31 mayo 2006

Un rifle para los leones de Escocia

Según Alfred Hitchcock, ésa es la definición, un tanto humorística, claro, de un macguffin. En realidad, no es más que un truco, una estratagema que hace avanzar la acción de una película o una serie, algo muy importante para los personajes pero no tanto para el público. De hecho, podría sustituirse por cualquier otra cosa a mitad de la película, que el resultado no variaría.
Hitchcock, por supuesto, era el maestro utilizando macguffins. El de "Encadenados" (en la imagen) es uno de los más conocidos porque es muy evidente. A Cary Grant, Ingrid Bergman y Claude Rains les importa mucho el uranio que extraen los nazis en Sudamérica, pero lo que interesa, y lo que cuenta en realidad la película, es la historia de amor entre la hija del científico nazi y el agente americano. El macguffin más perfecto, sin embargo, es el de "Con la muerte en los talones", porque todos los personajes se dedican a perseguir a alguien que no existe.
Las maletas de las películas de Tarantino son otro gran macguffin (gracias, Antonio). En "Pulp Fiction" se hace muy patente, porque sucede alrededor de una malea de a que nunca se ve su contenido porque, en realidad, no importa. ¿Y qué me decís de esos números de "Perdidos", 4 8 15 16 23 42? Sólo me falta por ver el capítulo doble final de la temporada, pero cada vez estoy más convencida de que tanto éstos como el botoncito de marras son una excusa para generar conflictos y, sobre todo, para dar a Locke y a Eko una motivación en la isla.
Aunque puede discutirse, se puede alegar que los monstruos contra los que lucha Buffy son también un macguffin; aquí interesa más la evolución de Buffy como persona (y personaje). De hecho, un ejemplo de que pueden sustituirse por otra cosa sin que el "concepto" de la serie sufra es "Verónica Mars"; en lugar de vampiros, tenemos casos detectivescos, pero el interés central sigue siendo el mismo. Ahí está también "Mujeres desesperadas", cuya segunda temporada confirma que el misterio que rodeaba al suicidio de Mary Alice era un macguffin.
Incluso hay quien asegura que toda la trama de la investigación de los crímenes de Buffalo Bill en "El silencio de los corderos" es un enorme macguffin, cuando lo relevante de la película es la relación de atracción-repulsión entre Clarice y el doctor Lecter. No está mal pensado, la verdad.

30 mayo 2006

El viento y la palma



Desde que Mike Leigh se llevara la Palma de Oro con "Secretos y mentiras" a mediados de los 90, el cine británico no había vuelto a lograr un éxito semejante en el Festival de Cannes. El premio gordo para Ken Loach y su visión de los orígenes del IRA ("The wind that shakes the barley", un verso de una canción tradicional irlandesa) se completa con el premio del jurado para la debutante Andrea Arnold y "Red road". Los periódicos ingleses han resaltado con fuerza estos premios, saludándolos como una manera de despertar al cine de las islas de la dominación por parte de Hollywood, y recordando que Loach ha presentado en el festival francés casi todas sus películas, sin que él se hubiera llevado ningún reconocimiento. En sus últimas participaciones, "Felices dieciséis" logró el premio al mejor guión, y "Mi nombre es Joe", el de mejor actor para Peter Mullan.

También ha habido algunos cronistas que, sin estar en desacuerdo con el palmarés, apuntan que la Palma de Loach es más un reconocimiento a su carrera, a su trayectoria de participaciones en el festival, que a la calidad de la película, que algunos no colocan entre sus mejores trabajos. Por la temática, a mi me recuerda un poco a "Tierra y libertad" (comparación que también se ha hecho en otros lugares). Se suele añadir que ha sido la opción de consenso frente a una supuesta división del jurado entre las dos grandes favoritas para los críticos, "Volver" y "Babel". Ante una eventual "pelea" por cuál de las dos merecía el premio, se optó por la calle de enmedio y por cineasta establecido, con un largo historial de películas de denuncia social y política, y con un filme que toca un tema polémico. Así, el reparto de "Volver" se lleva muy merecidamente el premio a la mejor actriz y Almodóvar, el de mejor guión, que aunque sabe un poco a decepción, son dos galardones, al fin y al cabo. E Iñárritu vive lo que vivió el propio Almodóvar cuando recibió el premio al mejor director por "Todo sobre mi madre", que era la favorita a la Palma de Oro.

Y no podemos dejar de mencionar, aunque parece que ha pasado un poco de tapadillo, la buena acogida que recibió "El laberinto del fauno", la nueva travesura de Guillermo del Toro. Se pudieron ver algunas imágenes en televisión de Maribel Verdú al borde de las lágrimas tras el pase oficial, por culpa de la salva de aplausos que los despidió. Y es que los críticos han coincidido en señalar que, además de la desbordante imaginación de Del Toro para los mundos fantásticos, lo más destacable de la película son las buenas interpretaciones de su reparto (la propia Verdú, Sergi López, Ariadna Gil y la niña Ivana Vaquero). Ya estoy deseando verla.

29 mayo 2006

La metáfora de los mutantes



A veces, una obra de ciencia ficción dice más sobre la sociedad y el mundo en el que vivimos que todos los Michael Moore que podamos reunir. Pasa con "Battlestar Galactica", metáfora del mundo post-11 de septiembre, y pasa también con los mutantes de la Patrulla X, seres especiales a los que sus dones los apartan del resto de la sociedad, que los margina y, o bien intenta exterminarlos, o intenta "curarlos", como si lo que tienen fuera una enfermedad y los gobiernos decidieran por ellos como si fueran niños tontos que no saben lo que quieren. De todos los personajes, que suelen arrastrar su particular tragedia por culpa de sus poderes, siempre me ha parecido especialmente interesante Pícara, la mutante que, mediante el tacto, puede adquirir los poderes de otros mutantes. Pero, a la vez, absorbe su vida, lo que es especialmente peligroso para los humanos. Así que Pícara está "condenada" a no poder sentir nunca el contacto humano, como no sea para matar.

Visto así, resulta decepcionante ver en qué queda la complejidad de los cómics cuando se trasladan a la gran pantalla en "X-Men: La decisión final", la última de la trilogía cinematográfica de los chicos del profesor Xavier. Resulta decepcionante, sobre todo, porque empieza bien, con esa "cura" para los mutantes (que no es más que otro mutante) y la resurrección de Jean Grey, transformada en Fénix, un ciclón de poder que ni ella puede controlar. La primera trama es muy interesante, porque enfrenta a los personajes con la posibilidad de convertirse en personas "normales", y podría haberse utilizado mucho mejor en la parte final. Pero estas posibilidades se diluyen conforme avanzan los minutos, y sólo se esbozan con Pícara, un personaje totalmente desaprovechado tanto en ésta como en la segunda película.

Lo único que se saca en claro es el tirón de Lobezno y el actor que le da vida, Hugh Jackman, un tipo curtido en el teatro musical que "habita" perfectamente en este papel. No es de extrañar que ya se esté preparando una película sólo para él. Y, por cierto, viendo la película me di cuenta de que Sawyer ("Perdidos") tiene más de Logan-Lobezno que de Han Solo.