30 junio 2010

Outstanding promotion

Como las nominaciones a los Emmy se harán públicas el próximo lunes, han empezado a proliferar más que intentos de adivinar qué nombres serán leídos por Joel McHale y Sofía Vergara, quinielas personales con las preferencias de cada uno para las diferentes categorías, un modo de reconocer series y actores que, muy probablemente, se queden fuera de las candidaturas oficiales. Porque, como ocurre con otros premios como los Oscars, en los Emmy la calidad de un potencial nominado no es suficiente, por sí sola, para garantizar su inclusión entre los que pueden soñar de verdad con ganar la estatuilla alada.

Si os pasáis por aquí desde hace algún tiempo, ya estaréis familiarizados con mi fascinación con los premios de Hollywood. No es tanto por la calidad de los premiados o que puedan de algún modo estampar sobre ellos cierto sello de aprobación, sino por las campañas de promoción que se montan para conseguirlos. El quid de la cuestión está ahí. Las de los Oscars son las más sobredimensionadas y en las que las malas artes están más a la orden del día, pero las relaciones públicas son cruciales en cualquiera, y los Emmy no se salvan de ello. Acaba contando más que una serie sea popular y haya tenido bastante tirón mediático (no tanto grandes audiencias), porque así es más probable que a los académicos les suene cuando les lleguen los packs de DVDs de las cadenas.

Hace algún tiempo comentamos que, como no se juzga todo el trabajo de una temporada sino capítulos escogidos (ya dijimos que los Emmy, paradójicamente, los da gente que en realidad no ve la televisión), hacer que una serie les suene a los académicos es muy importante para superar cualquier reticencia que puedan tener, aunque la alergia a la ciencia ficción es muchas veces demasiado fuerte incluso con series en su momento tan populares como "Expediente X" o "Star Trek: La nueva generación". Por mucho que las historias serializadas se lleven generalmente mejores críticas y tengan mejor prensa, están en este caso en franca desventaja frente a cosas más autoconclusivas, que pueden enviar episodios sin temor a que los académicos no vayan a saber qué está pasando ahí.

Las cadenas compran anuncios en los principales medios relacionados con la industria, se las ingenian para hacer packs de DVDs que sean, por lo menos, bonitos, los actores de las series se pasean por los talk shows... Si cuentas a tu favor con alguna inclusión previa en los Emmy, el camino es más fácil porque ya les suenas de algo a los votantes, y si la crítica está en pleno de tu lado, puede ser un arma interesante, pero no es la principal. Intentar adivinar los criterios sobre los que se basan los académicos para nominar unas series y unos actores e ignorar otros es tan difícil como poner de acuerdo a toda la blogosfera sobre el final de "Perdidos".

29 junio 2010

La guía 'teen' de la popularidad

Tanto tiempo repitiendo que "Election" es el referente más claro de "Glee", y nos dejamos olvidada la que puede considerarse su precedente más claro, mucho más cercano a ella porque las dos salieron de la mente de la misma persona: "Popular". Ryan Murphy y Gina Matthews crearon esta serie teen para The WB en 1999, justo el mismo año en el que se estrenó "Election", y aunque sólo duró dos temporadas (y creo que acabó en un cliffhanger brutal), le dio tiempo a convertirse en un título de culto, sobre todo, por la acidez y el absurdo del que hacía gala de vez en cuando. Es de esas series de las que en su momento vi cosas sueltas y de las que no guardo ningún recuerdo, por lo que su visionado como mandan los cánones estaba en la lista de tareas estivales.

Es muy curiosa la lista de parecidos con "Glee" que hay ya sólo en los tres primeros episodios. Tenemos voces en off, al quarterback que quiere participar en el musical del instituto, a dos animadoras populares que ocultan un interior mucho más complejo, el mensaje de que no pasa nada por ser diferente... Las dos protagonistas de la serie, Sam y Brooke, pertenecen a polos opuestos de la escala de popularidad del Kennedy High, son los centros de dos grupos de amigos que no se soportan pero, por casualidades de la vida (y de un crucero en el que se enamoran el padre de Brooke y la madre de Sam), tienen que mantener a la fuerza una relación más estrecha. Las dos están cegadas por los prejuicios y no se dan cuenta de que, en realidad, no se diferencian tanto la una de la otra, pero ése es un viaje que les llevará tiempo hacer.

