hijo del diplomático turco no salga a la luz y no pase de meros rumores. La herencia de su padre está fuera de su alcance, así que debe ser realista y aspirar a alguien con dinero. El problema es que, al aliarse con Sir Richard Carlisle, se ha metido en un avispero que escapa a su control.
La cortante frase que suelta en medio de una reunión familiar de que cada uno está atado a las decisiones que toma está revestida de no poca amargura, porque se ha dado cuenta que su plan de futuro es mucho más imperfecto de lo que ella pensaba, y no sólo porque todavía esté enamorada de un Matthew que no se entera de la misa la mitad. Carlisle es un magnate de la prensa sensacionalista con todo lo que eso conlleva, y aplica los mismos escrúpulos (ninguno) a una vida privada que también ve como un negocio. Es muy posible que Mary contemplara del mismo modo su matrimonio, como una alianza comercial, y aunque parece dispuesta a seguir hasta el final y asumir plenamente las consecuencias de su decisión, está claro que en el fondo se arrepiente profundamente de ello.
Mary siempre ha sido uno de los personajes más realistas de "Downton Abbey", uno que sabe bastante bien cuáles son sus posibilidades y su posición en su mundo y que, muchas veces, lo exterioriza a través de esas frases cortantes que parecen provenir de un corazón de hielo seco. Pero sus caras en las cenas revelan que la realidad no es exactamente así, que aún queda algo de la niña que le decía a Carson que iba a robar la plata para escaparse de casa dentro de la heredera que, por ser mujer, no puede heredar.
La crítica de televisión de "The Guardian" decía, en su reseña del séptimo capítulo, que el retrato que Michelle Dockery ha hecho de Lady Mary ha salvado casi en solitario la segunda temporada de "Downton Abbey" del desastre. Yo no diría tanto (creo que muchas de las críticas están bastante salidas de tono), pero sí es cierto que la hija mayor de los condes de Grantham se ha convertido en el personaje más interesante de esta segunda entrega, dejando ver las fracturas en su exterior de mujer fría y superficial. Es posible que en el último podcast de "Yo disparé a J.R." comentáramos precisamente donde reside el quid para apreciar la importancia de este personaje, que no es más que cómo su lenguaje corporal y su mirada desmienten las palabras que salen de su boca.
Gran parte de los shippers de la serie están obsesionados con la historia de amor entre Anna y Bates, y la otra parte se muerde las uñas pensando en si Lady Sybil y Branson podrán estar juntos (en el último capítulo, al menos, se besaron por fin y hasta amagaron con fugarse. Es un avance), pero la relación más interesante ha sido la de Mary y Matthew después de que ella terminara rechazándolo como futuro marido al final de la primera temporada. Mientras él se va al frente francés en la Primera Guerra Mundial, ella tiene que empezar a pensar en asegurar su futuro, un futuro que sólo puede lograr consiguiendo un buen marido y si consigue que su aventura, de desgraciado final, con el hijo del diplomático turco no salga a la luz y no pase de meros rumores. La herencia de su padre está fuera de su alcance, así que debe ser realista y aspirar a alguien con dinero. El problema es que, al aliarse con Sir Richard Carlisle, se ha metido en un avispero que escapa a su control.
La cortante frase que suelta en medio de una reunión familiar de que cada uno está atado a las decisiones que toma está revestida de no poca amargura, porque se ha dado cuenta que su plan de futuro es mucho más imperfecto de lo que ella pensaba, y no sólo porque todavía esté enamorada de un Matthew que no se entera de la misa la mitad. Carlisle es un magnate de la prensa sensacionalista con todo lo que eso conlleva, y aplica los mismos escrúpulos (ninguno) a una vida privada que también ve como un negocio. Es muy posible que Mary contemplara del mismo modo su matrimonio, como una alianza comercial, y aunque parece dispuesta a seguir hasta el final y asumir plenamente las consecuencias de su decisión, está claro que en el fondo se arrepiente profundamente de ello.
Mary siempre ha sido uno de los personajes más realistas de "Downton Abbey", uno que sabe bastante bien cuáles son sus posibilidades y su posición en su mundo y que, muchas veces, lo exterioriza a través de esas frases cortantes que parecen provenir de un corazón de hielo seco. Pero sus caras en las cenas revelan que la realidad no es exactamente así, que aún queda algo de la niña que le decía a Carson que iba a robar la plata para escaparse de casa dentro de la heredera que, por ser mujer, no puede heredar.
01 noviembre 2011
Casi famosos (XLI)
Si empieza un mes nuevo, tenemos que estrenarlo con otra nueva ración de "casi famosos". Además, por Twitter y por correo van llegando sugerencias para esta sección en las que yo no había pensado, así que no podemos desaprovecharlas. Y la primera es un poco "dos pájaros de un tiro".
El "lince" que cazó a estos dos fue Oswjim, que en realidad, con el que se quedó sorprendido fue con Johnny Galecki, que ahí parece un primo lejano de Christopher Moltisanti, al menos en los primeros capítulos de "Los Soprano". Lo cierto es que el mejor momento de "casifamosez" de Galecki es "Roseanne", donde interpretaba al novio de Melissa Gilbert, pero tampoco vamos a despreciar su aparición en "My boys", una comedia de TBS sobre una periodista deportiva creo que de Chicago y sus amigos y compañeros de profesión. No era la mejor comedia en antena, pero era simpática. Y sí, el que está sentado en el sillón es Eddie McClintock, justo un año antes de aparecer por "Bones" como ese agente del FBI que se liga a la doctora Brennan.
