07 julio 2014

El dictador reticente

El arco de Michael Corleone en “El padrino” es uno de los más homenajeados, copiados y repetidos en la historia del cine y la televisión. Realmente, tiene su miga; el hijo de un gran magnate/mafioso se aleja de los negocios familiares porque quiere vivir su propia vida y no quiere “mancharse” con ellos, mientras su hermano se convierte en la mano derecha de su padre y se prepara para quedarse con el negocio. Pero diversas circunstancian obligan al hijo a volver, al principio  con reticencias, y a asumir su papel en la familia, el que su padre quiso para él y el que el destino le tenía reservado desde el principio. Es una historia muy de tragedia griega, así que no es raro que sea muy atractiva para guionistas de todo el mundo. El último en “apropiarse” de ella es Gideon Raff, creador de la serie israelí en la que se basa “Homeland”, y que desarrolló para FX, junto con Howard Gordon, “Tyrant”, uno de los estrenos que había levantado más expectación este verano.

“Tyrant” ha tenido un camino bastante accidentado hasta llegar a las pantallas estadounidenses, con cambios de showrunners y guionistas hasta que Gordon y compañía encontraron el tono que buscaban para la serie, un tono que debe mezclar el drama familiar con la situación política de un país ficticio de Oriente Medio gobernado desde hace décadas por un dictador cuya familia está situada en todos los puestos de poder. Da la sensación de que la inspiración de la familia Al Fayeed está, en parte, en una mezcla entre la de Gadafi y Bashar al-Asad, presidente de Siria, y que el Michael Corleone de la serie sea el hijo pediatra del dictador, que vive en Estados Unidos y tiene mujer e hijos estadounidense, presenta una idea de partida bastante interesante, que exponga el choque cultural, social y político entre la familia de Bassam/Barry y la situación de su país natal.

Sin embargo, el estreno de “Tyrant” ha sido acogido con indiferencia, cuando no directamente con malas críticas. Dejando aparte la controversia por haber elegido a un actor británico, y caucásico, para interpretar a Bassam Al Fayeed (Adam Rayner, el amante de Orla Brady en “Mistresses”), lo cierto es que el inicio de la serie desaprovecha la promesa implícita en su idea. Que el único que aporte chispa sea Jamal, el malvado hermano mayor de Bassam (mal acostumbrado a tomar y hacer lo que quiera y a quien quiera, que para algo es el hijo y heredero del dictador), ya dice bastante de la falta de tensión del primer episodio. Las diferentes capas de gris que hay en la relación entre Estados Unidos y Oriente Medio están mejor reflejadas incluso en “Homeland”, que es más un thriller que un drama que, teóricamente, tiene un protagonista central que es prueba viviente de esas contradicciones y grises morales. También es que Bassam no es demasiado interesante; su estoicismo y reticencia a contarle a su mujer lo que su padre le hizo siendo niño no están bien transmitidos, y mejor ni hablemos de los dos hijos adolescentes, que van directos a meterse en más problemas que Kim Bauer en dos episodios de “24”.

“Tyrant” quiere ser un drama familiar en el que lo único diferente es que la familia es la de un dictador tipo Sadam Hussein. Quizás más adelante explore con cierta objetividad y más matices, como quien dice, la situación política del país, lo que sería realmente algo muy interesante para la televisión estadounidense, pero no es algo que se pueda adelantar a partir del primer capítulo. Dramas familiares hay a montones, e inspiraciones en “El padrino, todavía más, así que “Tyrant” debe aprovechar lo que la separa de todas ellas para dejar realmente algún tipo de huella. Por ahora, ni los palacios de CGI se salvan.

06 julio 2014

Un verano de series

La moda no es lo único cíclico en esta vida. Del mismo modo que vuelven las plataformas, las chorreras o los shorts de cintura muy alta, como si estuviéramos de regreso en 1984, vuelven también las series veraniegas a las networks, subidas todas al carro de la programación original para todo el año. De hecho, desde hace un par de temporadas, ése y las "series evento" son los dos mantras que más se repiten durante los upfronts, intentando convencer a los anunciantes de que merece la pena apostar por ellas porque nunca dejan de estrenar cosas nuevas. Otra cosa es que esos estrenos tengan algo interesante que aportar o no, pero eso pasa hasta en las mejores familias; pasa hasta en el sacrosanto cable. Ése había sido el reducto de las series estivales desde hace una década o así, cuando las networks decidieron que era más rentable programar realities a partir de mayo, mucho más baratos de producir y con unas audiencias más interesantes que las de la serie que se enviaba al verano porque, en marzo, se habían dado cuenta de que había sido un error programarla en otoño.

