WGN America fue de los últimos canales más o menos pequeños en Estados Unidos que se subieron al carro de la ficción de producción propia. Arrancaron con "Salem" y sus brujas y hace unos días estrenaron su nueva serie, "Outsiders", pero no consiguen que ninguna de ellas haga realmente ruido en el sobrepopulado panorama de las "series de prestigio". La que tuvo las mejores opciones para conseguirlo, "Manhattan", cayó presa de esa burbuja de ficciones llamada Peak TV en Estados Unidos y fue cancelada ayer por la cadena. Había cosechado buenas críticas (mejores aún con su segunda temporada), pero no lograba romper los dos techos de cristal imprescindibles para sobrevivir con bajas audencias: los premios y la visibilidad mediática.
"Manhattan", por si alguien no sabe de qué iba, seguía a varios científicos que trabajan en el proyecto de la bomba atómica de Estados Unidos, en un asentamiento militar secreto en medio del desierto, en plena Segunda Guerra Mundial. Los secretos que debían guardar, la paranoia ante la posible existencia de espías (no sólo alemanes, sino muy especialmente rusos), la frustración de vivir encerrados en un sitio que no deja espacio para nada que no sea la bomba... Todo eso se contaba de una manera detallista en la que se notaba la influencia de "Mad Men", pero con terminología de física nuclear, y protagonizada por un grupo de personajes que iban ganando interés y matices con el paso de los episodios.
No era, sin embargo, una serie explosiva o innovadora, por lo que la atención de los grandes medios nunca estuvo de su lado, y aunque la crítica especializada la adoraba, eso no sirvió para llevar más espectadores a WGN America. "Manhattan" se perdió en la vorágine de las más de 400 series producidas en 2015 en Estados Unidos, pero al mismo tiempo, representa una de las más grandes paradojas de esta edad "glotona" de la ficción televisiva, y que más de un crítico resaltaba al comentar la noticia por Twitter. "Una parte de mí cree que 'Manhattan' habría recibido más atención si no fuera por el Peak TV, pero por otro lado, no podría haberse hecho". Así lo expresaba James Poniewozik, del New York Times, exponiendo las virtudes y los defectos de esa histeria por el contenido propio que ha alcanzado hasta a PlayStation.
Esta burbuja seriéfila ha favorecido que "Manhattan", cuyo tema, de primeras, resulta árido y peculiar, encontrara un hogar en una cadena que busca hacerse un nombre a través de sus series, pero esa misma burbuja le ha impedido alcanzar la suficiente visibilidad para llegar más allá de la segunda temporada. Ahora mismo, las series tienen que ser buenísimas o conseguir audiencias millonarias (y seguidores muy fieles y ruidosos en redes sociales) para llamar la atención en medio de tanto ruido. No basta con ser una producción sólida con cosas que decir, hay que tener a Cookie Lyon vestida de leopardo y soltando sentencias a diestro y siniestro para tener una mínima oportunidad. La televisión estadounidense sí que es los Juegos del Hambre.
04 febrero 2016
03 febrero 2016
Mulder y Scully contra el lagarto
El "lagarto" estilo "La mujer y el monstruo" (que es como se tituló en España "Creature from Black Lagoon") de "Mulder and Scully meet the Were-Monster" es, en ese aspecto, una creación muy "Expediente X". Es una criatura que no desentona al lado de Clyde Bruckman o del patético protagonista de "Small potatoes" (aunque ese episodio lo escribiera Vince Gilligan), alguien bastante corriente que no tiene mayores aspiraciones que seguir con su vida tranquilamente, y que se en medio de todo el torbellino que arrastran con ellos Mulder y Scully. Un torbellino que es realmente divertido y que está lleno de guiños y homenajes a las anteriores nueve temporadas, desde la lápida de Kim Manners, a Tyler Labine haciendo otra vez de colgado o a Scully asegurando que es inmortal. Al mismo tiempo, sin embargo, reconoce que el tiempo ha pasado para todos, y por todos.
El desencanto inicial de Mulder o el reconocimiento de Scully de que estaba disfrutando de nuevo con un caso forman parte de esa sensación de paso de los años que va más allá de ver cómo han envejecido David Duchovny y Gillian Anderson. Estaba presente en el segundo episodio, en su conversación sobre William y el sacrificio que hicieron por él, y sobrevuela todo lo que hemos visto hasta ahora en esta décima temporada. También deja pequeños chistes como la inutilidad de Mulder para aclararse con la cámara de su móvil y permea el retrato que se hace de los dos agentes del FBI. Son los de siempre pero no son los de siempre. Los años y los sufrimientos les han dejado sus cicatrices.
Eso sí, la versión de "Expediente X" de este tercer capítulo siempre fue mi preferida. A la hora de autoparodiarse y de incorporar humor, eran verdaderos maestros, y los "chorrisodios" que luego harían otras series, como "Sobrenatural", partieron en gran medida de lo que hacían, sobre todo, Carter, Morgan y Gilligan. Esos capítulos eran graciosos y, a veces, un poco absurdos, pero tenían cierta melancolía subyacente, cierta tristeza que les daba un toque extra. Clyde Bruckman, en la tercera temporada, es quien mejor los representa; tiene un don que es más un suplicio para él que otra cosa, y que le impide llevar la vida monótona que prefiere, pero también resulta divertido y, sobre todo, muy humano.
