03 abril 2014

Dejarse llevar

A propósito del estreno de la cuarta temporada de "Juego tronos" este domingo en HBO (y el lunes en Canal+) el crítico Andy Greenwald publicaba en Grantland un artículo que servía tanto como comentario sobre los tres episodios de la entrega que había podido ver, como sobre algunas de las tendencias más acusadas en los últimos tiempos entre los espectadores de todo tipo de series, en concreto, la obsesión por gritar "¡salto del tiburón!" a las mínimas de cambio. Greenwald decía que "las ganas que tienen algunos por identificar el momento preciso en el que una serie se vuelve irredimible nunca han tenido ningún sentido para mí. Huele a esa especie de pesimismo arraigado que convierte en imposible el compromiso genuino. Es como ver esquí olímpico y animar a la montaña. Además, lo que hace a la televisión tan especial y emocionante es que, al contrario de lo que los "saltodeltiburoneros" querrían que creyeras, siempre está en movimiento". Por supuesto, mencionaba los dos últimos casos más extremos de esta tendencia en sus dos vertientes; la de "es lo mejor del mundo mundial" con "True Detective" y la de "es lo peor que he visto nunca" con el final de "Cómo conocí a vuestra madre", y todo encaja básicamente en lo mismo; nuestra resistencia a, simplemente, dejarnos llevar por las series.

Era una discusión muy habitual durante la emisión de "Perdidos", cuyos fans se dividían entre los que querían ver el final ya, y los que disfrutaban del camino. Esa exacta expresión, "lo importante es el camino", acompañó a esa serie prácticamente desde su segunda temporada, cuando los misterios de la isla no hacían más que complicarse, pero es quizás la aproximación más "correcta" (si es que hay alguna) a las series, que pueden durar años y años y retrasar que veamos ese final que tanto nos intriga. También hemos comentado ya hasta la saciedad que una serie no está escrita en piedra desde su estreno (como mucho, sólo "Babylon 5"); es un ente vivo sujeto a cambios inesperados y accidentes felices que llevan su evolución por otro lado diferente del que los guionistas tenían previsto en un principio. Éstos reaccionan a lo que ven en pantalla, a lo que aportan directores, actores y, a veces, hasta los fans, y van llevándola por territorios que a veces son un acierto y a veces no, y está también a su alcance rectificar cuando creen que se han equivocado (ahí tenemos la subtrama del marido de Kalinda en la cuarta temporada de "The good wife").

Tal vez la fiebre por los recaps semanales, que lleva a que se sobredimensionen cosas que, en el general de la temporada, no tienen mayor importancia, contribuye a esa especie de histeria por ser los primeros en determinar que tal serie mola, o que esta otra apesta. La verdad es que un poco como el postureo musical; en el instituto, durante el auge del britpop, tenía un amigo que era muy fan de Blur hasta que publicaron "The great escape"(el disco con el que se convirtieron en unos superventas), y decidió que ya no le gustaban, a pesar de que entre "Parklife" y "Charmless man" no hay tanta diferencia. Queremos colgarnos la medalla por haber descubierto la grandeza de "Hannibal" antes que nadie, o por haber encontrado primero el momento en el que "Cómo conocí a vuestra madre" entró en barrena, y nos obcecamos en ello en lugar de disfrutar la serie por lo que es, en lugar de por lo que queremos que sea. En teoría, la naturaleza episódica de las series se presta a sumergirse en su mundo y dejarnos llevar por la corriente, y si en algún momento no nos convence el curso de la acción, salimos del río y a otra cosa.

En Grantland traían todo esto a colación porque temen que "Juego de tronos" se encuentre a punto de que el péndulo llegue a su punto más álgido, y comience el descenso. No en calidad, sino en percepción del público (aunque no lo parezca, a veces estas dos cosas no están tan relacionadas como nos gustaría pensar). Los creadores de "Los Soprano" se quejaban siempre de que los espectadores sólo valoraran los episodios en los que Tony se cargaba a un montón de gente, descartando otros que podían representar momentos cruciales para los personajes como de "relleno"; ahí tenemos también el caso de "The Walking Dead" (aunque esta serie sí que tiene serios problemas en esos capítulos más tranquilos, o los tenía), que se juzga casi sólo en base a la gratificación instantánea de los saetazos que Daryl le aseste a toda una horda de caminantes. La paciencia ya no se valora como una virtud a la hora de ver las series, incluso aunque pueda verse recompensada con creces. Ese "Dracarys" bien que compensó las penalidades de Dany en la segunda temporada de "Juego de tronos".

