Entre los capítulos navideños más promocionados y largamente esperados de la televisión británica figuraba el de "Miranda", la sitcom de BBC creada y protagonizada por la comediante Miranda Hart y cuyos fans llevaban más de un año aguardando el estreno de la tercera temporada. Resulta curioso que, entre los especiales de "Downton Abbey", "Call the midwife" y "Doctor Who", fuera el de esta comedia el que suscitó más emoción entre las redes sociales, que tenían ganas de ver de nuevo a esta inglesa de más de 1,85 metros de altura, patosa, torpe en las relaciones sociales, con una madre obsesionada en buscarle marido (cualquiera) y a la que le encanta cantar a voz en grito y hacer todo tipo de tonterías sólo porque se divierte haciéndolas. Miranda es, a veces, una versión en alto, muy inglesa y con un trabajo muy poco glamouroso de Liz Lemon, compartiendo con ella su devoción por la comida más basura, y garantiza las mismas risas utilizando unas armas de sitcom clásica y tradicional.
Porque "Miranda" es una comedia de situación grabada en su 90% en tres platós, con sus risas enlatadas y sus chistes sobre caídas aparatosas, juegos de palabras sobre sexo, humillaciones varias de su protagonista y humor escatológico, pero que nunca resulta rancia, ni ofensiva, y sí muy divertida y, a veces, hasta entrañable. Por lo que resulta sorprendente que algunos críticos británicos hayan decidido acusarla de "misógina" basándose en el nulo sentido del ridículo de Miranda y su afán por probar cualquier cosa que pueda provocar la risa del público, algo que a esos críticos les sienta mal que haga una mujer. La propia Hart apuntaba en alguna entrevista que el humor de su serie venía de las dificultades de su personaje por encajar en el mundo, y que sus mayores influencias eran comedias clásicas de los 80 y los 90 en el Reino Unido como "Absolutamente fabulosas" y "Fawlty Towers", y que no le importaba en absoluto hacer tontunas varias si eso arrancaba carcajadas.
Esa búsqueda del gag sin más, sin tener que tener un comentario social inteligente detrás, o hacer referencias cool a videojuegos de los 80 o películas de culto, es el punto fuerte de "Miranda", a la que, como a cualquier otra comedia, hay que pillarle el truco en los dos primeros capítulos antes de decidir si gusta o no. Pero para el tercero, no es raro que el primer trompazo de Miranda contra vel suelo te lleve a soltar una buena carcajada. El gran éxito de la serie ha hecho que Hart empiece a estar muy solicitada para otros proyectos (es la secundaria robaescenas de "Call the midwife"), pero niguno será tan personal como su comedia, que demuestra que el entusiasmo genuino de su protagonista es suficiente para que funcionen chistes probados una y mil veces. Pero such fun.
03 enero 2013
02 enero 2013
Siempre se es un espía
En 2006, el escritor británico William Boyd publicó un artículo en "The Guardian" sobre Kim Philby, un agente doble soviético que ascendió de modo meteórico por el servicio secreto británico en los años inmediatamente anteriores a la Segunda Guerra Mundial y que formaba parte de los que se conoce como los Cinco de Cambridge, cinco agentes dobles rusos que formaban parte de la élite de la sociedad inglesa de la época, que recogieron todo tipo de parabienes por su trabajo, que llegaron a figurar entre la clase dirigente del país y que terminaron siendo expuestos como traidores, y huyendo a la URSS, en las décadas de los 50 y los 60. Philby fue el último en ser descubierto, ya en los 70, y su caso inspiró a Boyd a escribir un libro, "Sin respiro", que es el título en español de "Restless", una historia sobre una joven emigrante rusa en París que es reclutada por el servicio secreto británico a finales de los años 30 para participar en una de las operaciones de inteligencia menos tratada por el cine y la televisión; la campaña de propaganda clandestina lanzada por Winston Churchill en 1940 para convencer a Estados Unidos de que entrara en guerra contra Alemania.
