11 julio 2013

Los siete críticos de televisión

Hace ya algunas semanas, el blog Monkey See de NPR, la radio pública estadounidense, publicaba una curiosa entrada en la que intentaba diferenciar los siete tipos diferentes de escribir sobre televisión, así en general. Lo hacía hablando sobre el boom que ha habido en la última década de artículos dedicados a las series, sobre todo, y especialmente en el mundo digital, donde los blogs y las webs centradas en este tema han crecido exponencialmente desde el estreno de "Perdidos". La especie del crítico de televisión se ha hecho tan conocida como el cinematográfico, y las opiniones sobre los últimos estrenos o los clásicos son tan comunes como una charla sobre si el último blockbuster veraniego nos ha convencido o no.

En más de una ocasión hemos hablado sobre los recaps y las críticas semanales, capítulo a capítulo, y si tienen alguna utilidad, pero lo que Linda Holmes pretende es algo más académico, como si dijéramos, una clasificación de los tipos de críticos de televisión que hay en Estados Unidos, al menos, basada en las cosas en las que se fijan a la hora de reseñar las series. Está, por ejemplo, el modelo del oficio, que se fija en la calidad de la dirección, del guión, de la interpretación, del diseño de producción, de la fotigrafía, etc. Luego tenemos el ético, al que le interesa más hablar de la serie teniendo en cuenta las implicaciones sociológicas tanto de lo que cuenta la serie, como de su proceso de producción. El tercer modelo es el del puzzle. Su impulso es buscar significados ocultos e intentar descifrar la simbología del programa, algo que tiene siempre el riesgo de irse de las manos muy rápidamente, y que alcanzó su máxima expresión con "Perdidos".

Una cuarta opción es la del creador, la de centrarse en quién es el responsable de la serie y buscar el modo en el que uno y otra son indivisibles. En Monkey See dicen que es algo similar a la teoría del autor en el cine (impulsada sobre todo por los críticos franceses de "Cahiers du Cinema"). También puede seguirse el modelo de los comentarios ingeniosos, en el que las críticas se utilizan como excusas para hacer chistes de todo tipo, y uno muy curioso que es el de las viñetas. Éste se basa en utilizar un aspecto muy concreto de la serie como punto de partida, como si importa la bisexualidad de Kalinda, o si Olivia Pope debería seguir con el presidente, o si a Betty Draper nadie la entiende. a partir de ahí, se puede hacer todo un tratado sobre la política sexual de "Mad Men", por ejemplo, con lo que nos meteríamos en el modelo ético.

La última división es la del modelo de servicio, que es en el que entran los recaps y resúmenes de episodios, esos en los que se cuenta lo que ha pasado sin pretender ir más allá. Éste no es santo de mi devoción, así que no suelo emplearlo, pero es muy probable que gran parte de los que estamos a todas horas escribiendo sobre series lo hagamos mezclando los seis tipos anteriores. Puede haber quien esté más centrado en unos que en otros, pero como apunta la propia Holmes, lo más normal es que se salte de unos a otros dependiendo de lo que se quiera decir en cada momento de una serie, y que no se den en su "estado puro". Puede no ser más que un divertimento veraniego sin mayor importancia, pero lo cierto es que resume bastante bien lo que se suele comentar en la crítica televisiva actual. ¿Tenéis un modelo de éstos que os interese más?

P.D.: Por cierto, la foto corresponde a la quinta temporada de "The Wire", que por fin he empezado, y a su subtrama centrada en los periodistas del Baltimore Sun. En su momento, hubo bastantes críticas que apuntaban que ésa había sido una historia floja para los estándares de la serie, y creo que adivino el por qué. Le falta un poco de sutileza, y cualquiera que conozca la historia de Jayson Blair en The New York Times se hace una idea de por dónde van los tiros. Es una crítica muy válida hacia la situación actual del periodismo, eso desde luego.

10 julio 2013

La Gran Muralla entre el odio y el amor

"No hay una fina línea entre el amor y el odio. Hay una Gran Muralla China con guardias cada cien metros entre el amor y el odio". Esta frase de "House" puede muy bien resumir el reto que se les presenta a esas series cuya primera temporada se convirtió en objeto del hate-watching, y que regresan con la segunda ante la duda de si esos espectadores las abandonarán o seguirán con su masoquismo. Ya hemos hablado otras veces de la situación en la que estaban "Smash" en su segunda entrega y "The Killing" al iniciar esta tercera, intentando convencer al público potencial de que habían hecho propósito de enmienda y de que merecía la pena darles una nueva oportunidad, pero quizás ninguna se encontraba en la misma y peculiar posición en la que se encuentra "The Newsroom".

