06 junio 2016

Diez años de series


Hace unos días, Alan Sepinwall, uno de los críticos de televisión más conocidos de Estados Unidos, publicaba un largo recordatorio a sus veinte años dedicados a escribir de series. En ese artículo repasaba cómo había cambiado la manera de ver y de hablar sobre las series desde 1996, recordando tecnologías que ya nos parecen casi prehistóricas como el VHS, y al repasar todos esos cambios, rememoraba también sus primeras veces yendo a la gira de la TCA, o sus primeros artículois haciendo seguimientos de determinados títulos, o el vértigo con el que se suceden los cambios en el negocio en los últimos tiempos. Yo no he estado tanto tiempo como él escribiendo de televisión y, en concreto, sobre series, pero al leer su artículo me acordé de que este humilde rincón bloguero, este Diario de Mr. MacGuffin, había cumplido el pasado mes de noviembre diez años y yo no me había dignado a mencionarlo, siquiera.

Entre 2005 y 2015 (o 2016, en este caso) ya se había producido la gran revolución del cable, pero estaba llegando el otro gran terremoto del sector, el de las redes sociales. La capacidad de comentar al segundo en Facebook y Twitter los episodios de nuestras series favoritas, y la facilidad de acceso a sus creadores, ha representado un maremoto mucho mayor que la irrupción de los blogs seriéfilos allá por 2004-2005. Entonces, se decía que iban a aparecer nuevas maneras de afrontar la crítica televisiva, que ésta se iba a democratizar. Lo cierto es que pocos blogs de aquellos años han sobrevivivido hasta ahora, metamorfoseados en live-tweeting o en gifsets en Tumblr, y lo que sí ha pasado es que la conversación seriéfila no sólo es ahora mucho más inmediata, sino que ha tenido que adaptarse a los propios cambios en el modo de producir y emitir series que han traído plataformas como Netflix.

Los periódicos debates sobre los spoilers, los comentarios sobre el excesivo número de series que todos tenemos siempre pendientes de ver, las polémicas tuiteras por la manera en que mueren determinados personajes... En estos diez años, las redes sociales han marcado, para bien y para mal, la manera en la que vemos y comentamos las series (además de las descargas ilegales, los servicios de streaming y la capacidad de ver lo que queramos, cuando queramos), pero al final, el objeto sobre el que todos nos obsesionamos, que amamos y odiamos en ocasiones tampoco es tan diferente a como lo era una década atrás. Sigue habiendo sitcoms grabadas con público en plató, dramas intensos con un hombre blanco de mediana edad en crisis en su centro, algún que otro fenómeno de público que, con suerte, también lo es de crítica (a la "Perdidos" de 2005 la han sucedido ahora "The Walking Dead" y "Juego de tronos")  y, de vez en cuando, series realmente diferentes que contribuyen a renovar el panorama y que pueden llegar a impulsar que las cadenas se animen a salir, aunque sea ligeramente, de su zona de confort.

En estos diez años, en este blog he hablado de muchas series. Algunas perdieron su encanto muy rápido para mí, otras siempre serán de mis favoritas y otras las descubrí tarde, pero me engancharon para siempre. Así que, para celebrar con retraso el décimo aniversario de este Diario de Mr. MacGuffin, éstas son las diez series que conformarían mi top personal de estos años.

  • "Perdidos"
  • "Verónica Mars"
  • "30 Rock"
  • "Fringe"
  • "Battlestar Galactica"
  • "Friday Night Lights"
  • "Juego de tronos"
  • "The Americans"
  • "The Wire"
  • "The legend of Korra"
Música de la semana:  "Preacher" no podía dejar pasar un capítulo sin que sonara Johnny Cash. En el segundo, la canción elegida es "Rusty cage".

03 junio 2016

Mi madre es una espía



ALERTA SPOILERS: ¿Habéis visto el penúltimo episodio de la cuarta temporada de "The Americans", "A Roy Rogers in Franconia"? Volved sólo cuando sepáis a qué se refiere esa frase de "no es algo lógico, es emocional".

"Genial".  La palabra con el que se termina este duodécimo capítulo de la cuarta temporada de "The Americans", el penúltimo, y el sarcasmo con el que Paige parece pronunciarla, resumen todo el conflicto que está cocinándose en el hogar de los Jennings desde que su hija mayor descubrió que sus padres eran espías del KGB. Ha estado debatiéndose entre saber más sobre quiénes son en realidad, y a qué se dedican, y seguir felizmente en la ignorancia como su hermano Henry, que se dedica a jugar a videojuegos y a no darse cuenta del drama que está desarrollándose en su cocina. Es el dilema del adolescente y su queja de "ya soy mayor para que me ocultéis esto" pero, al mismo tiempo, me horroriza que me lo contéis.

También hay que ponerse en la piel de Paige y pensar en cómo habríamos reaccionado si, de repente, descubriéramos que nuestra madre está entrenada para matar a otra persona con sus propias manos. Y hacerlo sin ruido, de manera eficaz y sin que le tiemble el pulso. Es inevitable que Paige se pregunte quién es esa persona, alguien con la que estaba empezando a sentirse más cercana, a la que estaba comenzando a comprender un poco mejor. Algunos críticos estadounidenses nunca han tenido demasiado afecto por la hija mayor de los Jennings hasta ahora, pero no hay más que intentar ponerse un poco en su piel para entender enseguida que es uno de los personajes mejor retratados de la serie. Y que, ciertamente, se parece mucho más a su madre de lo que, probablemente, a ninguna de las dos les gustaría.