Eva Delectorskaya se ve propulsada así a un mundo de secretos, verdades a medias y desinformación llevados a cabo en edificios austeros y mal iluminados, y en el que le sirve de Pigmalión el carismático Lucas Romer, un veterano espía que tiene un puesto de cierta importancia en el servicio secreto y que es el que recluta y entrena personalmente a Eva. Pero todo esto lo vamos sabiendo al mismo tiempo que lo descubre la hija de Eva, Ruth, cuya madre vive bajo otro nombre y está convencida, treinta años después del fin de la Segunda Guerra Mundial, de que alguien la ha descubierto y que va a intentar matarla. Esa narración en dos líneas temporales, y el paralelismo de los caminos de descubrimiento de Eva y Ruth, es la columna vertebral de la adaptación a televisión de "Restless" emitida por BBC en dos capítulos de 90 minutos, y con Hayley Atwell, Rufus Sewell, Charlotte Rampling y Michelle Dockery como principales protagonistas. Lo más interesante de la miniserie es que toque esa operación para intentar manipular a la opinión pública estadounidense para que apoyara el auxilio bélico del Reino Unido y, sobre todo, el retrato psicológico de Eva, que aprende desde el principio que el viejo mantra de Fox Mulder, "no confíes en nadie", es su única salvación para mantenerse con vida.
Así, la Sally Gilmartin de los 70 (que es la identidad bajo la que vive Eva) mantiene los mismos hábitos de su juventud y desconfía de cualquier suceso inesperado que parezca una coincidencia, desplegando algo rayano en la paranoia que su hija, al principio, no logra comprender. La dinámica entre las dos, y cómo Ruth va desarrollando las mismas desconfianzas que su madre, es uno de los aspectos mejor logrados de "Restless" (además de que Rampling siempre ha sido una actriz muy interesante, y muy guapa de joven), que también consigue crear cierta tensión cuando Eva empieza a meterse de lleno en el servicio secreto británico, incluso aunque sus tareas sólo sean, en teoría, escribir falsas noticias propagandísticas o hacer de correo. El panorama que se esconde tras la superficie de la miniserie se va desplegando poco a poco, al mismo tiempo que Eva lo va descubriendo y su hija, redescubriendo treinta años más tarde, y en ningún momento se pierde cierta elegancia, que contrasta con la realidad de lo que está contando.
Boyd apuntaba en aquel artículo de "The Guardian" que se había dado cuenta de que, para todos aquellos agentes de inteligencia de los 40, se cumplía la máxima de que una vez que se es un espía, nunca se deja de serlo, y las consecuencias que eso tiene en la personalidad de Sally/Eva quedan muy claras. De hecho, nunca llegamos a estar muy seguros de si todo lo que ella cree que está pasando es real. La resolución de la historia puede ser un poco anticlimática (no en la línea argumental en los 40; ahí de repente empiezan a caer fichas de dominó y todo cobra sentido de golpe, confirmando las sospechas que podemos tener desde el principio), pero en realidad lo que más le importa a "Restless" es mostrar esas consecuencias y esa paranoia de la que resulta muy difícil escapar.
P.D. podcastero: Segundo especial de "Yo disparé a JR" sobre lo más destacado de la televisión en 2012, y esta vez hablamos con Irene Cívico, de "ByTheWay", sobre los dramas de las networks.