Esto no siempre fue así; en los 80 y los 90, las cadenas en abierto no sólo estrenaban programas específicos para la época estival, sino que hasta emitían series el sábado por la noche (comedias familiares en su mayoría). Esto último, lo del sábado, no va a volver, pero sí lo ha hecho tomarse un poco más en serio la programación de los viernes, y está claro que lo han hecho las series veraniegas que no son descartes del otoño, en su mayor parte. Siempre puede haber casos como "The night shift", dejada por NBC para midseason y, al final, retrasada para verano y renovada por una segunda temporada contra pronóstico, pero parece que el éxito el año pasado de CBS con "Under the dome" ha terminado de convencer a las networks de que no deben dejar paso libre de mayo a septiembre para que el cable estrene los títulos que luego van a arrasar en los Emmy (AMC hizo debutar a "Mad Men" en agosto de 2007, por ejemplo). Esa táctica de ignorar el verano facilitó que cadenas de cable básico como TNT o USA obtuvieran allí sus mayores éxitos con series que, hace no tanto, habrían podido encontrar acomodo en las cadenas en abierto, tipo "The Closer" o hasta "Monk", y desde el año pasado, el estío está mucho más competido.

Sólo este verano, tenemos desde nuevos intentos de colocar una serie "de prestigio", como "Tyrant" en FX, a las mamarrachadas habituales de la época ("Mistery girls" en ABC Family, canal que en verano aprovecha para estrenarlo absolutamente todo), a la CBS siguiendo su apuesta vacacional por la ciencia ficción con "Extant" a Showtime adelantándose al calor por un mes, o así, y estrenando su propia serie de terror gótico en "Penny Dreadful". Aquello que decía el ex jefe de FOX, Kevin Reilly, de que las temporadas iban a dejar de estar tan diferenciadas no estaba tan desencaminado. Sí, las networks siguen dejando sus principales apuestas para septiembre y octubre, y los estrenos de enero son igualmente importantes, pero nadie quiere quedarse fuera de la liga de verano. Nunca se sabe si puede aparecer ahí el próximo éxito que permita maquillar un mal arranque del otoño, por ejemplo, o que haga olvidar que, en octubre, los domingos son más propiedad de "The Walking Dead" que de "Once upon a time".

Música de la semana:"The americans" no es la única serie ambientada en los 80 que no se conforma con utilizar las canciones más conocidas de la década para ambientar sus capítulos. En "Halt and catch fire" pueden optar por The Clash, sí, pero el tema que eligen es "The magnificent seven".

04 julio 2014

El barco


Las series postapocalípticas llevan ya varios años de moda. Nadie puede resistirse a imaginar un cataclismo que destruya gran parte del planeta o, en su defecto, que elimine a buena parte de la población mundial y, a partir de ahí, se ve cómo los supervivientes intentan seguir adelante, o averiguar qué pasó, o buscar una manera de revertir la situación, si es que es posible. Pueden ser apocalipsis climáticos, víricos o causados por el hombre (la guerra nuclear es el más típico), pero lo que importa es que quede un grupo de  que personas que tenga que lidiar con las consecuencias. Ejemplos hay a montones, empezando la serie más popular del otoño televisivo estadounidense, “The Walking Dead”, y terminando con uno de los últimos estrenos veraniegos, “The last ship” en TNT.

Esa serie (que en España bromeamos con que es la versión con explosiones y muchas charlas patrióticas de “El barco”) está basada en una novela de William Brinkley y sigue a un acorazado de la Marina de Estados Unidos que, tras una misión de cuatro meses cerca del Ártico, descubre que es de los escasos supervivientes de una imparable plaga vírica. No es el punto de partida más original del mundo (la BBC ya tuvo su serie sobre supervivientes de una epidemia de gripe, por ejemplo, “Survivors”), pero todo depende de la ejecución, de cómo se desarrolle dicho punto de partida. Los principales protagonistas de “The last ship” son el capitán del barco y una científica que busca una vacuna para ese virus, y entre los tripulantes ya tenemos en el piloto hasta a la pareja que mantiene su relación en secreto.

El nombre de Michael Bay como productor había generado cierta curiosidad alrededor de la serie, pero entre los dos títulos producidos por él de esta temporada, el que merece más la pena son los piratas de “Black sails”. “The last ship” tiene un primer capítulo muy genérico y poco estimulante, con unas explicaciones sobre la misión de la científica que no tienen ningún sentido y una trama que, en realidad, no es más que una sucesión de clichés de película militar estadounidense y escenas de acción. En teoría, debe generarse cierta tensión ante la falta de noticias del exterior por parte de los tripulantes del barco, y el panorama alarmante que pintan las pocas que les llegan, pero no la hay. A veces, hasta parece más un anuncio de alistamiento de la Marina.

“The last ship” podría ser un entretenimiento veraniego sin muchas pretensiones, y tal vez todavía pueda serlo, pero el arranque no puede ser menos estimulante. Eso sí, Eric Dane sí da totalmente el pego del capitán de una pieza tradicional en este tipo de series tan ochenteras. Si hubiera sido el Michael Bay de "La roca" en lugar del de "Pearl Harbour"...