03 noviembre 2010

Cocos verdes

Nunca Neox ha tenido un estreno como "Museo Coconut". Que la pandilla chanante deje los sketches que los han hecho conocidos y se lance a hacer una sitcom con argumento ya había levantado una gran expectación, sobre todo entre sus seguidores interneteriles. Que, además, esa serie fuera desarrollada exclusivamente para un canal de TDT todavía elevó más las expectativas, porque Neox es de los pocos que tiene algo de coherencia en su programación y que ofrece contenido propio, aunque la gran mayoría sean concursos de citas.

El paso de los sketches de "Muchachada Nui" o "La hora chanante" a serie de 30 minutos por capítulo no es fácil, y todos los implicados son los primeros en reconocerlo. Y en el estreno de "Museo Coconut" se nota que aún necesitan un poco de rodaje, lo que se llama cogerle el tranquillo al formato y a sus posibilidades. En el primer episodio tuvieron algún buen punto aislado y dejaron muestras de personajes con potencial (como Miss Coconut y su hijo Zeus), pero el listón de las "Celebrities" o de "Enjuto Mojamuto" aún es alto y está muy cercano en el tiempo para sus fans. Por más que se insista que son cosas diferentes, es inevitable compararlos.

Hablando con más gente sobre la serie, siempre sale a relucir que las referencias que Joaquín Reyes y compañía han confesado son "The office" o "Curb your enthusiasm", y por el absurdo que pueden alcanzar las tramas, hay también quien ha mencionado de pasada "30 Rock". Por ahora, ésta va a una velocidad inalcanzable para una sitcom que se graba con público en directo (algo que "Aída" heredó de "Siete vidas"), cuyas risas, por cierto, suenan extrañamente artificiales y lejanas. Lo que puede extraerse del ejemplo de esas tres series, o al menos de las dos de la NBC, es que necesitaron al menos cinco episodios para encontrar su ritmo y las líneas y chistes que mejor funcionan. Una serie es un trabajo en continuo progreso, así que habrá que esperar un poco para ver cómo evoluciona este "Museo Coconut".

02 noviembre 2010

Los años te sientan tan bien

No es raro que, cuando se empieza a hablar de series que se estrenaron antes de 2000, surja siempre la pregunta inevitable de si resisten bien el paso del tiempo. Son productos de su tiempo con todas las consecuencias, tanto para los estilismos como para las temáticas que toquen como para el ritmo que lleven al contarlas, y algunas que en su momento eran el no va más, pierden mucho encanto vistas no ya años, sino décadas después. La relación entre Maddie y David y sus discusiones en "Luz de luna" aún se ve divertida, pero el resto de la serie se ha quedado vieja y, sobre todo, lenta para una generación acostumbrada a los vértigos de "24". "Expediente X", sin embargo, sí ha aguantado muy dignamente el paso del tiempo, y sigue siendo tan entretenida (y Mulder y Scully tan estupendos) como cuando se estrenó, aunque los trajes y los peinados de las dos primeras temporadas sí que son un fenómeno paranormal.

Últimamente, me he dedicado a una especie de viaje al pasado al recuperar algunos episodios de sitcoms clásicas como "Las chicas de oro" y "Frasier". Las dos te retrotraen, mínimo, 20 años atrás (la primera empezó en 1985 y acabó justo un año antes de que se estrenara la segunda, en 1993), cuando el género estaba en su apogeo y todas las cadenas tenían siempre un estreno de una comedia rodada con público en vivo y en tres únicos decorados (o cuatro). El paso del tiempo las ha mitificado, más todavía porque las dos se emitieron en la NBC cuando ésta era una superpotencia, y no como ahora, y ese estatus de clásicos de la comedia todavía puede facilitar más la decepción al retomarlas en la actualidad. Pero ambas se basaban en el talento y el timing de sus actores y en sus guiones, y eso se mantiene intacto. Las caras de póker de Bea Arthur como reacción a alguna bordería de Estelle Getty no se pasan de moda, y los intercambios de ironías y pullitas entre Kelsey Grammer y David Hyde Pierce aún están por superar.

