25 julio 2017

La locura del rey Targaryen


La séptima temporada de "Juego de tronos" está presentando en su inicio una interesante lucha de poder a poder. Los trailers apuntaban a la guerra entre Daenerys y Cersei por el Trono de Hierro y el control de Poniente, pero los dos primeros episodios de la entrega han mostrado que esa guerra va más allá de la mera conquista o la defensa de la corona: es casi una guerra filosófica, una lucha de estilos, de diferentes maneras de afrontar una situación de este estilo. Es como si Alejandro Magno se enfrentara a Vlad Tepes.

Sin meternos en terreno de spoilers graves, las tácticas que ambas reinas han usado hasta ahora favorecen esa comparación. Cersei asciende al trono después de hacer volar por los aires el Gran Septo de Baelor, con el Gorrión Supremo, Margaery Tyrell y buena parte de los prohombres de la ciudad dentro. La reina Lannister no destaca precisamente por su sutileza, y sus primeros movimientos para contrarrestar la invasión de Daenerys van por el mismo camino: no tiene demasiadas fuerzas a su lado, pero está dispuesta a lanzarlas todas de golpe para asestar el mazazo más fuerte posible.

La aspirante Targaryen ya ha utilizado esa táctica en su conquista de la Bahía de los Esclavos. Entra en todas las ciudades a sangre y fuego, pasando a cuchillo a los amos esclavistas y liberando a todos los hombres y  mujeres bajo su yugo, pero cuando se marcha a la siguiente ciudad, la situación vuelve a ser la de antes. En Meereen tiene que aprender la diferencia entre conquistar y gobernar, y entre hacerlo mediante el temor y las represalias o a través del respeto del pueblo. Por supuesto, no es fácil, porque si lo fuera, hasta Joffrey habría sido capaz de hacerlo bien, pero el debate constante entre Dany y Tyrion sobre lo cruentos que deben ser para conseguir sus objetivos ejemplifica esa brecha ideológica entre las dos reinas.

Sobre ambas pende, además, la sombra de Aerys II, el Rey Loco que Robert Baratheon destronó. Aerys pretendía arrasar toda Desembarco del Rey con fuego valyrio (algo que claramente sirvió a Cersei de inspiración) y no le dolían prendas a la hora de asar vivos a todos los nobles que le importunaran o ejercer derecho de pernada sobre sus esposas. Su hija Daenerys se pasa toda la serie luchando contra esa sombra. No hace más que repetir que ella no es su padre, y en los libros son muy comunes sus monólogos interiores preguntándose si la locura de Aerys no será hereditaria, si ella no acabará como él en cuanto suba al trono, si tiene alguna posibilidad de ser otro tipo de reina.

En la serie, Daenerys no exterioriza tanto esas dudas, pero el modo en el que escucha a sus consejeros, ya sean Missandei o Tyrion, parece indicar que las tiene igualmente. Se resiste a dejar sueltos a sus dragones porque sabe la destrucción descontrolada que pueden causar. Si el apellido Targaryen es sinónimo de locura y de tomarse demasiado al pie de la letra el lema de su casa, "sangre y fuego", ella parece dispuesta a no dejarse atrapar por ese legado. Por lo menos, en lo que hemos visto hasta ahora. De momento, la Reina Loca es más Lannister que Targaryen.
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