Ir a descargar
Eva Delectorskaya se ve propulsada así a un mundo de secretos, verdades a medias y desinformación llevados a cabo en edificios austeros y mal iluminados, y en el que le sirve de Pigmalión el carismático Lucas Romer, un veterano espía que tiene un puesto de cierta importancia en el servicio secreto y que es el que recluta y entrena personalmente a Eva. Pero todo esto lo vamos sabiendo al mismo tiempo que lo descubre la hija de Eva, Ruth, cuya madre vive bajo otro nombre y está convencida, treinta años después del fin de la Segunda Guerra Mundial, de que alguien la ha descubierto y que va a intentar matarla. Esa narración en dos líneas temporales, y el paralelismo de los caminos de descubrimiento de Eva y Ruth, es la columna vertebral de la adaptación a televisión de "Restless" emitida por BBC en dos capítulos de 90 minutos, y con Hayley Atwell, Rufus Sewell, Charlotte Rampling y Michelle Dockery como principales protagonistas. Lo más interesante de la miniserie es que toque esa operación para intentar manipular a la opinión pública estadounidense para que apoyara el auxilio bélico del Reino Unido y, sobre todo, el retrato psicológico de Eva, que aprende desde el principio que el viejo mantra de Fox Mulder, "no confíes en nadie", es su única salvación para mantenerse con vida.
Así, la Sally Gilmartin de los 70 (que es la identidad bajo la que vive Eva) mantiene los mismos hábitos de su juventud y desconfía de cualquier suceso inesperado que parezca una coincidencia, desplegando algo rayano en la paranoia que su hija, al principio, no logra comprender. La dinámica entre las dos, y cómo Ruth va desarrollando las mismas desconfianzas que su madre, es uno de los aspectos mejor logrados de "Restless" (además de que Rampling siempre ha sido una actriz muy interesante, y muy guapa de joven), que también consigue crear cierta tensión cuando Eva empieza a meterse de lleno en el servicio secreto británico, incluso aunque sus tareas sólo sean, en teoría, escribir falsas noticias propagandísticas o hacer de correo. El panorama que se esconde tras la superficie de la miniserie se va desplegando poco a poco, al mismo tiempo que Eva lo va descubriendo y su hija, redescubriendo treinta años más tarde, y en ningún momento se pierde cierta elegancia, que contrasta con la realidad de lo que está contando.
Boyd apuntaba en aquel artículo de "The Guardian" que se había dado cuenta de que, para todos aquellos agentes de inteligencia de los 40, se cumplía la máxima de que una vez que se es un espía, nunca se deja de serlo, y las consecuencias que eso tiene en la personalidad de Sally/Eva quedan muy claras. De hecho, nunca llegamos a estar muy seguros de si todo lo que ella cree que está pasando es real. La resolución de la historia puede ser un poco anticlimática (no en la línea argumental en los 40; ahí de repente empiezan a caer fichas de dominó y todo cobra sentido de golpe, confirmando las sospechas que podemos tener desde el principio), pero en realidad lo que más le importa a "Restless" es mostrar esas consecuencias y esa paranoia de la que resulta muy difícil escapar.
P.D. podcastero: Segundo especial de "Yo disparé a JR" sobre lo más destacado de la televisión en 2012, y esta vez hablamos con Irene Cívico, de "ByTheWay", sobre los dramas de las networks.
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01 enero 2013
Las series de autor
En el libro "The revolution was televised", el crítico Alan Sepinwall traza un poco un recorrido por las series que han marcado la ficción televisiva reciente, remontándose a "Buffy, cazavampiros" y "Oz", y cuenta cómo era el caldo de cultivo en el que estas series pudieron no sólo imaginarse, sino producirse, emitirse y hasta tener éxito. Varios creadores describen el ambiente que había entonces en cadenas como HBO como el "Salvaje Oeste", un lugar en el que se iban haciendo las reglas sobre la marcha y en el que todo el mundo estaba dispuesto a arriesgar porque, en realidad, no tenían nada que perder. HBO emitió "Oz" porque quería crearse su propia imagen de marca en medio de todos los canales por cable, y su ejemplo animó a otras cadenas a hacer algo parecido, como FX. The WB era un canal de historia muy reciente que buscaba programación orientada al público joven, y en el que se daba la oportunidad a que cosas como "Buffy" y creadores como J.J. Abrams tuvieran la ocasión de buscar ese público. ABC estaba en una situación tan desesperada en 2004, que el ejecutivo al que se le ocurrió la idea de "Perdidos" sabía que podía ser despedido antes de que se estrenara el piloto (como así ocurrió).