02 abril 2014

Lo que prometía Terminus

ALERTA SPOILERS: "Never trust. Never again. We first, always". Si sabes dónde aparecen estas palabras en el final de la cuarta temporada de "The Walking Dead", puedes continuar leyendo.

Que el prometido santuario de Terminus no iba a ser tal podía sospecharse desde que aparecen las primeras señales anunciándolo en las vías del tren. Suena demasiado bonito para ser verdad y, además, recuerda demasiado a ese campamento militar de "28 días después" que, más que ofrecer refugio, da más miedo que los infectados que campan a sus anchas por toda la campiña inglesa. Toda la palabrería de que quienes llegan, sobreviven y de que hay santuario para todo el mundo termina resultando un poco inquietante de tanto verla repetida en cada cruce y en cada vagón abandonado. Nuestros protagonistas son conscientes de ello (y más después de su experiencia con el Gobernador en Woodbury), ¿pero qué más van a hacer? Dispersados tras la caída de la prisión, se encuentran a merced del hambre, los zombies y los grupos de maleantes que puedan asaltarlos en los bosques, que resultan ser más seguros que los pueblos abandonados, así que se encaminan hacia Terminus con la esperanza de, al menos, reencontrarse.

Y desde luego que se reencuentran, aunque seguramente no en la situación que les gustaría. Toda promesa de seguridad en esta serie es vacía y efímera. La granja de Hershel, la cárcel, Woodbury... Cada vez que el grupo de Rick parece encontrar un lugar en el que asentarse, aparecen los riesgos que quedarse allí entraña, riesgos que siempre van más allá de que pueda verse rodeado de caminantes, y que están extendidos por todo el mundo de "The Walking Dead". El club de campo y la funeraria que Beth y Daryl visitan hablan de comunidades de supervivientes que terminan implosionando por sus propios demonios (más el primero que la segunda), así que descubrir que en Terminus son bastante menos acogedores de lo que prometían (o demasiado, según se mire) no es más que una continuación del tema que la serie lleva tratando desde el principio; que los verdaderos monstruos son los supervivientes humanos. Y si los habitantes de Terminus son caníbales, como parece insinuar el último episodio, nos encontraremos ante la depuración última de dicho tema.

La estructura de la segunda mitad de la cuarta temporada ha sido bastante curiosa, como ya hemos apuntado en otras ocasiones. Separar al grupo y centrar cada episodio en un par de tramas, o sólo en una, ha contribuido a dibujar mucho mejor a unos personajes que nunca han estado bien retratados, y ha hecho maravillas por Carl, Michonne y Beth, además de terminar de asentar a Carol como la revelación de la entrega. Su historia con Tyreese y las dos hermanas es impactante, sí, pero más por el viaje emocional de esos dos personajes que porque tengan que asesinar a una pequeña psicópata. Ese episodio maneja muy bien la tensión y las revelaciones, y es otro ejemplo más del buen uso del sonido y del silencio que suele hacer esta serie. Sí, ha habido cosas menos logradas (un crítico estadounidense decía que los guionistas no sabían aprovechar esa Maggie "Ripley" que se ve cada vez que se defiende de los zombies), pero el tono general ha sido bastante más interesante.

Puede que la resolución final de las dudas de Rick sobre si ser un "granjero" o un monstruo esté ya un poco sobreexplotada (al fin y al cabo, era también sobre lo que giraba su enfrentamiento con el Gobernador), pero el paso definitivo al lado oscuro, por lo menos, lo saca de ese agujero de depresión y locura en el que cayó tras la muerte de Lori. Los secretos de Terminus pueden dar para un tramo inicial interesante en la quinta temporada, porque "The Walking Dead" ya funciona a fragmentos de ocho capítulos, más que con una planificación para toda la temporada. El propio Scott Gimple, nuevo showrunner de la serie, afirmaba en alguna entrevista que la emisión en dos bloques de cada entrega les permitía hacer, en realidad, dos mini-temporadas por año. ¿Qué nos contarán en los primeros ocho episodios de la quinta entrega? Da la sensación no sólo de que los habitantes de Terminus realmente se dedican a cazar (más bien, a atraer) y a comerse a la gente, sino también de que algo terrible les pasó hace tiempo, y han decidido que ésa es la mejor opción de sobrevivir y de que nada parecido vuelva a ocurrir. "Nunca confíes. Nunca más. Nosotros primero, siempre".

