Cuando terminó el curso seriéfilo 2015/16, hicimos un repaso de 13 momentos que, por el motivo que fueran, habían resultado memorables ("in my opinion, your Honour"). Ahora que ya hemos entrado definitivamente en septiembre y que la temporada estival puede darse por acabada, puede ser una buena excusa para hacer algo parecido con los instantes televisivos, y seriéfilos, que han destacado en estos meses, desde junio hasta ahora. ¿Os animáis con los vuestros?
- Los "previously" cantados de "BrainDead". Su responsable es el cantante que inspiró aquella trama del plagio de "Thicky Trick" de "The good wife".
- La concepción, y grabación, de "Set me free" en "The get down", en la que lo mejor era la energía de sus números musicales, especialmente la batalla de rap del último capítulo.
- El enfrentamiento en la cantera entre Eleven y los dos matones de instituto que martirizan a Mike y los demás, en "Stranger things".
- Poussey en "Orange is the new black". Es mejor no decir nada más.
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- Los intentos de la Androide por ser arrestada, y su pelea en el bar de una estación espacial, en "Dark Matter".
- "Go to hell, Eugene". Es el momento definitivo para Jesse en "Preacher".
- Los zombies cayéndose por los balcones de ese hotel en México en "Fear the Walking Dead".
- La canción de Pearl en el episodio musical de "Steven Universe", que es una balada de desamor muy de musical clásico.
- Vanessa Ives en la celda acolchada en "Penny Dreadful".
- El Momento, así con mayúscula, de Cersei en "Juego de tronos".
- Y dos instantes televisivos que no son seriéfilos, sino deportivos, y los dos del baloncesto en los Juegos Olímpicos de Río. Uno es la mano de Víctor Claver que da el bronce para la selección masculina española, y el otro es la canasta sobre la bocina de Anna Cruz que acabó valiendo, al final, una medalla de plata para la femenina.
07 septiembre 2016
06 septiembre 2016
Un concurso de popularidad
La cercanía de la entrega de los premios Emmy ya puede sentirse sobrevolando el ambiente seriéfilo. Empiezan a aparecer entradas que analizan cada categoría de los galardones, preparando el terreno para esa ceremonia del día 18. Los comentarios que aparecieron cuando se conocieron las nominaciones se repiten ahora, intentando discernir hasta qué punto siguen teniendo importancia los capítulos enviados por los candidatos cuando el sistema de votación ha pasado a ser mucho más popular entre la academia, y sólo requiere que sus miembros voten al nominado que más les gusta, a su favorito, a quien creen que debe ganar, o como quieran elegir a los ganadores finales. Esta nueva modalidad de voto parece favorecer, a priori, a "Juego de tronos", de nuevo, pero luego nunca se sabe quién puede ser el "niño bonito" de los Emmy en determinadas categorías.
No obstante, lo interesante de esa modificación en las votaciones es que ha vuelto a traer a colación esa expresión con la que suele hacerse de menos no sólo a los Emmy, sino a los Oscar y a cualquier otro premio cuyos vencedores nos parezcan "menores": no es más que un concurso de popularidad. Cuando "Mad Men" ganaba estatuillas a manos llenas también era un concurso de popularidad, pero este comentario sólo aflora cuando quienes se llevan el Emmy son "Homeland", Jim Parsons o, mismamente, "Juego de tronos", a la que llevarse finalmente el premio a mejor drama el año pasado la ha hecho perder varios puestos en la escala de la respetabilidad ante los ojos de algunos aficionados.
Es muy cierto que algunos ganadores de Emmy son muy difíciles de comprender y de asumir. ¿James Spader por encima de James Gandolfini en la última temporada de "Los Soprano"? ¿Jon Cryer lo merecía más en 2012 que Larry David o Louis CK? ¿Realmente "The Wire" era merecedora del olvido sistemático que recibió de estos premios durante toda su emisión? Podemos reaccionar de manera más o menos de fan fatal, pero para analizar cualquier galardón de una manera medianamente seria, hay que dejar esos sentimientos de lado y hacerlo sabiendo cómo funcionan. En los Emmy gustan mucho determinadas cosas (que las comedias sean comedias de verdad y hagan reír, que los dramas tengan cierto factor cool, de estar hablando de temas importantes), y si incluyen entre sus nominaciones a series que han sido de las más comentadas del año, de las que más se han visto en la industria, lo más habitual es que vayan a ganar.
