En unas dos semanas, más o menos, sabremos si todas las especulaciones que llevamos meses lanzando sobre los posibles nominados a los Emmy se hacen realidad o no. Y sabremos si éste es un año en el que los premios dejan entrar aire fresco, o si se quedan con los sospechosos habituales, que suele ser su modo normal de operar. Las listas de los actores que podrían lograr su primera candidatura son un clásico de estas semanas previas a la lectura de las nominaciones (la harán Kate Mara y Aaron Paul el día 18), y este año hay inclusiones muy peculiares en ellas.
En la de The Hollywood Reporter Tenemos desde lo que serían auténticas sorpresas, como Hayden Panettiere ("Nashville") o Jonny Lee Miller ("Elementary"), a opciones que los críticos piden insistentemente, caso de Jake Johnson ("New Girl"), la nueva "niña bonita" Tatiana Maslany ("Orphan Black") o Monica Potter ("Parenthood"). Algunos de ellos ya han sonado con anterioridad como merecedores de reconocimiento; Michael Cudlitz ha sido siempre uno de los actores de "Southland" que más parabienes ha recibido, pero su serie es de las que no ha conseguido entrar en el radar de los Emmy. Su caso es similar al de Mary McDonnell por "Battlestar Galactica"; en las dos últimas temporadas de esa serie, sonaba constantemente para entrar en la terna de candidatas de actrices protagonistas de drama, pero al final se quedaba fuera invariablemente. Otros de los propuestos por THR son viejos conocidos que, sin embargo, no habían sido hasta ahora tenidos en cuenta porque, en el caso de Kiernan Shipka ("Mad Men"), eran demasiado jóvenes.
Lo cierto es que colarse en los Emmy por primera vez es muy complicado, a no ser que ya seas una estrella del cine o que seas el protagonista absoluto de un fenómeno del nivel de "Perdidos" en su primera temporada, o de "Mad Men" (que era otro tipo de fenómeno). Con el sistema de votación para elegir a los candidatos, que utiliza una enorme papeleta en la que se acaba votando por inercia o porque te suena más el nombre de tal o cual actor que el de otros, es harto difícil que intérpretes semidesconocidos tengan una oportunidad real de ir a la gala de los Emmy como algo más que simple público. Los actores no mandan los episodios por los que quieren que se les juzgue hasta que no son nominados, y teniendo en cuenta que los académicos, paradójicamente, no suelen ver la tele, tiene que darse una "tormenta perfecta" para que algunos de estos primerizos cuenten de verdad.
P.D. podcastero: Por segundo año, dedicamos un programa entero a especular sobre los posibles nominados a los Emmy, que anunciarán Kate Mara y Aaron Paul el día 18. Y lo hacemos convertidos en "Yo disparé a la sexta nominada", porque contamos con la colaboración de Daniel M. Mantilla y Juan L. Sanguino, de "La sexta nominada", el podcast de Premios Oscar. El menú del día es éste:
- 0': Actor secundario de comedia.
- 13’: Actriz secundaria de comedia.
- 24’: Actor protagonista de comedia.
- 35’: Actriz protagonista de comedia.
- 47’: Serie de comedia.
- 61’: Actor secundario de drama.
- 78’: Actriz secundaria de drama.
- 90’: Actor protagonista de drama.
- 100’: Actriz protagonista de drama.
- 116’: Serie de drama.
03 julio 2013
02 julio 2013
La vida secreta del condado de Absaroka
En esta era de las miniseries de aires indies, series de prestigio llenas de simbolismos, comedias de humor inteligente y metarreferencial o dramas con tramas serializadas llenos de "huevos de Pascua" en cada fotograma, se tiende a descartar como algo menor a las series a la vieja usanza, las que se construyen con una historia muy clara, con capítulos casi siempre autoconclusivos y dando serialidad al asunto a través de sus personajes y las relaciones entre ellos. Evidentemente, tienen menos aspiraciones y, generalmente, son menos ambiciosas que todas las que se suelen incluir en las listas de lo mejor del año, pero no hay que subestimarlas. Cumplen una función, que es entretener dándole al espectador algo que conoce ya muy bien, pero de un modo que no le resulte demasiado familiar y que le lleve a seguir viendo más episodios.
