02 abril 2015

Un año de violencia

En la pasada edición de los Oscars, había dos películas que llegaron muy tarde a la carrera por las nominaciones y sobre las que había dudas de si los elogios críticos que las acompañaban serían suficientes para que se colaran en el Dolby Theater. Una era "Selma", que acabó con una nominación a mejor película y un Oscar a la mejor canción, y la otra era "El año más violento" (que arranca, por cierto, con una gran canción de Marvin Gaye), la tercera película de J.C. Chandor, que se estrenó de forma limitada el día de Nochevieja, y que se quedó finalmente fuera de los Oscars. A pesar de que los círculos de críticos la abrazaron como una de las mejores cintas de 2014, probablemente llegó demasiado tarde para llamar la atención de los académicos. Y es una película que merecía mejor suerte, porque su retrato de un hombre hecho a sí mismo, envuelto en una situación que siempre está a punto de sacar lo peor de él, es realmente fascinante.

Chandor transmite el aroma de aquellas historias criminales de los 70 y, como han apuntado no pocas críticas, recoge el legado de Sidney Lumet de personajes que intentan resistirse a la decadencia moral de su alrededor, aunque eso les esté costando la vida. Pero no siempre se puede. Abel Morales, inmigrante que se precia de haber conseguido el Sueño Americano y que siempre está buscando el próximo triunfo empresarial, pelea por la supervivencia de su empresa de transporte de gasóleo frente a las tácticas mafiosas de sus competidores, frente a la investigación de un fiscal tan ambicioso como él, frente a la delincuencia que asolaba Nueva York en 1981 y hasta frente a su mujer, que lo presiona para que utilice métodos más expeditivos. Abel no quiere mancharse las manos, no quiere ser un gángster, pero todo el mundo tiene un punto de ruptura.  Porque desde que empieza "El año más violento" sabemos que Abel va a llegar a ese punto, pero no sabemos cómo se va a desenvolver en ese momento.

En realidad, él ya es un poco un gangster, pero se autoconvence de que no es así pese a sus tácticas agresivas para echar a sus rivales del mercado y de que su forma de hablar y de moverse bien podrían ser las de Michael Corleone. De hecho, Oscar Isaac recuerda a veces a un joven Al Pacino, más contenido, mostrando siempre la enorme determinación que lo mueve y que le impide mirar atrás. Toda esa charla de que quiere respeto es charla de gangster, y hasta el modo en el que vemos siempre a su abogado es el mismo en el que se suele presentar al consigliere del don. "El año más violento" es la historia de un mafioso que quiere apartarse de los métodos violentos, pero que cada vez está sometido a más presión por todas partes. Él nunca va a estar satisfecho con lo que tiene. Esos planos en los que lo vemos mirando hacia Manhattan, pero con la isla siempre fuera del alcance, expresan esa sensación de que Abel siempre va a estar persiguiendo algo. No puede dejar de hacerlo porque, si se acomoda, ya no es un triunfador.

01 abril 2015

Ficción de fans

En Estados Unidos, marzo es sinónimo de la fase nacional del campeonato universitario de baloncesto, lo que se conoce como March Madness porque, en apenas un mes, 86 equipos se enfrentan entre sí hasta llegar a la Final Four, en la que se decide al campeón. Las webs televisivas, por ejemplo, aprovechan para hacer sus propios brackets con rondas de enfrentamientos directos para elegir desde el mejor superhéroe a la mejor pareja, que es la idea que ha tenido Zimbio. Hasta han dividido a las parejas por conferencias (con nombres geniales como "conferencia Ross & Rachel", por ejemplo), y el fandom se ha movilizado como si no hubiera otra cosa en el mundo. Al final, el título lo dirimieron Root y Shaw ("Person of interest", y que fueron las ganadoras) y Clarke y Lexa ("Los 100"), demostrando el músculo que pueden sacar los shippers de parejas no oficiales (pero con subtexto, que es de lo que se alimentan los shippings) en Internet.

Esta competición es sólo la punta del iceberg de todo lo que el fandom de una serie mueve en Internet, y es parte de ese fenómeno que es el fan fiction del que ya hablamos algo hace un tiempo, pero que ha vuelto a estar de actualidad por la película de "Cincuenta sombras de Grey" y porque Vulture le dedicó no hace mucho un especial que tocaba desde los temas más populares para escribir fanfics (sorpresa, es el grupo One Direction) hasta los ejemplos de gente famosa que hacía sus propias labores de fan, como Steven Soderbergh remontando sus películas favoritas. Repasaba los diferentes subgéneros que se tocaban (desde OTP, one true pairings, a los de personas reales, que quizás sean los más perturbadores), y lo que acababa quedando más o menos claro es que son las historias románticas las que dominan en los fanfics (y que "Sobrenatural" sigue teniendo un sorprendente tirón en este aspecto).