Los fans de "Misfits" están empezando a ver cómo es la serie sin uno de sus protagonistas principales, Robert Sheehan, que se ha hecho conocido gracias a estos superhéroes de las clases bajas. Por supuesto, ése no era su primer trabajo. Fue uno de los muchos actores que participó en la trilogía de películas de "Red Riding", una historia realmente malsana e inquietante sobre asesinos en serie y corruptelas policiales y políticas en el norte de Inglaterra, entre 1974 y 1983. Y, como curiosidad, también co-protagonizó "Cherrybomb" junto a Rupert Grint.
"Red Riding", por cierto, proporciona una curiosa conexión con "Downton Abbey", porque en ella aparecen tanto Jim Carter como Michelle Dockery, que con esa cara, tiene en su haber unos cuantos papeles de época, incluido el que está rodando en la "Anna Karenina" de Joe Wright. Iba a poner su breve aparición en "Hanna" (se la ve en el trailer), con esa melena rojiza que parece sacada de un capítulo de "Alias", pero luego me ha hecho mucha gracia descubrir que ya había trabajado antes también con Dan Stevens en una adaptación para televisión de "Otra vuelta de tuerca". Dockery interpretaba ahí a la institutriz que cuida de dos niños que quizá ven fantasmas, o quizá no.
Las miniseries de época son en el Reino Unido como las películas de terror en Estados Unidos, un buen lugar para que los actores que están empezando vayan cogiendo experiencia. Jason O'Mara no fue una excepción a esa costumbre y, antes de ser un policía en la veteranísima "The bill" (aquí creo que se llamó "Policía de barrio"), participó en "Berkeley Square", una miniserie que seguía a tres chicas que trabajaban cuidando niños de familias adineradas en el Londres de finales del siglo XIX. De todos modos, a O'Mara yo lo tengp más asociado al pirómano obsesionado con Brenda de "The Closer".
Finalmente, una curiosidad realmente simpática, la de la serie "Los días y las noches de Molly Dodd" y sus dos protagonistas, Blair Brown y David Strathairn, que ahora tienen sus propias series de ciencia ficción ("Fringe" y "Alphas"). Brown se había hecho conocida unos cuantos años antes, con la película de Ken Russell "Viaje alucinante al fondo de la mente", cuya trama, sobre un científico de Harvard (William Hurt) que experimenta en sí mismo podría ser perfectamente un capítulo de "Fringe".
El "lince" que cazó a estos dos fue Oswjim, que en realidad, con el que se quedó sorprendido fue con Johnny Galecki, que ahí parece un primo lejano de Christopher Moltisanti, al menos en los primeros capítulos de "Los Soprano". Lo cierto es que el mejor momento de "casifamosez" de Galecki es "Roseanne", donde interpretaba al novio de Melissa Gilbert, pero tampoco vamos a despreciar su aparición en "My boys", una comedia de TBS sobre una periodista deportiva creo que de Chicago y sus amigos y compañeros de profesión. No era la mejor comedia en antena, pero era simpática. Y sí, el que está sentado en el sillón es Eddie McClintock, justo un año antes de aparecer por "Bones" como ese agente del FBI que se liga a la doctora Brennan.
Los fans de "Misfits" están empezando a ver cómo es la serie sin uno de sus protagonistas principales, Robert Sheehan, que se ha hecho conocido gracias a estos superhéroes de las clases bajas. Por supuesto, ése no era su primer trabajo. Fue uno de los muchos actores que participó en la trilogía de películas de "Red Riding", una historia realmente malsana e inquietante sobre asesinos en serie y corruptelas policiales y políticas en el norte de Inglaterra, entre 1974 y 1983. Y, como curiosidad, también co-protagonizó "Cherrybomb" junto a Rupert Grint.
"Red Riding", por cierto, proporciona una curiosa conexión con "Downton Abbey", porque en ella aparecen tanto Jim Carter como Michelle Dockery, que con esa cara, tiene en su haber unos cuantos papeles de época, incluido el que está rodando en la "Anna Karenina" de Joe Wright. Iba a poner su breve aparición en "Hanna" (se la ve en el trailer), con esa melena rojiza que parece sacada de un capítulo de "Alias", pero luego me ha hecho mucha gracia descubrir que ya había trabajado antes también con Dan Stevens en una adaptación para televisión de "Otra vuelta de tuerca". Dockery interpretaba ahí a la institutriz que cuida de dos niños que quizá ven fantasmas, o quizá no.
Las miniseries de época son en el Reino Unido como las películas de terror en Estados Unidos, un buen lugar para que los actores que están empezando vayan cogiendo experiencia. Jason O'Mara no fue una excepción a esa costumbre y, antes de ser un policía en la veteranísima "The bill" (aquí creo que se llamó "Policía de barrio"), participó en "Berkeley Square", una miniserie que seguía a tres chicas que trabajaban cuidando niños de familias adineradas en el Londres de finales del siglo XIX. De todos modos, a O'Mara yo lo tengp más asociado al pirómano obsesionado con Brenda de "The Closer".
Finalmente, una curiosidad realmente simpática, la de la serie "Los días y las noches de Molly Dodd" y sus dos protagonistas, Blair Brown y David Strathairn, que ahora tienen sus propias series de ciencia ficción ("Fringe" y "Alphas"). Brown se había hecho conocida unos cuantos años antes, con la película de Ken Russell "Viaje alucinante al fondo de la mente", cuya trama, sobre un científico de Harvard (William Hurt) que experimenta en sí mismo podría ser perfectamente un capítulo de "Fringe".
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