01 abril 2014

El cuarto Invierno

Entre marzo y junio, parece no existir otra serie en televisión que "Juego de tronos". No me malinterpretéis; "Mad Men" sigue generando gran expectación y muchos artículos cuando se aproxima su regreso, y más si tenemos en cuenta que esta próxima temporada es la última, y "The Good Wife" ha logrado, en su quinto año, convertirse en uno de los títulos más comentados y diseccionados, pero hasta un fenómeno de audiencia como "The Walking Dead" se ve empequeñecido ante la estatura que ha alcanzado el título de HBO. En sus tres primeras temporadas fue construyendo poco a poco no sólo una comunidad de fieles, sino que fue ganándose el aprecio de los críticos (algunos de los cuales fueron más bien tibios ante sus primeros episodios) y aprovechando sus largos hiatos entre temporadas para facilitar que nuevos espectadores se suban al carro de cara a la nueva entrega, con lo que siempre suele haber gente que ve con ojos nuevos y diferentes toda la promoción que la cadena lanza en cuanto llega diciembre.

Que Annie Leibovitz te fotografíe para la portada de Vanity Fair te sitúa en un podio difícil de alcanzar, y de mantener; el que une la cultura más mainstream y convencional, como si dijéramos, con la friki, la que le daría una oportunidad de todos modos a "Juego de tronos" aunque la emitiera Starz. David Benioff, D.B. Weiss y George R.R. Martin fueron muy listos al decidir que era una serie para HBO, y para nadie más, y no sólo porque es cierto que la temática la convierte en una unión perfecta para ellos, o porque la cadena les iba a dejar hacer lo que quisieran; que las siglas de Home Box Office precedan cada uno de sus episodios le da un marchamo de respetabilidad que le costaría mucho conseguir de otra manera, y permite que un tipo de público que jamás se habría acercado a una serie con no-muertos helados y dragones esté enganchado a cada uno de sus giros de guión.

La cuarta temporada presenta una interesante encrucijada para la serie. Empiezan a proliferar los artículos que se preguntan si Benioff y Weiss alcanzarán a Martin, que se toma su tiempo para escribir los siguientes libros de su saga, y qué harán si eso ocurre, y también surgen los que intentan averiguar si "Juego de tronos" podrá superar su tercera temporada y ese momento impactante por antonomasia que es la Boda Roja. Esta temporada, de hecho, con ese gusto que le han pillado otras series a liquidar a personajes importantes así porque sí, ha habido también quién se ha preguntado si la influencia de la traición de los Frey se está sintiendo bastante más allá de Poniente. Está claro que ese momento va a definir lo que queda de serie para muchos espectadores (que no tardarán en protestar en cuanto no haya cuatro o cinco instantes de ese estilo por temporada), razón por la que, en realidad, será la quinta temporada la que de verdad sea crucial.

Estos próximos capítulos, que todavía adaptan, en su mayor parte, "Tormenta de espadas", no están faltos de giros que no se veían venir y, de algún modo, van a ser una culminación de buena parte de las tramas que hemos estado siguiendo desde el primero. La verdadera prueba vendrá el año que viene, cuando otras historias adquieran mayor importancia y echen a andar, sin que sepamos todavía cuándo veremos su clímax. La serie, de todos modos, cuenta con un punto a su favor, que es la mayor seguridad que ha adquirido desde la mitad final de la primera temporada. En su momento ya dijimos que "Juego de tronos" ya era más de Weiss y Benioff que de Martin, se mueve más por lo que la serie necesita y pide que sólo por lo que está escrito en los libros, así que será interesante ver cómo manejan esas próximas historias.