El último podcast de la temporada de Lo que yo te diga se dedica, precisamente, a analizar lo que pueden dar de sí los próximos Emmy del día 18. Aventurar quiénes son los favoritos no es fácil, y se acaba haciendo más por el runrún que hacen en los medios, por las menciones que reciben cuando se entrevista a otros actores, directores, guionistas o productores, por su capacidad para mantenerse en la conversación, en el zeitegeist, durante los largos meses de la temporada, y por lo que webs como Gold Derby y similares puedan predecir. Esa es la parte del concurso de popularidad, el hecho de que gente que no tiene tiempo habitualmente para ver la tele haya visto las series en cuestión, que les suenen los nombres de sus actores, que amigos suyos les hayan hablado de ellas. Por supuesto que los Emmy son un concurso de popularidad. ¿Cómo vas a votar por "The Americans" si ni siquiera te suena su nombre de nada?
05 septiembre 2016
Algo pasa con Chris
ALERTA SPOILERS: Si no habéis visto el episodio de esta semana de "Fear the Walking Dead", "Do not disturb", alejaos de esta entrada como si estuviera infectada.
Chris ha sido, desde el principio, uno de los personajes más frustrantes de "Fear the Walking Dead". Empieza la serie con una relación distante de su padre, divorciado de su madre, y cuando el inicio del apocalipsis zombie fuerza que se vaya a vivir con la nueva familia de su progenitor, la situación no es sencilla. Chris se siente fuera de lugar, cree que no tiene un sitio en ese grupo, y la muerte de su madre todavía acrecienta más esa sensación de desubicación. Es incapaz de entender realmente lo que está pasando y se mantiene anclado en esa actitud, tan adolescente, de creer que es el resto del mundo el que no lo entiende a él y de que estaría mejor si estuviera solo. Ya vimos que esa actitud pone al grupo en peligro, pero Chris no consigue dejar de pensar sólo en sí mismo. Sigue creyendo que es el gran incomprendido.
Sobre el papel, es un dibujo de personaje que puede ser irritante, pero que se mantiene fiel a lo que sería un adolescente de padres divorciados, con una vida bastante privilegiada (aunque él no se dé cuenta), lanzado de repente a una situación tan extrema como es un apocalipsis zombie. El problema es que, en pantalla, Chris no consigue escapar de ese cliché ni de la trampa de los jóvenes insoportables en la que caen no pocas series de género (el hijo de Elizabeth Mitchell en el remake de "V" debe ser el ejemplo reciente más claro). Y la cosa no mejora cuando, de improviso, empieza a desarrollar ciertas tendencias que bordean la sociopatía. El egocentrismo y la falta de empatía que desplegaba al principio de la serie se transforman en un gusto por matar que el décimo episodio de la segunda temporada, "Do not disturb", deja ya definitivamente claro. El encontronazo con ese granjero en México es, parece, lo que Travis necesitaba para quitarse por fin la venda de los ojos en lo que respecta a su hijo.
¿Qué está pasando con Chris? Nick cambia el subidón que le daban las drogas por el que recibe cuando consigue moverse entre los muertos vivientes sin que éstos le hagan nada, mientras Alicia parece asumir una nueva responsabilidad para garantizar la supervivencia de su grupo. Chris, por su parte, se integra felizmente en ese trío de estadounidenses que se comportan como si fueran los dueños de la tierra, que matan y roban sin pensar, que se toman el fin del mundo conocido como una extensión de sus juergas por Tijuana. Sus coqueteos con la idea de hacer daño a Madison y a Alicia cristalizan en el disparo al granjero, y no da la sensación de que vaya a sufrir ningún cargo de conciencia por ello. Se ha autoconvencido de que es lo que tiene que hacer para sobrevivir, pero también parece que lo hace siguiendo el mismo sentimiento victimista de que nadie lo comprende del principio.
Y Travis no ayuda a que el retrato de Chris pueda ser, en algún momento, menos irritante y un poco más interesante. Es su padre y, por tanto, se empeña en recuperar su relación con él, en tratar de evitar que se deje llevar por su lado oscuro, pero se ha mantenido tanto tiempo tan ciego a las señales que Madison y Alicia sí habían detectado, que lo único que los espectadores pueden pensar al final del capítulo es que Travis debería dejar a su hijo con sus nuevos tres amigos y buscarse la vida por su cuenta. O intentar encontrar el camino de vuelta hacia el resto de su familia. Porque lo curioso es que las subtramas de Nick y el grupo de Madison se han vuelto más interesantes. El primero se da cuenta que sabe mucho menos de lo que pensaba al encontrarse con ese pueblo de "adoradores" de la muerte, mientras los segundos se van a ver obligados a trabajar en equipo y a experimentar lo que realmente implica el mundo post apocalíptico en el que se mueven. Para Chris, ese momento de claridad no ha llegado todavía.
Música de la semana: El capítulo de "Fear the Walking Dead" arranca con una boda y una curiosísima versión, a cargo de Iggy Pop, de "Les feuilles mortes", un gran clásico de la canción francesa que ha sido interpretado por todos los grandes de ese país, de Yves Montand a Edith Piaf, y que dio el salto al inglés como un estándar perfecto tanto para Barbra Streisand como para titanes del jazz como Miles Davis.
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