El canal A&E se animó a las series de producción propia hace ya unos pocos años con series de ese estilo, muchas de ellas policiacas, pero no ha conseguido un éxito de verdad hasta que no llegó "Longmire". La adaptación de los libros de Craig Johnson, centrados en un sheriff del ficticio condado de Absaroka, en Wyoming, está congregando a unos seis millones de espectadores en su segunda temporada, y aunque todavía está lejos de las cifras de "The Closer" o "Burn notice" en sus buenos tiempos, o de los más de trece millones de espectadores que congregó el estreno de "Under the dome", sí puede decirse que es uno de los éxitos del verano. Y lo es con unas armas muy sencillas que hemos contado antes, y sin hacer demasiado ruido en blogs y medios especializados. Aquí no hay grandes misterios más grandes de la vida, pero sí hay personajes que guardan bastantes secretos, y esos secretos están centrando parte de las subtramas de los nuevos capítulos.
No es extraño que los guionistas de una serie policiaca convencional decidan profundizar un poco más en sus protagonistas en la segunda temporada. Al fin y al cabo, la audiencia ya sabe cuál es la fórmula y qué tipo de casos se resuelen, y ha tenido toda una entrega inicial para familiarizarse con los personajes y decidir quiénes son sus favoritos. Con la fase de presentación y asentamiento ya finalizada, uno puede dedicarse a mostrar en más detalle, por ejemplo, la gran ambición y frustración de Branch Conally, que le lleva a estar chocando constantemente con Walt y sus métodos y principios de otra época. El sheriff, mientras tanto, no logra escapar de las sombras que rodearon a la muerte de su esposa, y su ayudante, Vic Moretti, tiene más secretos que no ha compartido con nadie del pueblo, aparte de un matrimonio no muy boyante del que casi no habla. Longmire puede ser un investigador capaz de captar los aspectos más ocultos de algunos de sus casos, pero en lo que respecta a la gente de su alrededor, suele estar bastante en la inopia.
Esta primera mitad de la segunda temporada también ha introducido algo más de serialización en las elecciones a sheriff (un tema que viene ya del piloto), y el hecho de que todo el mundo tenga secretos que no quiere que salgan a la luz puede tener interesantes consecuencias en la dinámica entre todos. Ya hemos visto que Walt y Branch se tratan, como mínimo, con frialdad después de la tensión que se instaló entre ellos al final de la primera temporada, y aunque Longmire y Vic trabajen juntos muy a menudo, y sean los que más hablan de sus vidas (hasta cierto punto), será curioso ver cómo reaccionarían si supieran el secreto que el otro les está ocultando. Con estos dos, además, hay un detalle de los libros que tan sólo se ha insinuado con Vic, y que tengo curiosidad por ver si la serie decide potenciar o dejar de lado.
El canal A&E se animó a las series de producción propia hace ya unos pocos años con series de ese estilo, muchas de ellas policiacas, pero no ha conseguido un éxito de verdad hasta que no llegó "Longmire". La adaptación de los libros de Craig Johnson, centrados en un sheriff del ficticio condado de Absaroka, en Wyoming, está congregando a unos seis millones de espectadores en su segunda temporada, y aunque todavía está lejos de las cifras de "The Closer" o "Burn notice" en sus buenos tiempos, o de los más de trece millones de espectadores que congregó el estreno de "Under the dome", sí puede decirse que es uno de los éxitos del verano. Y lo es con unas armas muy sencillas que hemos contado antes, y sin hacer demasiado ruido en blogs y medios especializados. Aquí no hay grandes misterios más grandes de la vida, pero sí hay personajes que guardan bastantes secretos, y esos secretos están centrando parte de las subtramas de los nuevos capítulos.