Sin Martha ni Nina para que suframos sin parar por su destino, la tensión se ha trasladado a Paige. ¿Qué va a hacer ahora? Si quiere que sus padres sean sinceros con ella, va a enterarse de muchas cosas terribles, incluso aunque le oculten la mayoría de ellas. ¿Está preparada para mantenerlas en secreto? ¿Y está de verdad lista para "trabajar" como espía? Philip y Elizabeth están horrorizados cuando se dan cuenta de que Paige, probablemente sin darse cuenta del todo, está utilizando a Matthew, en parte, para averiguar más cosas sobre lo que Stan Beeman está investigando en el FBI. Sus padres nunca han querido que su vida familiar se mezclara con la profesional (algo que hemos visto cada vez más que les resulta imposible) y lo que ninguno sospechaba, probablemente, era que, si le contaban a Paige sus verdaderas identidades, iba a resultar inevitable atraerla a sus actividades para la Madre Patria.

Una cosa que ha sido siempre constante en "The Americans" es el convencimiento de que los Jennings harían lo que fuera para mantener a sus hijos a salvo. Siendo ellos quienes son, ese "lo que fuera" puede implicar medidas muy extremas, como clavarle en el cuello a un ladrón el cuchillo con el que las estaba amenazando. FX ha renovado la serie por dos temporadas más y, mientras Philip y Elizabeth intentan navegar la difícil situación que se les presenta con Paige, el FBI cada vez cierra más el cerco a su alrededor, sin que ellos lo sepan. Y es capaz de cerrarlo porque, por mucho entrenamiento que reciban todos los agentes, no dejan de ser personas con una conciencia. ¿Qué harán si llega un momento en el que el FBI esté a punto de descubrirlos? ¿Desertarán, como Philip propuso en el primer episodio de la serie? ¿Se sacrificarán por sus hijos? ¿Huirán? ¿Y cómo concilia alguien la imagen que tiene de su madre con la visión de su letal entrenamiento de espía?


02 junio 2016

Vade retro


El terror de posesiones demoníacas y exorcismos es un subgénero tan fértil como los zombies, por ejemplo. "El exorcista" marcó, en 1973, muchas de las convenciones actuales de estas historias, pero no las inventó. Narraciones sobre exorcismos hay desde hace siglos, así que lo difícil es aportar algo nuevo. Mientras FOX tiene lista para la próxima temporada su propia adaptación de la película de William Friedkin, hay dos series, en sendos canales de cable premium, que tocan este tema a su manera. Una es "Penny Dreadful",  que va por la tercera temporada en Showtime y que se centra en la lucha de su protagonista por no dejarse tentar por esos demonios que quieren poseerla, y la otra es "Outcast", que Cinemax estrena mañana y que llegará a FOX España el lunes 6.

Basada en un cómic del mismo título de Robert Kirkman (el creador de "The Walking Dead"), el giro que "Outcast" da a la historia es que su protagonista, Kyle, no ha estado nunca poseído por el demonio, pero ha experimentado muy de cerca las posesiones de dos personas muy próximas a él. Ambos eventos lo llevan a regresar ala casa de su infancia y a encerrarse allí, alejándose del resto del mundo y de los habitantes de Rome, su pueblo, un sitio en el que veremos que pasan cosas que van a sacar a Kyle de su autoimpuesto ostracismo. Porque él es el único que sabe expulsar a esos demonios cuando el exorcismo practicado por el reverendo del pueblo no funciona.

El primer episodio de la serie se preestrenó a través de Facebook Live, por lo que bastantes espectadores ya han tenido su primera toma de contacto con el oscuro universo en el que vive Kyle Barnes. Otros lo vimos en un evento organizado por Birraseries y FOX, pero en todos los casos quedó clara una cosa, y es que "Outcast" busca dar miedo. O, como mínimo, crear una sensación de inquietud, de que Kyle es un hombre perseguido por demonios que no son en absoluto figurados, un hombre que había optado por alejarse de todo y huir de ellos, pero que descubre que ésa nunca fue una posibilidad a su alcance. El capítulo que da inicio a su historia nos presenta a Kyle, al resto de personajes y la situación de partida con eficiencia, y hasta nos enseña un vistazo a esos entes malignos, que parecen salidos de una película de ciencia-ficción con alienígenas incorpóreos y asesinos.

Ya tiene mucho recorrido hecho al conseguir que Rome se vea como un pueblo de mala muerte, con unas enormes casas de madera que por fuera pueden dar el pego, con sus porches, pero que por dentro transmiten perfectamente la idea de que al marshall Raylan Givens nunca le faltaría allí trabajo. Es un sitio en el que el escándalo, los gritos, los ruidos de portazos y golpes contra los muebles dados por una madre poseída se "descartaban" por los vecinos como "disciplina" hacia su hijo. Eso ya da una idea de por qué esos misteriosos demonios han elegido Rome y a Kyle para hacer de las suyas.