02 febrero 2016
La chica maravilla
En el mundo de los superhéroes, la fuerte entrada de las protagonistas femeninas en el último año y medio, o así, ha sido, seguramente, el tema más comentado. Estos cómics tienen que renovarse periódicamente porque, en más de 70 años de historia, ya swe ha hecho prácticamente todo y, además, tienen que adaptarse a nuevas situaciones sociales, a los gustos de nuevos públicos acostumbrados a cosas diferentes de los lectores de los años 90, de los 70 o hasta de los 40 (por cierto, para quienes tengáis curiosidad por esa época, leed "Las asombrosas aventuras de Kavalier & Clay"). El movimiento que ha hecho Marvel por diversificar algunos de sus héroes (convirtiendo a Thor en mujer, a Spider-Man en un chico latino o a Capitán América en un hombre negro) encaja en esa adaptación. muy necesaria si quieren seguir exprimiendo su catálogo de superhéroes hasta el infinito. Y entre todos ellos, pocas han recibido más atención que Kamala Khan, la cuarta Ms. Marvel en la historia de la editorial.
Pero es la primera que no es blanca, sino una adolescente musulmana de origen paquistaní y que vive en Jersey City, un sitio más cercano a Tony Soprano que a Steve Rogers. Por eso, probablemente, es una fan fatal de los Vengadores (hasta escribe fanfics sobre ellos) e idolatara a Carol Danvers, la primera Ms. Marvel que, actualmente, es la Capitán Marvel. Toda la historia de "Ms. Marvel" es realmente curiosa porque su guionista, G. Willow Wilson, se convirtió hace tiempo al Islam, y la editora de Marvel que impulsó la renovación del personaje, Sana Amanat, fue igualmente en su momento una adolescente mususlmana en Nueva Jersey que se sentía dentificada con los X-Men porque ellos tampoco acababan de encajar en ninguna parte. Su creación ha ayudado enormemente a encontrar un nuevo público para los cómics de Marvel y ha ejemplificado, en parte, el mayor interés de una nueva generación de lectoras por estas historietas.
¿Pero qué tiene Kamala para enganchar a tanta gente? Que, en el fondo, es una chica normal. Suficiente tiene con equilibrar las expectativas de su familia, que quiere que sea una joven pakistaní de bien, con lo que significa ser una adolescente en un instituto corriente de Estados Unidos, como para encimar añadir a eso la adquisición inesperada de unos poderes que le permiten cambiar de forma, hacerse más grande o más pequeña a voluntad, y dependiendo de lo que la situación requiera. El primer volumen, sobre todo, tiene un encanto de historia juvenil, de alguien que descubre que tiene un enorme potencial que tiene que aprender a dominar y a aprovechar y, al mismo tiempo, de cotidianidad que se ve muy fomentada por el dibujo de Adrian Alphona, que no sigue los cánones habituales de los cómics de superhéroes.
Además, Kamala entra en la tendencia de Barry Allen y Kara Danvers en televisión de sentirse realmente excitada y entusiasmada por probar sus nuevos poderes, incluso aunque le causen algún que otro problema. Y no deja de ser un poco friki (se comporta un poco como una fangirl alrededor de Lobezno, por ejemplo) y, por eso, resulta entrañable y muy divertida. Eso es lo mejor de "Ms. Marvel", que transmita la sensación de diversión de Kamala cuando derrota a algún villano, y también sus inseguridades siendo nada más que una chica de 16 años relativamente normal. Porque, en realidad, ninguno somos del todo normales, hasta sin tener superpoderes.
Pero es la primera que no es blanca, sino una adolescente musulmana de origen paquistaní y que vive en Jersey City, un sitio más cercano a Tony Soprano que a Steve Rogers. Por eso, probablemente, es una fan fatal de los Vengadores (hasta escribe fanfics sobre ellos) e idolatara a Carol Danvers, la primera Ms. Marvel que, actualmente, es la Capitán Marvel. Toda la historia de "Ms. Marvel" es realmente curiosa porque su guionista, G. Willow Wilson, se convirtió hace tiempo al Islam, y la editora de Marvel que impulsó la renovación del personaje, Sana Amanat, fue igualmente en su momento una adolescente mususlmana en Nueva Jersey que se sentía dentificada con los X-Men porque ellos tampoco acababan de encajar en ninguna parte. Su creación ha ayudado enormemente a encontrar un nuevo público para los cómics de Marvel y ha ejemplificado, en parte, el mayor interés de una nueva generación de lectoras por estas historietas.
¿Pero qué tiene Kamala para enganchar a tanta gente? Que, en el fondo, es una chica normal. Suficiente tiene con equilibrar las expectativas de su familia, que quiere que sea una joven pakistaní de bien, con lo que significa ser una adolescente en un instituto corriente de Estados Unidos, como para encimar añadir a eso la adquisición inesperada de unos poderes que le permiten cambiar de forma, hacerse más grande o más pequeña a voluntad, y dependiendo de lo que la situación requiera. El primer volumen, sobre todo, tiene un encanto de historia juvenil, de alguien que descubre que tiene un enorme potencial que tiene que aprender a dominar y a aprovechar y, al mismo tiempo, de cotidianidad que se ve muy fomentada por el dibujo de Adrian Alphona, que no sigue los cánones habituales de los cómics de superhéroes.
Además, Kamala entra en la tendencia de Barry Allen y Kara Danvers en televisión de sentirse realmente excitada y entusiasmada por probar sus nuevos poderes, incluso aunque le causen algún que otro problema. Y no deja de ser un poco friki (se comporta un poco como una fangirl alrededor de Lobezno, por ejemplo) y, por eso, resulta entrañable y muy divertida. Eso es lo mejor de "Ms. Marvel", que transmita la sensación de diversión de Kamala cuando derrota a algún villano, y también sus inseguridades siendo nada más que una chica de 16 años relativamente normal. Porque, en realidad, ninguno somos del todo normales, hasta sin tener superpoderes.
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