No es extraño que los guionistas de una serie policiaca convencional decidan profundizar un poco más en sus protagonistas en la segunda temporada. Al fin y al cabo, la audiencia ya sabe cuál es la fórmula y qué tipo de casos se resuelen, y ha tenido toda una entrega inicial para familiarizarse con los personajes y decidir quiénes son sus favoritos. Con la fase de presentación y asentamiento ya finalizada, uno puede dedicarse a mostrar en más detalle, por ejemplo, la gran ambición y frustración de Branch Conally, que le lleva a estar chocando constantemente con Walt y sus métodos y principios de otra época. El sheriff, mientras tanto, no logra escapar de las sombras que rodearon a la muerte de su esposa, y su ayudante, Vic Moretti, tiene más secretos que no ha compartido con nadie del pueblo, aparte de un matrimonio no muy boyante del que casi no habla. Longmire puede ser un investigador capaz de captar los aspectos más ocultos de algunos de sus casos, pero en lo que respecta a la gente de su alrededor, suele estar bastante en la inopia.
Esta primera mitad de la segunda temporada también ha introducido algo más de serialización en las elecciones a sheriff (un tema que viene ya del piloto), y el hecho de que todo el mundo tenga secretos que no quiere que salgan a la luz puede tener interesantes consecuencias en la dinámica entre todos. Ya hemos visto que Walt y Branch se tratan, como mínimo, con frialdad después de la tensión que se instaló entre ellos al final de la primera temporada, y aunque Longmire y Vic trabajen juntos muy a menudo, y sean los que más hablan de sus vidas (hasta cierto punto), será curioso ver cómo reaccionarían si supieran el secreto que el otro les está ocultando. Con estos dos, además, hay un detalle de los libros que tan sólo se ha insinuado con Vic, y que tengo curiosidad por ver si la serie decide potenciar o dejar de lado.
01 julio 2013
Televisión de serie B
Desde hace un tiempo, los críticos estadounidenses, principalmente, están escribiendo todo tipo de radiografías del estado de la ficción televisiva, determinando que la tan cacareada "segunda edad de oro" de las series se ha terminado o, como mucho, estamos viviendo sus últimos coletazos al mismo tiempo que se consolidan definitivamente los cambios en el modo de visionado de esos títulos. Sin embargo, casi al mismo tiempo, la crítica Maureen Ryan, en The Huffington Post, apuntaba hace un par de semanas la aparición de una nueva tendencia en esa ficción, una tendencia que ella describía como de película de serie B, y que estaba constituida por "un dinámico grupo de dramas discretamente subversivos (...). Estas series se originan a menudo en el extranjero, varias de ellas tienen a protagonistas femeninas complejas y utilizan inteligentemente las normas del terror, el misterio, los culebrones, la ciencia ficción y los thrillers para bosquejar de un modo barato historias entretenidas".
Ryan continúa explicando que "quizás lo más refrescante sobre estas series es su falta de pretensiones; un presupuesto bajo tiene a disminuir el factor altanero. Las series, generalmente de bajo presupuesto, mencionadas aquí tienen ideas inteligentes, valentía estética y una energía motivadora, pero, como ocurre con las mejores películas de serie B, lo primero es entretener". El artículo cita, como ejemplos, "Continuum", "The Fall", "American Horror Story", "Banshee", "The Bletchley Circle" o la que bien puede ser el caso más paradigmático, "Orphan Black". Ya hemos comentado alguna que otra vez el peculiar caso de esta serie, que empezó en BBC America volando bajo el radar del tramo final de la séptima temporada de "Doctor Who" (con la que compartía día de emisión), y terminó su primera entrega convertida en toda una revelación, y ganando para su causa hasta a los críticos más reacios a la ciencia ficción en Estados Unidos.