El mayor riesgo de encontrarnos ante un horror lo tenemos en aquellas series que tenemos idealizadas porque eran de nuestras favoritas cuando éramos niños. "El coche fantástico", "MacGyver" o "El equipo A" no es sólo que envejezcan mal, sino que en su momento ya no eran nada del otro mundo. Pero a nuestros ojos infantiles eran lo más de lo más, cosa bastante comprensible. "Los vigilantes de la playa" podrá verse ahora como un título de culto kitsch, pero ni cuando se emitía se la podía tomar uno como algo más que un placer culpable. Lógicamente, las tramas adolescentes de "Sensación de vivir" se quedan anticuadas a la fuerza al lado de "Skins", pero ahí entra lo que la sociedad ha cambiado en los 20 años transcurridos desde su estreno.

01 noviembre 2010

El último touchdown

AVISO SPOILERS: Sólo por si acaso, lo que sigue es una pequeña reflexión sobre el principio de la quinta temporada de "Friday Night Lights". Ya sabéis qué pasará si no vais al día.

"Friday Night Lights" ha alcanzado su año senior, en el último en el que está en el instituto o la universidad y le toca empaquetar sus cosas y marcharse, empezar otra etapa (en este caso, la de las series finalizadas en su tiempo, que no canceladas). Es un poco extraño escribir sobre el inicio de una quinta y última entrega sin especular sobre cómo puede acabar. El cierre más perfecto (en aquel momento) lo dio la tercera temporada, con la imagen de Eric y Tami de pie sobre el ruinoso estadio de los East Dillon Lions, y lo que nos deparen estos 13 episodios está abierto a nuestros intentos de adivinarlo. Obviamente, ya conocemos cómo es East Dillon, los problemas que tiene y las dificultades a las que se enfrentan sus alumnos, así que es de suponer que profundizaremos un poco más en ellos. Seguramente, veremos madurar a Vince, a Becky, a Jess, a Luke... El primero es quizás el más interesante y mejor dibujado de todos, tal vez porque tiene que trabajar de cerca con el entrenador y, como atestigua el Matt Saracen de la primera temporada, eso suele dejar buenos momentos.

Aunque los Lions ya no sean el hazmerreír de la liga, aunque Eric siga teniendo dificultades presupuestarias y Tami tenga que lidiar otra vez con chicos problemáticos (con lo que ambos van a seguir desempeñando ese papel de figuras paternales no oficiales para medio Dillon), en realidad parece que esta quinta temporada va a ser más sobre las ausencias. ¿Cómo va a afrontar Becky que su madre no está, o Billy la culpa porque Tim esté en la cárcel? ¿Cómo llevarán Eric y Tami el síndrome del nido vacío ahora que Julie se ha ido a la universidad? En "Friday Night Lights", la sombra que arrojan las personas que no están siempre han sido determinantes, especialmente si esas sombras son las de un familiar. Será difícil que algunos de los traumas de los nuevos personajes iguale el de la familia Saracen, pero habrá qué ver por dónde se mueve la trama de Becky viviendo en casa de Billy Riggins, y cómo Vince asume esa figura paterna para los hermanos pequeños de Jess.

Por lo que se ha contado, vamos a tener de vuelta en Dillon a bastantes de los personajes que iniciaron la serie, pese a que es inevitable que haya que decir adiós a otros como Landry (nunca suficientemente aprovechado, en mi opinión, o directamente mal aprovechado), y no será raro que el vacío que la marcha de Julie deja en casa de los Taylor vayamos a sentirlo nosotros también conforme nos acerquemos al final. Por ahora, "Friday Night Lights" ha empezado colocando a los personajes en los lugares donde deben estar para más adelante y, como decían algunos críticos estadounidenses, es verdad que este inicio carece de la tensión y de la sensación de lucha contra los elementos que tenía el de la cuarta temporada, pero esta quinta temporada bien puede ser de mecha lenta. Si van montando poco a poco las piezas para alcanzar el clímax final, será como ganar un partido anotando un touchdown en el último segundo (un clásico tanto en los Lions como en los Panthers). Será difícil que superen la temporada anterior, pero esta serie nunca ha sido de resoluciones rápidas. Todo necesita su tiempo.