Lo que destaca de "Popular" es cómo trufa unas tramas clásicas de las series de instituto con algunos momentos a lo "Ally McBeal" y ramalazos de un humor un poco cruel y sarcástico. Además, es muy consciente de que los buenos lo son en la medida de que los malos den la talla, y se sacan de la manga al dúo Nicole-Mary Cherry, dos brujas realmente malvadas pero cuyas maquinaciones son sumamente divertidas, especialmente la excéntrica tejana que va a clase con abrigo de pieles y gafas de sol, y empieza todas sus frases con "y'all". Tiene también esos pequeños detalles marca de la casa (como los folletos del despacho de Emma en "Glee") que son chistes de los que hay que cazar al vuelo, tipo los nombres de la lista de nuevas animadoras (Alexandra Czar o Popita Fresh son sólo dos de ellos).

El equilibrio entre las tramas serias y las locuras no es fácil de conseguir, y supongo que por eso no pudo pasar de la segunda temporada (aparte que creo que The WB la programó bastante mal al final), pero también es la clave para que se la recuerde con cierto afecto. Como digo, sólo llevo tres episodios (y ya he visto a Sandra Oh haciendo de las suyas y a otros actores que he visto antes en otros sitios, además de Christopher Gorham iniciando su gafe), pero apunta a ser una buena diversión.

28 junio 2010

Casos sueltos y besos invisibles

1.- Tanta lata hemos dado alabando la segunda temporada de "Fringe" (y comentando sus dos capítulos finales), que supongo que era inevitable que mucha gente esté descubriéndola, o dándole una segunda oportunidad, este verano. Sin embargo, no es raro leer o escuchar quejas de que es demasiado procedimental y que sólo interesan los capítulos que se centran en la mitología, hasta el punto de que hay quien considera que los "monstruos de la semana" son episodios de segunda. Esto ha sido tema de arduo debate entre varios blogueros (ellos saben quiénes son), porque uno quería recuperar "Fringe" pero sin ver los capítulos autoconclusivos, sólo con algunos escogidos que fueran relevantes para el arco que centra el final de la segunda temporada.

Ya sabéis que yo soy inmune a esa alergia a los autoconclusivos (y a los procedimentales) generalizada por la blogosfera. Si bien es cierto que algunos de los casos sueltos de "Fringe" no pasaban de entretenidos, hay que tener en cuenta que muchos de ellos acaban teniendo relación con la mitología aunque no lo parezcan (aquí siguiendo las enseñanzas de "Expediente X" y capítulos como "Museo Rojo", de la segunda temporada), y que en bastantes la continuidad viene dada por la evolución de los personajes. Hay un par de episodios autoconclusivos en los que lo que se desarrolla es el creciente sentimiento de culpa de Walter por lo que hizo por Peter. Además, en "Fringe" no se pueden coger sólo algunas partes y descartar otras, o se puede, pero no se disfruta igual. La suma de todas sus partes es lo que hace a la serie como es.

2.- Hoy es el día del Orgullo Gay y resulta interesante traer a colación una de las últimas controversias surgidas, principalmente, al calor de las próximas nominaciones a los Emmy. Concierne a "Modern family" y a una de sus parejas, Cam y Mitchell, que han recibido no pocos elogios por retratar de modo natural y sin traumas a una pareja gay. Sin embargo, algunos sectores se quejan de que nunca los hemos visto besarse, cuando sí ha ocurrido con otros. En "Gold Derby" tocan este tema con Ty Burrell, que interpreta a Phil, y Burrell indica que, en realidad, los únicos que han compartido besos en pantalla han sido Phil y Claire (ni siquiera recuerdo si Hayley y "D-Money" Dylan lo han hecho, supongo que sí), y que no sólo Cam y Mitchell, sino que Jay y Gloria tampoco se han besado. Burrell opina, de modo similar a los guionistas, que esa circunstancia dice mucho de la personalidad de esos personajes, y que si esta situación se trata finalmente en la segunda temporada, no se hará de ningún modo excepcional.

La verdad es que es, como de costumbre, ganas de buscarle tres pies al gato. Cameron y Mitchell se presentan como cualquier otra pareja y, específicamente, como otros padres cualquiera que adoptan a una niña muy pequeña y han de aprender a ajustar el centro de su vida alrededor de ella. Sus problemas son los mismos que los de cualquier otra pareja que lleva junta bastante tiempo, y en su retrato no tiene mayor importancia que los dos sean del mismo sexo. Eso no es lo que les define. Los creadores de la serie afirman que Mitchell tiene ciertos problemas con las demostraciones de cariño en público, pero no hacía falta que nos lo dijeran. Justo que no lo hayamos visto besarse con Cam ya nos lo está insinuando.