No es que no haya grandes ideas detrás de la concepción de la serie (que John Fawcett y Graeme Manson insinúan en esta breve entrevista), pero su motor es el entretenimiento, ofrecer al espectador 45 minutos de diversión en forma de thriller de ciencia ficción con toques de drama de familia muy disfuncional (pero mucho), y siempre impulsados por todos esos personajes con la misma apariencia física, pero con identidades diferentes y propias. En ocasiones, "Orphan Black" es una versión menos cafeinada de "Alias" y con una mitología más coherente, de momento. Por todo eso es un poco la "chica de portada" de esta televisión de serie B, y con ella hay que mencionar "Continuum" por algo que comentamos también hace ya un tiempo, que es el hecho de que su protagonista, Kiera Cameron, sea la heroína con todas las letras del show. Ella es la que salva siempre al resto de personajes y la que tiene los superpoderes, por decirlo de algún modo.
Este concepto introducido por Maureen Ryan, de todos modos, no es algo monolítico y fijo. Sus límites son bastante elásticos, porque yo no incluiría aquí "The Fall". Tiene mayores pretensiones, aunque es cierto que comparte esa apuesta por un estilo visual característico y sitúa en su centro a un personaje femenino bastante complejo, y tanto ella como "Rectify" tendrían que entrar más en una clasificación de televisión indie, hecha igualmente con cuatro duros pero con más aspiraciones que el mero entretenimiento. Es cierto, eso sí, que juega con las reglas de los thrillers de asesinos en serie, las subvierte ligeramente y acaba contando algo más que sólo la investigación de varios asesinatos de mujeres. Curiosamente, en ese aspecto, tiene más puntos de contacto con "Hannibal" que con "Principal sospechoso".
Ryan continúa explicando que "quizás lo más refrescante sobre estas series es su falta de pretensiones; un presupuesto bajo tiene a disminuir el factor altanero. Las series, generalmente de bajo presupuesto, mencionadas aquí tienen ideas inteligentes, valentía estética y una energía motivadora, pero, como ocurre con las mejores películas de serie B, lo primero es entretener". El artículo cita, como ejemplos, "Continuum", "The Fall", "American Horror Story", "Banshee", "The Bletchley Circle" o la que bien puede ser el caso más paradigmático, "Orphan Black". Ya hemos comentado alguna que otra vez el peculiar caso de esta serie, que empezó en BBC America volando bajo el radar del tramo final de la séptima temporada de "Doctor Who" (con la que compartía día de emisión), y terminó su primera entrega convertida en toda una revelación, y ganando para su causa hasta a los críticos más reacios a la ciencia ficción en Estados Unidos.
No es que no haya grandes ideas detrás de la concepción de la serie (que John Fawcett y Graeme Manson insinúan en esta breve entrevista), pero su motor es el entretenimiento, ofrecer al espectador 45 minutos de diversión en forma de thriller de ciencia ficción con toques de drama de familia muy disfuncional (pero mucho), y siempre impulsados por todos esos personajes con la misma apariencia física, pero con identidades diferentes y propias. En ocasiones, "Orphan Black" es una versión menos cafeinada de "Alias" y con una mitología más coherente, de momento. Por todo eso es un poco la "chica de portada" de esta televisión de serie B, y con ella hay que mencionar "Continuum" por algo que comentamos también hace ya un tiempo, que es el hecho de que su protagonista, Kiera Cameron, sea la heroína con todas las letras del show. Ella es la que salva siempre al resto de personajes y la que tiene los superpoderes, por decirlo de algún modo.
Este concepto introducido por Maureen Ryan, de todos modos, no es algo monolítico y fijo. Sus límites son bastante elásticos, porque yo no incluiría aquí "The Fall". Tiene mayores pretensiones, aunque es cierto que comparte esa apuesta por un estilo visual característico y sitúa en su centro a un personaje femenino bastante complejo, y tanto ella como "Rectify" tendrían que entrar más en una clasificación de televisión indie, hecha igualmente con cuatro duros pero con más aspiraciones que el mero entretenimiento. Es cierto, eso sí, que juega con las reglas de los thrillers de asesinos en serie, las subvierte ligeramente y acaba contando algo más que sólo la investigación de varios asesinatos de mujeres. Curiosamente, en ese aspecto, tiene más puntos de contacto con "Hannibal" que con "Principal sospechoso".
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