Y luego llegamos a AMC. En todas las cadenas antes mencionadas, al periodo del Salvaje Oeste le siguió otro más convencional, en el que ya no podían arriesgarse tanto porque ahora sí tenían bastante en juego, y fueron otras cadenas que estaban empezando a introducirse en la ficción de producción propia las que tomaron el relevo de las series "de autor", las que buscaban a guionistas con voces propias y les daban el entorno apropiado para mostraran esas voces, lo que, a su vez, le permitía a la cadena ir creándose su propia imagen. En el libro de Sepinwall, en el capítulo dedicado a "Mad Men", se explica que AMC empezó a plantearse desarrollar sus propias series para diferenciarse de TCM, su principal competidor en las cadenas de cine, y que buscaba además series que pudieran encajar de algún modo con el catálogo de películas que tenían a su disposición. El estreno de "Mad Men" fue precedido de varios filmes clásicos de los 50, para apoyar "Breaking Bad" emitieron antes "Uno de los nuestros" e hicieron coincidir el estreno de "The Walking Dead" en 2010 con el maratón de películas de terror que programan tradicionalmente en Halloween.
Desde entonces, la adaptación de los cómics de Robert Kirkman ha explotado como la serie más vista del cable y una de las tres más vistas de la televisión estadounidense en general, con unos cerca de once millones de espectadores de media que son la envidia del 90% de las series de network, y que triplican las audiencias que tiene, por ejemplo, "Mad Men". Semejante éxito, ya desde la primera entrega, ha llevado a que, de repente, a AMC se la vea no como la heredera de HBO, sino como a otra cadena de televisión más, movida más por los números que la calidad, y que se permite el lujo de reemplazar showrunners como si fuera la CBS. Las agrias negociaciones con Matthew Weiner para renovar su serie ya comenzaron a arrojar dudas sobre la gestión de AMC, y el despido de Frank Darabont y, después, Glen Mazzara de "The Walking Dead" ha terminado por conllevar que algunos críticos se pregunten si ha muerto la televisión de autor cuyo ascenso se cuenta en el libro de Sepinwall. Quizás habría que decir que, cuando se tienen once millones de espectadores, no hay autores que valgan.
Cuando AMC dio luz verde a "Mad Men" y "Breaking Bad", no soñaban con que tendrían la misma audiencia que un capítulo de "Once upon a time". Se conformaban con tener buena respuesta crítica y que les ayudaran a crear una imagen de marca diferenciada del resto de canales de cable básico que emiten películas clásicas. Luego llegaron los Emmy y se empezó a gestar alrededor de la cadena esa idea de que era algo así como "la nueva HBO" (con sólo dos series estrenadas), una idea que la puso en un pedestal tan alto, que la caída tenía que ser monumental. Además, es muy cierto que, excepto en "The Killing", AMC ha tenido problemas con todos los showrunners de sus series, aunque a veces los cambios fueron para bien, como dirá cualquier fan de "The Walking Dead" que se pasó toda la segunda temporada quejándose amargamente de la granja de Hershel. La conclusión de todo esto es que, de golpe, AMC ya no es una cadena de delicatessen, sino una como otra cualquiera, más preocupada por su modelo de negocio que por la calidad (algo que se les aplica al 100% de las cadenas, incluida HBO). "The Walking Dead" es su mayor éxito, lo co-producen ellos junto con Fox International Channels y quieren que siga así, por lo que no consideran que el puesto de showrunner sea sagrado. Probablemente, mientras Robert Kirkman siga unido a la serie, esa posición será como la de entrenador del Atlético de Madrid.
¿Es esto culpa de la cadena o de los críticos que la endiosaron antes de tiempo? Lo realmente curioso de todo es que uno de los propietarios de AMC, Charles Dolan, es también el padre del actual dueño de los New York Knicks, James Dolan, y los Knicks son lo más parecido al Atleti que hay en la NBA. Eso quizás explique muchas cosas.