La serie vuelve el domingo a HBO, después de haber sufrido el verano pasado un vapuleo generalizado por parte de la crítica estadounidense, que pensaba que Aaron Sorkin no estaba ni de lejos a la altura de lo que se esperaba de él al hacer un drama sobre un canal de noticias 24 horas en HBO. Independientemente de que pareciera que estábamos viendo en realidad una serie de la NBC de hace cinco años, "The Newsroom" fue duramente criticada por cómo pintaba a sus mujeres como ineptas que necesitaban que los inteligentes hombres a su alrededor las rescatasen, por cómo utilizaba noticias reales con el ventajismo que da observarlas dos años más tarde de cuando tuvieron lugar y porque los sermones y el adoctrinamiento que siempre han subyacido en bastantes proyectos de Sorkin estaban aquí tan desatados como en "Studio 60". La serie tuvo sus defensores, pero no muchos, y hasta ellos se preguntan, como hacen en "The daily beast", si las nominaciones al Globo de Oro y al SAG y las voces a su favor que surgieron al final de la temporada obligan a preguntar: "¿quiere esto decir que, a pesar del odio y las críticas vertidas sobre la primera temporada de "The Newsroom", deberíamos estar emocionados por su regreso?"

Curiosamente, parece que Sorkin ha hecho autocrítica y que se ha dispuesto a corregir las cosas que él sentía que fallaban en la serie. En "The Hollywood Reporter" se contaban hace un mes o así todas las cosas que se habían reformado para la segunda temporada, incluyendo una reducción de episodios de diez a nueve porque Sorkin no estaba convencido de cómo habían salido los tres primeros y un arco serializado sobre una historia que creará problemas legales a la cadena (inspirada en ésta sobre el supuesto uso de gas sarín por el ejército estadounidense en Vietnam). A priori, no se puede saber si todo esto será suficiente para acallar a los hate-watchers, y si sacará "The Newsroom" de la lista de decepciones recientes de la tele estadounidense, pero sí puede picar la curiosidad de quienes, a lo mejor, pensaban ver el inicio de la temporada para ver si Will McAvoy y los suyos seguían igual que antes o no.

En mi caso, creo que le daré otra oportunidad para ver si todas sus piezas encajan mejor y si es menos pretenciosa, o si el nivel de la serie se ha puesto a la altura de sus pretensiones. Con "The Newsroom", las reacciones estaban divididas entre los sorkinistas entregados, los escépticos y los muy críticos, así que será interesante ver si las divisiones se acentúan o si se difuminan.

09 julio 2013

La ira de Spock

En las sagas cinematográficas iniciales de "La guerra de las galaxias" y "Star Trek", la segunda película era mejor que la primera. "El Imperio contraataca" y "La ira de Khan" aprovechaban que ya no tenían que presentar nada, y que el público ya las conocía, para adentrarse por caminos más "oscuros" que implicaban de un modo más profundo a sus personajes. Así que es curioso que en el reboot de la franquicia creada por Gene Roddenberry sea también la segunda cinta dirigida por J.J. Abrams, "Star Trek: En la oscuridad", la que resulta mejor que la primera. Aquella tenía que introducir de nuevo a la tripulación de la USS Enterprise y relanzar desde cero una saga que lleva a cuestas casi cincuenta años de historia, con una decena de películas y cinco series de televisión, y cumplía de sobra su cometido. Con la segunda, Abrams y compañía no han ido tanto por el camino de "El caballero oscuro" como, simplemente, por la senda marcada por las primeras cintas que protagonizaron en el cine William Shatner, Leonard Nimoy y el resto de actores de la serie clásica. Y el resultado es un blockbuster sumamente entretenido.

La esencia de "Star Trek" se mantiene y hasta se nota más que en el reinicio de 2009, sobre todo porque la amistad de Kirk y Spock se transforma en el centro de todo el relato, como ocurría también con Shatner y Nimoy. Chris Pine y Zachary Quinto transmiten lo que hacía a aquellos personajes ser como eran, pero con su propio toque, del ligoteo incansable de Kirk a la lógica inquebrantable de Spock, y sus discusiones los construyen como el eje de la película, aquellos que van a tener que sufrir una mayor prueba durante todo su enfrentamiento con el villano interpretado por Benedict Cumberbatch. Ellos dos, además, se encargan de que la sensación de ver "En la oscuridad" remita a veces no sólo a "La ira de Khan", sino también a la tercera, "En busca de Spock". Hay multitud de guiños para fans (de los que BuzzFeed recoge aquí sólo diez) y yo no podía quitarme de encima esa sensación de estar viendo una cinta de la saga de las de antes (yo siempre fui más fan de las películas de "Star Trek" que de las series, de las que he visto muy poco).

De todos modos, en lo que esta película incide bastante es en el viaje emocional de Spock. El vulcaniano es un personaje estoico, imperturbable y movido por la lógica, contrastando mucho con un Kirk acostumbrado a salirse con la suya casi basándose sólo en su encanto, y al que no le importa saltarse las normas para hacer ciertas cosas. Entre su amigo y Uhura ponen a prueba su mitad humana, casi siempre subyugada ante el lado cerebral de su mitad alienígena, y tiene que encontrar la manera de que ambas puedan convivir armónicamente en él. Spock es un poco el principal protagonista de las dos películas dirigidas por Abrams precisamente por esa dualidad entre emoción y fría lógica, pero eso no quita para que ésta última no sea realmente entretenida. Y para que mantenga la costumbre de la primera de terminar recordando los títulos de crédito de la serie original.