Entrar en ese grupo de series que excitan las imaginación de los fans lo suficiente como para se pongan a escribir nuevas historias sobre sus personajes es garantía de fandom fiel, pero al mismo tiempo muy crítico. En su cabeza se han imaginado ya cómo quieren que continúe la historia, y lo han plasmado con palabras, por lo que cualquier evolución que se desvíe de esa idea, puede acarrear consecuencias poco agradables en redes sociales. Una implicación tan grande con una serie es un poco como tener una relación muy absorbente con otra persona. Sin embargo, no todos los trabajos del fandom son historias cortas. Hay gente con mucho talento haciendo fanart variado, y hasta webcomics. El mismo reportaje de Vulture mencionaba "Copra", un cómic que nació como fanfic de "Escuadrón Suicida", y hay gente que ha llegado a preguntarse si DC y Marvel no deberían contratar a algunos de estos autores.

El fanart, de todos modos, es una de las representaciones más fascinantes de este mundo. El dibujo que ilustra esta entrada, por ejemplo, es un un mashup (un clásico del fanfic) de "The legend of Korra" con Harry Potter de Shorelle, un Tumblr repleto de mezclas de este estilo (y de dibujos sobre "Star Wars"), y es sólo una pequeña muestra de la cantidad de ilustraciones que suelen colgarse en DeviantArt. Ahí es donde los fans muchas veces dejan a los responsables de las series totalmente boquiabiertos.

31 marzo 2015

Una serie bajo sospecha

Es curioso cómo puede evolucionar la respuesta a una serie con el paso de los capítulos. Tomemos como ejemplo dos títulos estrenados con sólo una semana de diferencia y que han sido competencia en casi todos sus episodios, "Bajo sospecha" y "El Ministerio del Tiempo". La primera es un misterio a lo nórdico sobre la desaparición de una niña, los secretos que guarda su familia y la investigación que hacen los dos policías infiltrados en el pueblo, y es la que ha ganado la partida de la audiencia, superando el 19% de share la semana pasada. La otra es una serie de aventuras sobre una organización cuyos agentes viajan por el tiempo para evitar que se pueda cambiar la historia, y aunque en audiencias anda alicaída, donde se ha llevado al público de calle ha sido en redes sociales. Es curiosa esta dicotomía; "Bajo sospecha" busca, claramente, impulsar la misma conversación que rodeó a la primera temporada de "Broadchurch" en el Reino Unido, con los espectadores especulando por todas partes quién podía ser el asesino de Danny Lattimer. De hecho, en la web de Antena 3 hay hasta un pequeño juego para que intentemos adivinar quién secuestró a Alicia Vega.

Sin embargo, su tirón entre la audiencia social ha sido bastante más limitado que entre la convencional. Ahí, los ministéricos han desbordado todas las previsiones, llenando Twitter de trending topics relacionados con la serie y animándose hasta a subtitular cada capítulo al italiano, aprovechando el buen momento que la ficción española está viviendo en el país transalpino. "El Ministerio del Tiempo" no estaba tan diseñada buscando esa conversación, pero la ha encontrado, mientras "Bajo sospecha" está pasando un poco más desapercibida en ese aspecto. No obstante, tampoco está la situación para quejarse. El movimiento de Antena 3 de moverla al lunes para contrarrestar a "La Voz" en Telecinco no le ha ido nada mal, por ahora, y a falta de sólo dos episodios para el final, tal vez las discusiones sobre ella se vuelven más comunes y ruidosas en Internet.

Lo cierto es que "Bajo sospecha" es, en parte, un título un poco frustrante. La familia Vega y su empeño por mostrarse misteriosa, por protegerse unos a otros a cualquier precio y, al mismo tiempo, por ocultarse información importante de forma sistemática puede colmar la paciencia del espectador más pintado. Todos quieren saber quién secuestró a Alicia, pero nadie colabora para que se descubra, como no sea dando palizas al primero que se les pone por delante. El giro que ha dado la madre es una de las pocas cosas verdaderamente interesantes ahí, porque sí que insinúa que hay algo oscuro en los Vega, y lo hace de un modo más efectivo que todas esas charlas que empiezan con un "te he dicho que no me llames aquí", o con un "nadie más puede saber esto". El centro en la familia, además, ha diluido bastante a los dos policías, Víctor y Laura, que se han quedado para perseguir hilos argumentales más que para que viéramos a dos personajes atractivos (lo que debería ser la prioridad porque, si hay segunda temporada, sólo ellos y el comisario Casas repetirían).

En ese aspecto, recuerda inevitablemente a "Desaparecida", la primera serie que Bambú produjo a nivel nacional y en la que una pareja de guardias civiles investigaba la desaparición de una adolescente. La familia también tenía bastante peso, pero porque se contaba su proceso de duelo de una forma no muy diferente de como lo hacía "Forbrydelsen", y ese peso terminaba por apartar el foco de atención de Sierra y Andrún y su investigación, que era lo más logrado de la serie. Llegaba un punto en el que ver sufrir constantemente a Carlos Hipólito y Luisa Martín, por muy bien que estuvieran, agotaba, y veíamos demasiado poco a los investigadores. En "Bajo sospecha" está pasando en parte esto; Yon González y Blanca Romero podrían desarrollar una relación muy entretenida e interesante si la serie les diera un poco más de cancha, pero ésta está más interesada en seguir gritándonos que la familia Vega tiene muchos secretos. Desde el principio quedó claro que el culpable se encontraba entre ellos, no es necesario machacarlo tanto.