Y luego llegamos a AMC. En todas las cadenas antes mencionadas, al periodo del Salvaje Oeste le siguió otro más convencional, en el que ya no podían arriesgarse tanto porque ahora sí tenían bastante en juego, y fueron otras cadenas que estaban empezando a introducirse en la ficción de producción propia las que tomaron el relevo de las series "de autor", las que buscaban a guionistas con voces propias y les daban el entorno apropiado para mostraran esas voces, lo que, a su vez, le permitía a la cadena ir creándose su propia imagen. En el libro de Sepinwall, en el capítulo dedicado a "Mad Men", se explica que AMC empezó a plantearse desarrollar sus propias series para diferenciarse de TCM, su principal competidor en las cadenas de cine, y que buscaba además series que pudieran encajar de algún modo con el catálogo de películas que tenían a su disposición. El estreno de "Mad Men" fue precedido de varios filmes clásicos de los 50, para apoyar "Breaking Bad" emitieron antes "Uno de los nuestros" e hicieron coincidir el estreno de "The Walking Dead" en 2010 con el maratón de películas de terror que programan tradicionalmente en Halloween.
Desde entonces, la adaptación de los cómics de Robert Kirkman ha explotado como la serie más vista del cable y una de las tres más vistas de la televisión estadounidense en general, con unos cerca de once millones de espectadores de media que son la envidia del 90% de las series de network, y que triplican las audiencias que tiene, por ejemplo, "Mad Men". Semejante éxito, ya desde la primera entrega, ha llevado a que, de repente, a AMC se la vea no como la heredera de HBO, sino como a otra cadena de televisión más, movida más por los números que la calidad, y que se permite el lujo de reemplazar showrunners como si fuera la CBS. Las agrias negociaciones con Matthew Weiner para renovar su serie ya comenzaron a arrojar dudas sobre la gestión de AMC, y el despido de Frank Darabont y, después, Glen Mazzara de "The Walking Dead" ha terminado por conllevar que algunos críticos se pregunten si ha muerto la televisión de autor cuyo ascenso se cuenta en el libro de Sepinwall. Quizás habría que decir que, cuando se tienen once millones de espectadores, no hay autores que valgan.
Cuando AMC dio luz verde a "Mad Men" y "Breaking Bad", no soñaban con que tendrían la misma audiencia que un capítulo de "Once upon a time". Se conformaban con tener buena respuesta crítica y que les ayudaran a crear una imagen de marca diferenciada del resto de canales de cable básico que emiten películas clásicas. Luego llegaron los Emmy y se empezó a gestar alrededor de la cadena esa idea de que era algo así como "la nueva HBO" (con sólo dos series estrenadas), una idea que la puso en un pedestal tan alto, que la caída tenía que ser monumental. Además, es muy cierto que, excepto en "The Killing", AMC ha tenido problemas con todos los showrunners de sus series, aunque a veces los cambios fueron para bien, como dirá cualquier fan de "The Walking Dead" que se pasó toda la segunda temporada quejándose amargamente de la granja de Hershel. La conclusión de todo esto es que, de golpe, AMC ya no es una cadena de delicatessen, sino una como otra cualquiera, más preocupada por su modelo de negocio que por la calidad (algo que se les aplica al 100% de las cadenas, incluida HBO). "The Walking Dead" es su mayor éxito, lo co-producen ellos junto con Fox International Channels y quieren que siga así, por lo que no consideran que el puesto de showrunner sea sagrado. Probablemente, mientras Robert Kirkman siga unido a la serie, esa posición será como la de entrenador del Atlético de Madrid.
¿Es esto culpa de la cadena o de los críticos que la endiosaron antes de tiempo? Lo realmente curioso de todo es que uno de los propietarios de AMC, Charles Dolan, es también el padre del actual dueño de los New York Knicks, James Dolan, y los Knicks son lo más parecido al Atleti que hay en la NBA. Eso quizás explique muchas cosas.
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